XL FESTIVAL DE TEATRO GREC 2016. Barcelona

FESTIVAL GREC 2016

Una propuesta contemporánea sobre “el hoy”

A todos los profesionales del campo escénico de Miami

Cuarenta años ininterrumpidos de un festival que ya se encuentra entre los mejores del mundo junto al de Bogotá, Edimburgo, Mérida, Buenos Aires o Avignon. Un festival que ha incorporado en sus últimas décadas la música, la danza y el circo. Alrededor de más de 200 representaciones y actividades entre todos los géneros durante un mes. Una visión completa y un panorama contemporáneo de todas las artes del espectáculo. A modo de cierre del párrafo, un apunte: la hibridación de las artes escénicas.
Nunca hasta hoy el teatro se ha abastecido de sus contiguos como la videografía, las artes plásticas, la tecnología digital, el cine, la imagen fotográfica, una nueva concepción del objeto en la escenografía, un lenguaje corporal particular y la innovación del relato a la hora de abordar una obra.
Lo presente, el conflicto psicológico o familiar, los aspectos más polémicos sobre la diversidad, “el otro”, o el modo de entender lo cotidiano y lo interior de cada individuo han sido, entre otros muchos, los temas a abordar esta temporada.
Hemos vivido durante este julio pasado una Barcelona donde la cultura forma parte del vestuario de sus habitantes. Al mando de su director Ramón Simó y su equipo, podríamos decir que se cumple la función social que corresponde a un evento como éste y con alta calificación en sus resultados: una calidad programática excepcional y una asistencia de público concurrida y bien variada generacionalmente hablando.
Se inauguró con una versión adaptada y dirigida por Andrés Lima sobre Las Brujas de Salem de Arthur Miller. Aquella Massachusetts de 1692 donde la superstición de lo brujeril y una moral cerrada como réplica, imperaban a modo de inquisición. Puesta en escena vibrante en el propio Teatre Grec de la ciudad donde más de dos mil personas presenciaron sentados en las gradas y al aire libre: un divulgativo alegato a través de un juicio contra el macartismo de la época y que el propio autor experimentó en carne propia.

GREC 2016

Seguí con El preu (El precio), una obra menos conocida – y en mi opinión menor- del autor de Panorama sobre el puente. Ubicada en una buhardilla y después de la crisis de 1929 en EE.UU, aborda las relaciones familiares que hubieran podido suceder, de no haberse dado un mal entendido entre dos hermanos a raíz de la muerte del padre. Dirigida espléndidamente por Silvia Munt, mostró desde la potencia de su elenco la calidad actoral de la escuela catalana de teatro. Un excelente Pere Arquillué interpretando a un policía y un LLuís Marco investido formidablemente de viejo judío agorero que tasa muebles antiguos, culminan la cereza del pastel.

En la misma tradición de país Neus Catalá. Un cel de plom (Neus Català ; un cielo plomizo) nos narra la experiencia en los campos de concentración nazi de las mujeres españolas. La humillación y la atrocidad convivirán con ciertas dosis de humor necesario que la protagonista (Mercè Arànega) utiliza para poder sobrevivir a la barbarie. Un monólogo sentido y bien escrito a cargo de su autora Carme Martí y del dramaturgo que el año pasado, algunos privilegiados de la escena de Miami, tuvieron el gusto de asistir a sus clases de escritura teatral en el CCE, Josep María Miró.
Dentro del género de circo/danza – así se clasifica la pieza en el programa- un performance singular y hermosamente extraño: Aneckxander de Alexander Vantournhout bajo la dramaturgia de Bauke Lievens. En la misma dirección de mostrar la autobiografía de un artista de circo desde sus propias dificultades como acróbata. El protagonista, con solo unas plataformas en su pies y unos guantes de boxeo, se nos acerca completamente desnudo y desde el silencio corporal, a un público incrédulo ante sus coreografías imposibles y repetitivas.
Se suma desde una narrativa distinta L´Empestat (El apestado).Una obra que surge de mezclar la lectura de La Tempestad de William Shakespeare con la de La peste de Albert Camus. Elaborada por Jordi Oriol y dirigida por Xavier Albertí se sumergen bajo una puesta en escena que la mayoría del tiempo sucede dentro de un piano y un ligero aguacero. Si bien a veces la propia obsesión lleva al género del absurdo deliberadamente con inteligencia, algunas escenas me provocan ciertos interrogantes aunque la comicidad lo cubra.
Dos obras dentro de la danza que dan mención a su calidad. Le mouvement de l’air de la compañía Adrien M/Claire B y Questcequetudeviens? de Aurelien Bory / CIE 111 para Stephanie Fuster. La primera, si bien en coreografía se mantuvieron los movimientos clásicos de la danza contemporánea, su calidad videográfica como escenográfica compensa las escenas de volatilidad y fluidez de sus personajes en distintos espacios etéreos. La segunda tiene un precedente de su autor, la obra Plexus. Presentada en 2013 en este mismo festival e interpretada por la bailarina japonesa Kaori Ito, nos dejó a todos boquiabiertos por su calidad e innovación escénica. Questcequetudeviens? parte de una forma deliberada sobre la dificultad de una bailarina francesa por adaptarse a los palos (géneros) del baile flamenco. Los errores e impedimentos coreográficos en su ejecución, serán al mismo tiempo el tema que se exhibe en la pieza. Con una excelente voz, desde lo más hondo del cante a cargo de Alberto García y una guitarra sobria pero lírica de José Sánchez, harán de la protagonista el centro de su figura autobiográfica desde el baile.

