LOS VENEZOLANOS (…PERDÓN, LOS MÍOS). Eduard Reboll

A los venezolanos/as de Miami

Corría la ciudad con la pobreza en las calles de los años 60 y el silencio impuesto por el régimen político. Mi padre, un sencillo negociante al por menor de frutas en un mercado de ventas, había nacido en un popular vecindario de Barcelona, el barrio de Sants. Allí tenía a sus amigos de calle e infancia. Entre ellos, “El Raga”. Nunca supe su nombre y apellido exactos, pero así pedía ser llamado. Y así quedó su ralea. Con el sobrenombre de “el venezolano”. La mofa que obtuvimos como púberes en nuestras conversaciones de niño con mi hermano Francisco, era justa. Este hombre pasó a llamarse en la posteridad: “El Rajá”. Un simple cambio de consonante, lo ubicaba en otro lugar de su estirpe.

Este sujeto es el primer venezolano que no lo era ¿…?. Y que, como tal, conozco como si lo hubiese sido de toda la vida. ¿Por qué?. Este hombre emigró a Caracas, y fue un prestigioso empresario activo en el Casal Català de la ciudad. Cuando regresó a Catalunya; presten atención bajo qué ritual lo hizo.

Fue un verano del año 67. Un sol más cercano al infierno que al placer de vivirlo en la piel. Mi padre nos reunió en la mesa del comedor y nos dijo en familia: “Hoy viene mi amigo el venezolano a comer a las 3pm. Portaros bien; y no hagáis el imbécil. Ha hecho mucho dinero allá y quiero causarle una buena impresión”. Minutos después de evocar esta sentencia se oyó el rumor de una muchedumbre en la calle. Salí al balcón. Decenas de vecinos se habían apiñado en un automóvil extremadamente largo, ostentoso y rojo. A continuación, se abrió la puerta de un Cadillac De Ville y un hombre elegantemente vestido con una camisa azul levantó su mano hacia arriba y dijo: “Ja sòc aquí” ( …ya llegué).

Era el susodicho. Aquel pobre infeliz que todo el mundo se reía al irse del barrio, se había embarcado en un buque de mercancías de la época hacia Sudamérica en busca de fortuna. Hoy, a su regresó, le estaba sirviendo coca-cola fría con ron a mi madre. Y un Jack Daniels on the rocks, desde su refrigerador incorporado en el interior de su auto, a mi padre. Junto a él, la primera venezolana de verdad que conocí en mi existencia. Su esposa. Era de Maracaibo y se llamaba María Gabriella. Unos veinte años más joven que él y sin llegar aún a los 19. Al punto que, como ser sexuado en aquella época… mi libido empezó a hacerse preguntas.

Tres calificativos se habían inscrito en mi inconsciente a partir de aquel momento. Un venezolano, quería decir: un hombre de dinero y con poder. Y una venezolana: una mujer extremadamente morena y bajo una belleza y un cuerpo de lujo. Nota. Pido perdón a mis amigos y amigas de corte feminista que aman la igualdad de género por la nominación de estos tópicos con respecto a la mujer. Lamentablemente, así los usaba yo como significantes en aquel periodo.

Durante mi juventud, tuve que entender las famosas guerras de Independencia de Sudamérica. Las razones y también las omisiones. Sin duda conocí a Simón Bolívar por aquella foto vestido con uniforme militar y hombrera que le honra como libertador y fundador de las repúblicas de La Gran Colombia y Bolivia. Como amante del arte estudié en la escuela Massana el movimiento cinético y la importancia de Rafael Soto o Carlos Cruz Díez en él. Nada me fascinó más, junto al movimiento pop de los 60, que esta opción que da a entender el juego psicodélico en mi tiempo de hippie y de comuna que viví. Un arte que me acompañó en las noches de blanco satén junto al hachís o la marihuana fresca venida del Putumayo.

Más tarde se combinarían, desde la confusión en mi interior, noticias de Carlos Andrés Pérez o el golpe de estado de Hugo Chávez con frases tan frívolas como ésta: “Deja a los políticos, seguro que la miss de este año será una caraqueña”. Pero también entraba en la música del país escuchando las sugerencias de mi amigo Juan Francisco Hernández. Él me animó a oír con sus sugerencias en You Tube, desde el sonido del arpa llanera, el joropo, o los Billos Caracas Boys mientras degustábamos arepas hechas por su mujer.

Al llegar a EE.UU  “lo venezolano” pasa al campo de la literatura. Rómulo Gallegos, con Doña Bárbara , entra en mí de la mano de Santiago Navarro en la universidad de FIU.

Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha. Dos bogas lo hacen avanzar mediante una lenta y penosa maniobra de galeotes. Insensibles al tórrido sol, los broncíneos cuerpos sudorosos, apenas cubiertos por unos mugrientos pantalones remangados a los muslos, alternativamente afincan en el limo del cauce largas palancas, cuyos cabos superiores sujetan contra los duros cojinetes de los robustos pectorales, y encorvados por el esfuerzo, le dan impulso a la embarcación, pasándosela bajo los pies de proa a popa, con pausados pasos laboriosos, como si marcharan por ella.

Gluups. Literatura pura y dura.

