El comienzo
Es posible
que en un rato llueva
porque el olor
a tierra mojada
invade el aire
y a lo lejos
el eco de un trueno
se escucha,
como si se tratase
de los pasos
que nos llevan
hacia el porvenir.
Este instante
se ha repetido
tantas veces
a lo largo
de la historia,
de manera
distinta y distante,
porque no somos
los que fuimos
cada vez,
y cada uno
de nosotros,
volvemos
a escribirnos.
¿Qué música, qué poema,
qué idea, qué concepto,
surgirá de este instante
de penumbra,
donde todo es propicio
para nuestra
desaparición?
Suena un tambor lejano
con su ritmo creciente.
(Aquí todo es tristeza.)
Crece cada vez más
el corazón del trueno.
Ya no hay tiempo
para explicar,
es hora de partir.
Ya no es tiempo
de hablar,
la lluvia
ha comenzado.
Esa mañana
Nadie hubiera pensado
en lo que iba a suceder.
Los autos
atravesaban
la ciudad
y los caballos
recorrían
el corazón del tiempo.
Esa mañana,
nadie hubiera pensado
en lo que iba a suceder.
El gorro
con cabeza de perro,
nuestro constante
abrazo,
el cuadro del amigo,
las fotos y las risas,
luego
una siesta
y la noche que llega
con su boca feroz,
y la salvaje tormenta
del silencio,
que lo arrebata todo.
Porque esa mañana
–nadie hubiera pensado
en lo que iba a suceder
más tarde–
aconteció
la alegría
del desconocimiento.
Porque esa mañana
fue la última
mañana del mundo.
Luego comenzó
tu muerte,
la pesadilla
del fin de los tiempos
que no tiene fin.
En la quietud de este día
En la quietud de este día
algo pasará fugaz.
Soy duro
como el corazón del bosque
y frágil,
como una bomba de cristal.
Ahora,
escucha el silencio,
pasará su desvanecerse
en el aire,
pasará
el temor de estar vivo,
pasará
el resplandor del mundo.
Escucha:
en el momento exacto
siempre, siempre,
algo ha de llegar
y algo ha de partir,
para que todo sea.
Transformación
Aquellas cosas,
terribles y espléndidas,
han tenido
su razón de ser.
Mi cuerpo,
partido y
recuperado,
soportó
toda el agua del mundo,
todo el fuego del mar.
Pasen y vean,
encontrarán
lo que resta:
ésta es mi casa,
éste es mi corazón
en soledad.
Yo vi la muerte,
la muerte vi la muerte,
la muerte vi la muerte,
vi la muerte a los ojos.
Y desde entonces
todo se fue
desvaneciendo.
Y desde entonces,
sólo desde entonces,
he dejado
de ser
el que he sido.
Decir adiós
Decir adiós
es estar
lejos de todo.
Contemplo
la caída lenta
de lo que se va,
la tristeza
de lo que muere.
Te vas de aquí,
pero te quedas,
como un perfume
de infancia
que estamos
obligados
a recordar.
Te vas de aquí,
pero te quedas.
Tu cuerpo
es mi herida,
y tu alma es
ese instante fugaz
cuando todo
duele
o calla.
© All rights reserved Enrique Solinas
Enrique Solinas nació en Buenos Aires el 11 de Julio de 1969. Es poeta, narrador, docente e investigador, colabora con publicaciones de Argentina y del exterior.
Publicó en poesía Signos Oscuros (Buenos Aires, 1995), El Gruñido (Buenos Aires, 1997), El Lugar del Principio(Buenos Aires, 1998), Jardín en Movimiento (Buenos Aires, 2003), Noche de San Juan (2008), Corazón Sagrado (Buenos Aires 2014), Barcas sobre la zarza ardiente (2016), El libro de las Plegarias (2019), El pozo y la cima (2022), El grito en el cielo (2025).
Por su labor literaria obtuvo varios premios, entre ellos, el 1er. Premio Nacional Iniciación Bienio 1992/1993, de la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina, 1er. Premio Estímulo a la Creación, Año 2000, Secretaría de Cultura de la Nación Argentina, la Beca de Residencia Shanghai Writing Program 2014, otorgada por el Gobierno de China, el 1er. Premio Municipal a Producción Literaria 2022/2023, etc.
Su obra forma de parte de antologías nacionales e internacionales, siendo traducido al inglés, al italiano, al portugués, al francés, al griego, al chino, al rumano y al tamil.