PASOLINI: A LA SOMBRA DE LOS DIOSES. Cristiano M. Jaime.

Pasolini

“Usted puede quitarle al hombre sus dioses, sólo dándole otros.”   Carl Jung

           Decía Alfred Hitchcock que ” en una buena película de cine, el director es Dios”  y no estaba muy lejos de la verdad cuando nos lanzamos, concienzudamente, a la búsqueda de uno de los dioses de la pantalla gigante del siglo pasado: Pier Paolo Pasolini.

 El describir la vida de Pasolini, es tan simple, como confusa, tan perturbadora como estructurada.  Ningún ser pensante que lleve a la pantalla un film como Teorema puede haber nacido colgado del horcón de una casucha abandonada, al contrario, cuando se viene al mundo con esas pretensiones, tal ser delicioso, al menos, la boca, por lo general, la trae llena de tierra.

Pasolini crece y se educa en un ambiente de sobresalto y a la misma vez, de romántica exuberancia.  Por un lado un padre aterrador, fascista, que en una ocasión le salvó la vida al mismo Mussolini y una madre católica, bienhechora, de raíces caducas, pero de ideas creativas.    La tierra de este cineasta  siempre fue la provincia de Fruili, los campos secos, los aires angostos, la naturaleza gigantesca de los Alpes Cárnicos sobre las espaldas del cielo – un poco más distante de este mundo, se asentaban los Balcanes, tierras siempre en constante agitación y metafísica grotesca.

Por lo tanto, para conocer a fondo a este gran director italiano, se debe conocer su tierra: Friuli Venezia-Giulia, con su propio dialecto, su única forma de desprenderse de los atajos de la irreverencia: un submundo de un pedazo enloquecido que dio al mundo personajes como el gran pintor Rafaello,  y el escritor Italo Svevo.    Una tierra tan baldía como hermosa, un rincón de sobriedad e instintos a ras de piel.   Y no hay nada más concreto que analizar al hombre Pasolini desde allí, el punto de partida de su vida, y el último rincón que hoy en día acoge los despojos de prematura muerte.  Así de terrenal debemos comenzar a abrir la puerta que nos llevara a Pier Paolo, el poeta joven, el novelista, el soñador inventivo enamorado en secreto de Gramsci, (el héroe comunista de su juventud) el hombre que debía romper con las cadenas de la injusticia e imponer su teoría contra las hordas del fascismo italiano.

En su libro dedicado a Antonio Gramsci,  Pasolini se atreve a enumerar las injusticias en pos de una mejor realidad humana.   Los poemas de Pasolini no vienen embarrados de ilusión alguna, al contrario, sabe su autor que no existe esperanza posible o revolución perceptible que pueda alterar de una vez para siempre la línea turbulenta de la realidad italiana de mediados de siglo XX.  Dice uno de los poemas del libro titulado:  Las Cenizas de Gramsci.

“…sólo te llega algún golpe de martillo

de los talleres del Testaccio aquietado en el atardecer

entre miserables techos, desnudos

montones de lata, hierros viejos, donde

canta inútilmente un muchachón

que concluye su jornada, mientras alrededor la lluvia cesa.”

Une lenghe no bastâ mai, nos podría haber dicho Pasolini en su dialecto friulano para darnos a entender que su arte partió de ese costado de Italia, pero que se difundió con la fuerza de su integración a la estructura del lenguaje vivo.   En el ambiente líquido de su provincia, el joven Pasolini escribió versos y varias novelas y otros libros más de poesía, actúo en el teatro, fue corresponsal de un periódico y hasta logró crear algunas pinturas al óleo.   Pero un día se dio cuenta de que algo faltaba en su entorno inmediato.   El hombre poeta, pintor, redactor de la redención imposible, se había perdido en el vacío que dejaban las visiones literarias de la región bucólica, por eso no le quedó otro remedio que salir hacia Roma en busca de otra necesidad más asfixiante.

Fue en ese nuevo mundo y a los cuarenta y tantos años de edad donde Pasolini comienza a alternar con los creadores del cinema de la post guerra italiana: en ese momento una suerte de neorrealismo belicoso con alteraciones ligadas a la desesperación profana  y a la desilusión de los sueños: De Sica, Rosellini, Fellini, Antonioni, y Visconti entre otros.

Durante esta época colabora como guionista de Federico Fellini en los diálogos patibularios de la noche romana en “Las Noches de Cabiria”.    De nuevo notamos esa maestría con el uso del idioma, su forma de moldear el alma con la palabra, su eterna redención en el mismo silencio de la protagonista, Cabiria,  que al final del film, entre los chiaroscuros de la pantalla, se conforma con mirar de lejos la felicidad de otros para que ésta comulgue con la suya desvencijada y triste.  Así comienza a definirse la suntuosa realidad de Pasolini; muy distante de las tristezas alucinantes de Fellini y del cansancio del alma que proyectaba Antonioni.