Un día, acabando de montar una exposición sobre artistas emergentes en MDC, conocí a Jorge Gutiérrez. Caraqueño, y antiguo Jefe Curador de Exposiciones plásticas en el college. Hombre afable y experto como ninguno del arte nacional de su país o de la nuevos artistas contemporáneos de la ciudad. Me habló de Andrés Michelena, de Oswaldo Vigas… En aquella exposición estaba la fotógrafa Yeraldine Ordóñez, mujer incasable a la hora de poner en escena una ciudad, Coral Gables; y un paisaje natural, el de los Everglades. Caminando hacia mí, con sus dibujos de alas negras en la mano, Gloria MiládelaRoca. “Buenos día me gustaría que me dijera su opinión sobre mi obra…muchas gracias”. Hoy, hasta compartimos pañuelos kleenex en algunas reuniones del Consejo Editorial de Nagari cuando la catarsis es necesaria; o bajo la influencia del merlot con Juan Carlos, su adorado marido, mientras recita versos como éste…

hemos muerto en la noche del olvido

escupiendo los dolores de un secreto

extirpando nuestras vidas al desnudo

 

Se encuentran también aquella artista que inundó de color y forma el Fairchild Park, mi amiga Patricia Van Dalen y su hija la poeta Raquel.

Envidio la libertad de las ratas de la calle

la justa amargura de su apariencia

 

La cineasta Carla Forte (Tears) y su hermano el poeta y abogado Vicente gente que estuvo en los inicios de El proyecto Setra. En este grupo dos grandes amigos: uno que con una juventud y una fuerza que daba envidia, amó la Literatura por doquier, Roberto Savino. Autor del prólogo de mi libro “La lírica del crápula”. Y por connivencia familiar, relacionado con Barcelona. El segundo, un limpiador de carros y amante de Baltasar Gracián y de la buena música cuando lo conocí. Polémico y provocador como el que escribe. Prestigioso psicoanalista hoy y, sobre todo, padre íntegro dedicado a su hijo y a su esposa: José Armando García. Ernesto Guigi, compañeros de estudios en el Máster de FIU, me incitó a leer 2666 de Bolaño. Intelectual y gran lector donde se encuentre, es un amante defensor de la cultura a raudales.

En el mundo del teatro, Venezuela ocupa un espacio privilegiado en mí. Gente como el director Carlos Salazar situando en escena a uno de los mejores dramaturgos contemporáneos de este país: el carismático Ibrahim Guerra con ¿Qué le pasó a Betty Davis? . La atrayente y poderosa actriz Adela Romero. Con sus exilios y registros emocionales en su haber, como en Cuéntame. La película dirigida magistralmente por su colega Eduardo Pardo. O una de las más consistentes empresarias hoy en el teatro independiente de Miami: Alexa Kuve. Promoviendo al Premio Pulitzer, el dramaturgo cubanoamericano Nilo Cruz entre otros con su empresa Arca Images.

Y por supuesto, uno de mis mitos como director y coreógrafo en esta ciudad cuando estuvo al frente del MTC (Miami Theater Center). Renovador e impenitente obrero escénico. Incansable por mostrarnos dos calificativos entre bastidores: calidad y riesgo. Un día, en su performance Duologando with a painting, un hombre se sentó frente a él para interrogarlo. Su sentido anarquista lo evocó con sus intervenciones en público. Le llaman El Príncipe Negro. Allí le manifiesta el significado del arte conceptual en su monólogo y le hace mención a la artista venezolana Marisol Escobar. Rolando Peña, así se llama el “aristócrata”. Hoy amigo querido junto a su mujer Karla Gómez. Los tres, bajo el acopio del misterio y el cariño, nos comunicamos a través de facebook. Cuando nos encontramos los discursos son largos y desde la pasión en ambos lados y bajo el tono libertario que nos une.

 

En Coral Gables, desde hace más de un año, un espacio hizo su aparición como si de un milagro bíblico se tratara. Una pareja de enamorados el uno al otro, y de los frutos que dio Gutemberg con su invento… inauguran una librería. Su nombre Altamira. Sus nombres: Carlos A.Souki y Susana. Venezuela está en su corazón. Y la comunidad hispana de Miami…los lleva a ellos en el suyo.

Dos mujeres de esta tierra me quedan aún por citar.

Y por nombrarlas; no voy a descubrir sus apellidos. Una llenó mi entelequia durante un tiempo de soledad y mucho desasosiego. Abrió mi corazón compartido desde el respeto y la libre unión como dos seres independientes. Y yo la ayudé a amarse más a sí misma. Y a inclinarse por otro que le amaba más que a mí. A través de la compañía que nos dimos juntos y desde una intimidad abierta y hermosa, también nos quisimos mutuamente.

La otra tiene el mismo opening que el primer párrafo de este artículo. Es venezolana. Sin embargo, no nació bajo el país de este gentilicio, sino que lo hizo en la misma ciudad en que yo me crié. Desde su posición sedente, esta mujer hoy escucha mi discurso como sujeto en un diván. Y yo le otorgo un conocimiento que ella no tiene…mi supuesto saber.

Para concluir. Sí puedo confirmar que, todas y todos los venezolanos que están aquí, confluyen en una causa que los une.

La razón es imperativa: porque no pueden ni estar ni habitar allá con los suyos; en aquella tierra donde Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha.

© All rights reserved Eduard Reboll

Eduard Reboll Barcelona,(Catalunya)

email: eduard.reboll@gmail.com

2 responses to “LOS VENEZOLANOS (…PERDÓN, LOS MÍOS). Eduard Reboll

  1. Excelente texto, digno de un maravilloso libertario, digno, generoso, gentil, Eduard, eres un “Gentil libertario”, y eso se agradece, cuando te conocí en el excelente performance de nuestro buen amigo Fernando Calzadilla, le dije a Karla (mi ángel), este es de los nuestros, no me equivoque, te agradezco tus sentidas palabras………gracias.

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