FERIA DEL LIBRO FRANKFURT 2020: EL ROSTRO EDITORIAL CON MASCARILLA. Luis Benítez

Que la pandemia se nos fue a todos de las manos es una verdad tan notoria, que no hay fake news que alcance a ocultar las dimensiones de esta catástrofe mundial, cuando ya se acerca su primer aniversario.

En el curso de estos meses pasados cada faceta de la actividad general y particular se vio gravemente afectada, condicionada, reducida en sus alcances habituales y, hasta en ciertos casos —lamentablemente no pocos— suprimida por la urgencia de las circunstancias.

En el momento en que la humanidad arribó al mayor desarrollo tecnológico de toda su historia, un virus, el elemento biológico más primitivo que existe, apenas una simple y rudimentaria cadena de moléculas largas rodeadas de proteínas, se globalizó aprovechándose de nuestras células para replicarse, viajar en primera clase y turista, abordar cruceros, trenes y ómnibus sin pagar y diseminarse por los cinco continentes. El polizón interior, al momento en que escribo estas preocupadas líneas, ya produjo el contagio de casi treinta y ocho millones de personas y el fallecimiento de más de un millón de ellas, poniendo a prueba las decisiones oficiales y privadas, las deficiencias y posibilidades de los sistemas de salud y la responsabilidad social de cada nación. Las diferencias en estos puntos, región por región, son tan obvias y están tan difundidas, que huelga referirlas y en muchos casos solo resta dolorosamente lamentarlas. Los mea culpa del día después, si es que alcanzan a pronunciarse alguna vez, siempre llegan tarde y en los hechos carecen de todo valor. Parafraseando al conocido dicho popular, la salud pública tiene razones que la economía desconoce.

Sin embargo —y no lo digo a modo de consuelo, sino fácticamente— pertenecemos a una especie joven en el planeta, que le debe su supervivencia a su casi infinita capacidad de adaptación, la que le ha permitido colonizar prácticamente cada disímil área de aquel, imponiéndonos a la sucesión de adversidades que nos deparó nuestra historia, plagada de tantos errores como de aciertos.

Esa resiliencia de lo humano (que en el caso específico de las sucesivas pandemias que hemos soportado fue puesta a prueba con éxito, ya que seguimos aquí) en la coyuntura actual y en cada área de actividad originó, en sus opciones más positivas, alternativas al desarrollo habitual coartado por el accionar de esa primitiva cadena de genes rudimentarios.

Y aquí voy a reducir el caleidoscopio general a un área particular, que es la de la cultura. Una cultura que, adaptándose, sigue permitiendo que el espíritu de lo humano continúe su camino, bien que por sendas alternativas. Como toda adaptación sometida a la necesidad, cuando el imperativo que la originó desaparezca es de esperar que algún avance nos deje respecto de la etapa anterior. El recurso del streaming, el contacto y las conferencias vía Zoom o Meet, la acrecentada lectura de los libros en formato electrónico, por citar apenas unos pocos ejemplos, unidos a cuantos otros medios nos facilita la tecnología para paliar la ausencia de las vías físicas y presenciales que eran las habituales, posiblemente no desaparecerán una vez restablecido aquello que conocimos anteriormente como la normalidad; incluso es factible que estos recursos se desarrollen todavía más y adoptando otras peculiaridades, comprobadas en la etapa presente sus posibilidades a una escala mucho más masiva que antes de la pandemia, cuando ya existían pero no requeríamos de su empleo de modo tan imprescindible. Cuando podíamos optar.

Estrechando todavía más el ángulo de nuestro punto de vista, enfoquémonos ahora, dentro del segmento de la cultura, en lo que han hecho las instituciones y los cambios que se han operado dentro del calendario programático anual, con sus fechas puntuales para la concreción de los más importantes encuentros que eran de rigor antes del coronavirus.

