NO ME GUSTA HOUSE OF CARDS. Carlos Gámez Pérez

Así es. No puedo remediarlo. No me gusta. No me la acabo de creer. O, mejor dicho, no me acabo de creer las cosas que plantea tal como las plantea, sino de otra forma. Una serie de TV con tanto prestigio, tan buenos intérpretes, tantos seguidores y tan buenas críticas merecía una oportunidad. Y se la di. Vaya si se la di. Varias veces. Pero soy incapaz de terminar la segunda temporada tras muchos intentos. Me parece una historia repetitiva que no tiene visos de solucionarse, una historia de lucha por la hegemonía que nos acompaña desde que la humanidad es lo que es.

Tal vez sea porque no me convence el perfil del que fuera el protagonista principal, Frank Underwood, hasta que el actor que lo interpretaba, Kevin Spacey, se inmiscuyó en su #MeToo particular, acusado de acoso sexual a chicos jóvenes, y tuvo que ser borrado por los guionistas. En principio, la línea argumental es clara: un psicópata accede a los círculos del poder en los EEUU y hace todo lo posible por llegar a ser el inquilino de la Casa Blanca, cosa que logra conseguir. ¿Les suena? Mucho más en estos momentos, en vísperas de elecciones. Pues bien, ahora voy a hacer un spoiler, lo lamento por aquellos que no hayan finalizado la primera temporada, pueden saltar directamente al próximo párrafo, se evitarán saber que un psicópata como Underwood no se puede conformar con la muerte de un chucho con la que empieza la serie, así que hay otra muerte. Un asesinato. Propio de psicópatas. Habrá más, en ese reguero de sangre que trazan la ambición y el poder. Pero ese crimen demuestra que los guionistas no conocen la idiosincrasia del psicópata y, por extensión, de la sociedad en la que viven. El asesino serial es un tipo que cobra ventaja de su entorno, no un Maquiavelo que calcula sus crímenes como el que prepara una partida de ajedrez. Es impulsivo. Trabaja sobre la marcha. Y Underwood no es eso. Ni su mujer, Claire Underwood (Robin Wright). Ni siquiera el que ha sido considerado como el más inteligente de los psicópatas: Ted Bundy, planifica tanto como Underwood.

Todos sabemos que las razones de Estado pueden ser las más crueles de las razones, pueden ser inhumanas. El pasado siglo XX es un compendio sobre esa afirmación. Pero son razones organizadas en torno a una lógica: la del poder. El psicópata, en cambio, trabaja se escuda en el caos y provoca un caos mayor. Eso deberíamos tenerlo en cuenta en plena pandemia de COVID-19. Se ha demostrado quién improvisa sin un plan previo sobre unas circunstancias que han devenido caóticas, en especial, en los Estados Unidos, el país más castigado por el virus. Lo digo porque lo que más me molesta tras el argumento de una serie tan laureada como House of Cards es el de la conspiranoia, es decir la paranoia de la conspiración que se oculta tras la fachada principal del poder y lo dirige en la sombra. Me refiero a esa corriente de opinión, muy extendida, que ha recorrido a las sociedades occidentales en los últimos tiempos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. No deja de ser curioso que esa tendencia contra los psicópatas del poder haya llevado a otros mucho más peligrosos, mucho más caóticos y desorganizados, a la poltrona. ¿A quién benefician las teorías de la conspiración? Ténganlo en cuenta en los próximos días, cuando vayan a votar, si es que no lo han hecho ya.

© All rights reserved Carlos Gámez Pérez

Carlos Gámez Pérez (Barcelona. 1969) es doctor en estudios románicos por la Universidad de Miami y máster en creación literario por la Universitat Pompeu Fabra. Ha publicado la novela Malas noticias desde la isla (Katakana, 2018), traducida al inglés en 2019. En 2018 publicó un ensayo sobre ciencia y literatura española: Las ciencias y las letras: Pensamiento tecnocientífico y cultura en España (Editorial Academia del Hispanismo). En 2012 ganó el premio Cafè Món por el libro de relatos Artefactos (Sloper). Sus cuentos han sido seleccionados para varias antologías, entre otras: Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos (Candaya, 2013); Presencia Humana, número 1 (Aristas Martínez, 2013); y Viaje One Way: Antología de narradores de Miami (Suburbano, 2014). En 2016 compiló y editó el libro Simbiosis: Una antología de ciencia ficción (La Pereza, 2016). Ha impartido talleres de escritura en el Centro Cultural Español de Ciudad de México y en la Universidad de Navarra. Colabora con revistas literarias como Nagari, Sub-Urbano, CTXT o Quimera.

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