¿Quién fue, en verdad, Pier Paolo Pasolini?    En una entrevista en el año de 1967,  Pasolini mismo nos dice que “es sólo en el momento de la muerte donde nuestra vida,  hasta ese momento, indescifrable, ambigua, y en suspenso, adquiere su sentido verdadero.”  El sentido de vivir en este director italiano no es refrescante, y mucho menos ensimismado, para Pasolini, la realidad inmediata no tiene otra solución sino a través de una tragedia necesaria, un horror suave que precisa de la mano del hombre para lograr su mejor perspectiva.

Así podemos ver que en Acattone (el vagabundo), su primer film, traza una línea directa a la altura de la desesperanza y la rutina inescapable del hombre pobre.  Pasolini nos entrega una tela cosida a mano, con zurcidos a diestra y siniestra: actores escogidos en la calle sin ningún tipo de experiencia dramática, una realidad insoportable,  y desde luego, un final trágico.  Accatone, aún con algunas manchas neorrealistas de la era, es, indudablemente, el  opus creator que daría paso a su gran inspiración cinemática en un futuro, nada lejano.   Le siguieron en ese orden:

  1. Mamma Roma: dedicada a Roberto Rosellini con guión y dirección de Pasolini y con la magistral Anna Magnani en el papel de la ex prostituta que trata de ocultarle a su único hijo su vida anterior.   Sólo para carenar en la ofensa “sacra” de un final desdichado.    Lo sagradamente profano en Pasolini se vislumbra con autenticidad en este film.
  2. El Evangelio Según San Mateo. Ganadora del Festival de Venecia.  Pasolini se centra en el Evangelio de San Marco, porque lo encuentra “menos vulgar y sentimental que los otros tres”   En su guión trata de proporcionarle al sagrado texto un concepto único, el lenguaje hablado por los novatos protagonistas es, no sólo bíblico, sino común, sin sondeo, y con pocos encubrimientos.
  3. Teorema: basada en la novela del mismo nombre; escrita y publicada por Pasolini en 1968. El director italiano trabaja por primera vez con actores profesionales y explora la causa y el efecto de la fuerza divina frente al abandono inevitable en una familia milanesa del siglo pasado.
  4. Medea: basada en el rito griego en la obra de Eurípides con la actuación estelar de María Callas. Pasolini explora el filicidio desde un punto de vista de rituales y sacrificios tribales.  En este film Pasolini se antepone at tema de Eurípides en forma prehistórica con tonos excéntricos y colores amenazantes.   Opinó Callas sobre el film en una entrevista con  Kenneth Harris en 1971:  Él (Pasolini) sólo le preocupa la pureza  del producto artístico y está dispuesto a cualquier sacrificio para obtenerla.
  5. El Decamerón: basada en los relatos de Boccaccio y ganadora del Oso de Plata de Berlín.

Así sucesivamente, hasta arribar finalmente a su último opus cinematográfico: Salo.  Una de las películas más impugnadas y desafiantes de finales de siglo XX.   En este film nos tropezamos con un Pasolini totalmente ciego, buscando a tientas una imposible salida a su vida desgarrada por la inseguridad y el desencanto.  Este es un film para ver no para criticar; en él se oculta tanto dolor y desfiguración humana, como redención sin perdón.

Al final el poeta gay marxista con ilusiones de director cinematográfico que se debatía entre un tradicionalismo enraizado y una furia a las políticas estudiantiles de la era -dándole exagerado paso a su defensa por los agentes policiales y las autoridades soberanas- no podía menos que reservamos su mejor sacrificio por la pureza al morir que ser asesinado brutalmente una noche cualquiera en la ciudad de Ostia, cerca de Roma

Nadie nunca supo si fue un joven amante – Pino Pelosi- quien acabó con la vida del director italiano, o grupos mafiosos que odiaban sus inclinaciones comunistas. ¿Pasión o política?    ¿Uno o varios autores?  Las circunstancias de crimen siguen sin aclararse por completo 38 años después.

Como su mismo legado, así ha quedado en la historia del cine su desenlace final.   Aquellos que pudimos gozar de sus películas en la pantalla grande en las eras pasadas, cuando la masa humana venía enfrascada en la ideología de la desposesión y las alarmas de guerras por venir, cuando el mundo era un poco más reservado, pero seguro,  sabemos, a ciencia cierta de que Pasolini no era un hombre que entraba y salía del mundo por la una puerta pequeña y engañosa al estilo de Alicia en el País de las Maravillas.

Él logró su entrada al cine, más bien, a través del ojo reservado, la mano oculta, la voz atonal de una creación expiatoria tan podrida como flamante, tan depravada como heroica.  Por eso, después de tantos años, seguimos ahondando a través de su obra en busca de los dioses que crearon su sombra.

© All rights reserved Félix Rizo

Cristiano M. Jaime seudónimo del escritor cubano Félix Rizo.  Residente en Miami.   Tiene publicadas una novela corta y un libro de cuentos.  La obra de facto del autor es la dramaturgia, a la que ha dedicado más de cuarenta años de su vida. 

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