En 2020, cuando ya el flagelo está a meses de cumplir su primer año de muertes, hasta la entrega del Premio Nobel debió hacerse por la vía virtual y la precedieron las celebraciones, bajo similares condiciones, de innumerables acontecimientos culturales: lanzamientos editoriales, festivales literarios, presentaciones de nuevos títulos, ferias del libro internacionales, regionales, nacionales, municipales. De entre el calendario anual de las ferias del libro sobresale, con pocas de nivel par la de Frankfurt, Alemania, por una razón de prestigio, de trayectoria, de capacidad de convocatoria de la industria editorial. Y también, de índole económica: la Frankfurter Buchmesse (https://www.buchmesse.de/en), que en el Año de la Plaga se celebra desde el 14 al 18 de octubre, es el mayor escaparate mundial para la venta de derechos editoriales. Sí: desde 1949, buena parte de los lanzamientos internacionales, las multiplicadas traducciones y la mayor distribución de las obras de un autor a escala global dependen de lo que se negocie en su dilatado predio (ciento sesenta y cuatro mil metros cuadrados), ubicado en Ludwig-Erhard-Anlage 1, Frankfurt del Meno. Cita obligada para editores, agentes literarios, traductores, autores y cuantos tienen que ver directa o indirectamente con lo que se negocia allí, está organizada cada año por la Asociación de Editores y Libreros de Alemania y es en sus incontables mesas de diálogo contractual donde, en 20 minutos, se resuelve todo.

Todo.

Para quienes conocimos en ediciones anteriores la actividad de la Frankfurter Buchmesse, es impactante saber que, en lo moderno y funcional de sus instalaciones, la animación incesante de la marea humana de negociantes de derechos, el rumor de que tal cifra fue pactada por tal o cual cesión de publicación, la celebración de un buen convenio, las especulaciones acerca de que tal o cual título alcance buen puerto… este año no tendrán lugar. Al menos, no en forma presencial. A mediados de este crucial 2020, debido a las obligadas restricciones impuestas por la fuerza mayor (y reforzada la obligatoriedad por el recrudecimiento del contagio durante el verano europeo), se decidió que el estilo presencial cediera su lugar al virtual.

Y aquí aparece un detalle no menor, que seguramente tendrá descendencia y evolución en futuras ediciones de la Franfurter Buchmesse y, esperemos para bien de todos, en otras convocatorias similares de la industria editorial. Los organizadores tomaron una inteligente medida en la contingencia: abrir las puertas de la Feria del Libro de Frankfurt a las editoriales interesadas en exhibir sus catálogos y negociar derechos a escala mundial de modo gratuito, con la sola inscripción en los registros del encuentro y tras su aprobación posterior.

El financiamiento de la medida, que beneficia tanto a sellos de carácter público como privado, corre completamente por cuenta y cargo de los anfitriones germanos.

Desde luego que esta medida —que fue pragmáticamente tomada luego de la confirmación del “no va más” para el habitual formato presencial— articula que no haya habido un vaciamiento de expositores en la principal feria de derechos editoriales del mundo, pero también nos indica que la capacidad de adaptación de las grandes organizaciones, en las coyunturas de urgencia, puede abrir —como en este caso así sucedió— una puerta de notables dimensiones inclusive para sellos y autores que no podrían, en el formato habitual, haber siquiera fantaseado con poner una cabeza de playa en un encuentro de tales proyecciones.

La decisión, que como era lógico suponer, resultó muy bien recibida por los interesados de todo el mundo, desató inmediatamente un furor organizativo, ya que a poco de anunciada la apertura free, el plazo final de inscripción se estableció para el 30 de septiembre pasado. Miles de sellos participantes —solamente en lo que se refiere a editoriales locales, Alemania presenta mil trescientos treinta y seis expositores— entre grandes grupos y hasta editoriales indies de diferentes procedencias, disputarán el favor de los compradores de derechos, favoreciendo la pragmática medida adoptada este año por la organización de la Franfurter Buchmesse inclusive a autores impensados en otras ediciones.

La especulación más difundida en el medio editorial en lo que hace al futuro de las celebraciones de la Feria de Frankfurt, tras este paso antes inédito, es que la experiencia de 2020 servirá para evaluar los alcances y las peculiaridades del formato, el modo de perfeccionarlo y las adecuaciones del caso a la realidad. Que probablemente, aun si el primitivo conglomerado de genes decide no celebrar en 2021 su segundo cumpleaños devastando a la humanidad, la versión digital de la Franfurter Buchmesse se mantendrá de modo paralelo a la restablecida edición presencial, tal vez cobrando un reducido fee por participante.

Esperemos que la inteligencia organizativa, forzada o no por las circunstancias, le siga facilitando las cosas a los interesados en hacer de la cultura no solamente un negocio, sino también un aporte a toda la humanidad.

A la que sobreviva y a la que está por venir.

© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay

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