CONSECUENCIAS. Eduard Reboll

Barcelona es un barreño sin su agua agitada y urbana en sus calles. Una caja sin su contenido vivencial. En los balcones anida un extraño aire puro alrededor de unas plantas que empiezan a elogiar la primavera. La contaminación ha bajado hacia niveles inadvertidos. Un desconcierto; valga la contradicción: la pérdida del gris pétreo en su atmósfera o el vocerío que siempre la caracteriza como ciudad turística.

El matiz de las flores es un personaje más. Carmesíes, malvas, el ocre y sus tonos anaranjados de las dalias contemplando con la mirada a través de sus pétalos, a unos chiquillos. En sus manos: una hoja de papel y lápices de colores para interpretar lo propio. En los balcones, la ropa tendida espera que el sol se le acerque para secar sus tejidos. Y junto a esta fotografía, dentro de la habitación matrimonial, un padre ha improvisado una oficina. Durante el teletrabajo, atiende con estupor, las órdenes de su mánager en una videoconferencia.

Una exquisita mudez se adueña de las aceras y sólo el blue de alguna ambulancia percibes, cuando miras fuera la ventana un cielo completamente lóbrego. Son las 8pm. Aplausos por doquier. Sirenas. Algún silbato de alegría entre los vecinos. Los sanitarios están agotados, sin embargo, su labor es meritoria y al límite. Una mujer que hoy no ha salido con su bata de dormir azul, te obliga a hacerte preguntas sobre su paradero. La vecina del otro lado me señala con el dedo una sentencia: “Tranquilos. Asunción está colgada de la serie Unortodox en Netflix. Yo, se la recomendé”.

Ante el televisor, sólo hay cifras. Esparcidas entre un sinfín de registros y bajo un improvisado gráfico. Anuncian aumentos y tantos por ciento de contagios. Redimidos de la enfermedad. O descansando bajo el subsuelo. Sólo existe una preocupación global … el descenso de la curva mortuoria.

Primer lugar del podio: mi país de adopción, EE. UU. No puede haber ninguna duda. Un sujeto que gobierna a más de 300 millones de ciudadanos en un continente llamado América, se le ha ocurrido sugerir -…él dice que lo ha dicho desde el sarcasmo- la posibilidad de utilizar cloro inyectado para la eliminación del Covid 19. Todo dicho señor Trump. Los memes que corren por red son inconmensurables.

La pandemia sigue en el resto del planeta mientras yo desinfecto el teclado de mi Mac.

El abrazo fraternal tardará. El tú a tú junto a una mesa llena de compañeros y amigas celebrando a viva voz junto a una copa de vino cualquier no se qué, está lejos. La belleza del camarero para una mujer sola que abra su bolso para encender un cigarrillo en las Ramblas, quedará bajo este pequeño turbante de boca que hoy llamamos: mascarilla quirúrgica. Entraremos en los centros comerciales, El Corte Inglés, Macy’s o Zara, sin el glamour burgués y bajo una ducha previa de vapor higiénico.

Alguien me ha dicho, entre la mofa o la evidente realidad, que el aprecio por un hombre y/o una mujer en Tinder es, antes que nada, una oración donde se lee: “Tengo el carné de inmune al coronavirus. Estoy libre. Llámame”. El cash, el lujo, la beldad o la ternura en una relación, es secundaria.

Una nueva ola de alcohólicos ya tiene a sus anónimos esperándoles en el centro. El encierro de seis semanas hasta hoy, la falta de estímulos o el estrés que produce ir sólo, de la cocina al comedor andando, se augura como posibles causas. Obesos y obesas reclaman a sus dietistas sus inventarios de alimentos prohibidos. Atacados de ansiedad o angustia existencial, los pacientes ya tienen vía telemática a su psiquiatra o psicoanalista de turno.

Cientos de miles de desempleados están, en este mismo instante, haciendo cola en la oficina por vía telemática o en automóvil para entrar en el registro de parados. Los sintecho, son hoy un elemento más del paisaje urbano junto a la arquitectura medieval de la ciudad. No es ser buen emprendedor invertir ahora en inmobiliarias, financieras, hoteles, bancos, ni lugares de ocio. Los reyes del ámbito económico en las bolsas del IBEX35 o en Wall Street se llaman Amazon, las empresas tecnológicas y las farmacéuticas. Las consultas hospitalarias son por Skype o el Zoom de moda. Los grupos musicales emiten sus melodías o su rap callejero desde la terraza de sus edificios. Y la poesía, este 23 de abril, está grabada en primer plano por cada juglar que la evoca con su rostro marchito: entre versos de hastío y anhelo.

Pero tranquilos, el aftermath aún está por llegar. Cuando la vacuna la tengamos en nuestros centros sanitarios, entonces, la enfermedad social adquirirá el aspecto que la Historia de las Civilizaciones nos subraya después de una gran conflagración como la que estamos viviendo. No comments.

Las consecuencias de la postguerra económica, aún están por llegar. Prepárense.

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Eduard Reboll Barcelona,(Catalunya)

 

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