Yo Feuerbach de Tanked Dorst y dirigida por Antonio Simón, existe una razón al escoger esta obra del festival por parte del que escribe: la calidad actoral de Pedro Casablanc. Si bien es cierto que “el autor es uno de los grandes del teatro europeo” según dice el programa, su protagonista también lo es entre el elenco actual del teatro español. La obra es un puro monólogo sobre la metafunción del actor en escena, a partir de un casting que el personaje principal debe afrontar ante un asistente de dirección, en un teatro donde el director principal está a punto de llegar. Una pieza, sin duda, hecha a medida y adaptada por el prestigioso dramaturgo y director catalán Jordi Casanovas, para un intérprete de la calidad de Pedro (Feuerbach).
Y dejamos para el final lo mejor. Dos piezas teatrales con dos lenguajes distintos. Dos obras que asumen lo original y lo creativo desde el riesgo y a la vez con sello propio en su estilo. Dos maneras de abordar la narrativa. Contradictorias en sí mismas y a la vez “legales” en su rotura escénica. La contadora de películas de la compañía chilena Teatrocinema y Platonov de Antón Txejov de la compañía NTGENT dirigida por el ilustre director de Flandes Luk Perceval.

CHEJOV
Teatrocinema exhibe dos pantallas superpuestas y, en medio, coloca a los actores para que, desde la inclusión tanto espacial como de movimiento, se integren en el paisaje escénico que narran. Desde una localidad del desierto de Arataca (Chile) una joven llega a ganarse la vida contando películas de casa en casa en su localidad. Un espectáculo visual fascinante e imaginativo donde a través del relato, y a igual que hizo Giuseppe Tornatore en Cinema Paradiso, hace un homenaje humilde y a la vez memorable a la historia del cine. Una compañía que sugiero a tener en cuenta para el próximo año en el Festival de Teatro Hispano de Miami (…atento Mario Ernesto Sánchez, echa una ojeada como programador) y que estoy seguro que no nos dejará con las manos cruzadas, ni los ojos cerrados.
Platonov tiene un riesgo grave que trae a confusión y lo voy a decir: es una obra magistralmente aburrida. Es decir, no olviden el adverbio que le precede al adjetivo “aburrida”: magistralmente. A partir de ahí, hay quien se levantó para aplaudir con efusión al final (…el que escribe es uno). Y el que aprovechó para irse corriendo una vez las luces se encendieron. Y es que la manera de abordar la vida de Platonov, un seductor obsesivamente confundido por varios amores a lo largo de su vida, se convierte en una metáfora del sufrimiento personal, la autodestrucción y los malentendidos entre las propias mujeres que ha amado apasionadamente. Un piano que circula con lentitud por una vía de tren y que funge a la vez de ferrocarril y reloj de tiempo en medio del escenario, será la contrapartida del personaje principal. Antes de finalizar, quiero anotar que no tengo palabras para definir al músico, compositor e intérprete Jens Thomas, debido a la excelente calidad y protagonismo que adquiere su intervención en escena. Sin este solista como contrapunto, la obra se hubiera quedado coja en su narrativa por el riesgo coreográfico deliberadamente lento y extraño que adquiere la pieza al no dialogar los personajes entre sí.

A continuación la obra del año para mí. Su autor, el holandés Louis Couperous. Dirigida por el célebre Ivo Van Hove y representada por el acreditado grupo teatral Toneelgroep Amsterdam, hago un punto y a parte y he escrito una crítica propia para esta edición: De Stille Kacht. (La fuerza oculta).
Agosto ya está aquí y en mi ciudad hermana donde resido estoy…Mi teatro vacacional ha finalizado. Se cierra el telón del Mediterráneo y se abre el escenario del Caribe. ER

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