JESÚS CASTELLANOS: ACERCAMIENTO NARRATOLÓGICO A LA TRANSITORIEDAD DE LA PRIMERA REPÚBLICA CUBANA. Héctor Manuel Gutiérrez

Foto de archivo: La salida del buque Nautilus, La Habana, 1908.

Esta es la segunda de una serie con breves reseñas historiográficas de ofertas narrativas concebidas en el período que incluye desde los umbrales hasta los años posteriores de La Primera República en la isla de Cuba.

Un enfoque a la época de Jesús Castellanos (1879-1912) muestra, grosso modo, la coexistencia de diversas condiciones que trascienden el momento histórico que le tocó vivir. En él se perfila una especie de narrador-puente que nos trae como testimonio la muerte de un mundo y el nacimiento de otro. Su narrativa se mueve en aquel crucial proceso de transformación que sufrió la isla en su frágil período de joven independencia. De modo que su cuentística corre pareja con la vida de la nueva república y refleja, entre otras incidencias fenomenológicas y desde adentro, una visión muy peculiar de España, la gran metrópolis de la cual acababa de liberarse. En sus cuentos también se fragua una imagen particular de los Estados Unidos en los momentos en que este país jugaba un papel activo en la vida nacional.

La frustración como consecuencia de la guerra del 95 y el aborto de los ideales martianos, propiciaron una especie de espíritu de mutación tanto en lo político como en lo cultural. En términos generales, esta tendencia se hizo sentir en la literatura cubana de principios del siglo XX. De ahí que la narrativa de Castellanos posea ciertas características distintivas que retratan una verdadera crisis de valores. Recordemos que en aquel ambiente era lugar común avizorar entre los que llevaban las riendas del poder, un vacío de “conciencia de clase definida” y una incapacidad para encaminar al país en la ruta del progreso, con las implicaciones socio-económicas que exigía tal empresa. Los trabajos relativamente recientes que señalan esta precariedad situacional, y cuya existencia bajo ningún concepto intento negar, se perfilan como una copiosa zafra que tal vez vale la pena visitar. Examinaré más a fondo algunos de ellos en otra reseña, pues en efecto abundan y se multiplican cada año, con frecuencia disimulando algún fin maniqueo, en ocasiones sin aportar nada nuevo al carácter literario de las obras, particularmente cuando los estudios salen a la luz “bautizados” desde la cúspide.

Dos cubanos, Martí y Casal, habían iniciado años antes el movimiento modernista que proponía, entre otras cosas, cambios específicos en los contextos que conformaban la época, no sólo en el orden estético, sino también en lo ético, lo político, y lo social. Evito asumir que aquellas ideas renovadoras repercutieron de manera expansiva en la literatura nacional. No obstante, me atrevo a inferir que la obra de Castellanos fue un fiel reflejo de la preocupación que pudo haber tenido cualquier escritor de su tiempo. Como sucedió con los iniciadores de aquel movimiento finisecular, este autor se debatía entre diversas corrientes estéticas, contándose en ellas no sólo la modernista, sino también la romántica, la realista, y aún la naturalista. Es decir, que en realidad no fue una excepción. Esto sin duda es un dato histórico que debemos considerar.

El discurso de Castellanos en numerosas coyunturas da muestras de la posición del escritor en general y la suya en particular, ante un proceso que desvaloriza el papel del hombre de letras, y lo empuja a comprometer ciertos principios para poder sobrevivir en esa sociedad que lo cuestiona, como explican las exposiciones respecto a uno de su personajes: “Augusto sintió subir a sus labios una amarga espumita, y en sus sientes golpeó sordamente un flujo de sangre. Todo su odio a la sociedad donde le era tan difícil la existencia, donde la imposibilidad de vivir un poco para sus nobles ideales, pasó por sus ojos en un relámpago de púrpura… Pero se contuvo, y levantándose lentamente midió de alto o bajo a su tío, con una contracción desdeñosa en los labios…” (La conjura, 132)

Cabe apuntar además, que su narrativa ahonda —desde temprano en el nuevo siglo— en lo que hoy en día se considera parte integral de la temática nacional de aquel entonces: el campo y los que viven en él. El tema es evidente en los títulos de sus cuadernos, entre ellos De tierra adentro (1906). Castellanos es responsable de convertir estos elementos de corte histórico, en materia literaria. Es uno de los primeros en la isla en incursionar en el género tardío del cuento, cuando la literatura era todavía (en términos un tanto generalizados) una representación de la realidad, un medio donde en más de un caso se cedía a la imposición de la naturaleza o al medio social de entonces, con frecuencia cargado y adornado de su elemental tipología: “Cerca de su bohío, el canto de un gallo, otro carbonero, el negro Gaspar, apilaba también sus leños secos de mangles, de hicacos, de paralelos retorcidos; y menos mal que en su choza reían las voces de la parienta y los dos chiquillos ayudándole en la faena, y más allá el desierto, y en rededor el silencio. Sobre el paisaje simple, donde muy alto a lo lejos azuleaban montañas como una promesa de salud, ascendían lentas las dos columnitas de humo; y eran suaves, y eran trémulas, y eran humildes, como plegarias aldeanas” (La agonía de la garza, 277-278).

             En el tratamiento de los temas, el suyo es un acercamiento exento de sectarismo o partidismo, carril que no adoptaron otros escritores de su tiempo. De hecho, teniendo en cuenta su marcado carácter conciliatorio, en sus textos notamos una actitud ecuménica, si se quiere. Desde mi perspectiva, concedo que este autor mantuvo una conducta aparentemente neutral en una época en que se requería alguna auto-definición política de parte de aquellos que, como el autor, creaban su cosmovisión alimentándose de las inspiraciones de la realidad circundante. Concedo además que un análisis profundo de su obra, nos podría revelar muy poco empuje en los avatares de la ascendente sociedad cubana, aunque sí vemos en ella una obvia preocupación por aliviar sus males.

Admitidamente, queda en el texto un virtual regodeo en una atmósfera que rayaba más en el diletantismo que en la preocupación social. Esta postura frente a la sociedad de entonces le ha ganado acerbas críticas en la Cuba de nuestros días, por carecer su discurso, de un planteamiento ideológico. Se ha reiterado en más de un estudio, que Castellanos nunca se manifestó abiertamente o de manera sistemática contra el racismo, el machismo u otros males que existieron y todavía existen. Por éste y otros fundamentos, el autor no pudo ganarse el derecho a ser “canonizado”, como es el caso de otros escritores.

En efecto, el autor no deja para la posteridad una orientación sólida frente a los “males” supuestamente heredados de la vieja colonia y suplantado a raíz de la guerra del 98. Más bien queda el goce mismo de la palabra, detalle estilístico que sus críticos no perdonan. Mas a mi modo de ver, no es éste lugar para cuestionar su grado de participación en la vida cívica republicana. En su discurso convergen y divergen diferentes corrientes, tanto filosóficas como políticas, sociales o estéticas. Esta convivencia era producto de la época y su obra así lo manifiesta. Agregaría que enfocar la obra del escritor desde una posición enteramente dogmática, sería un acto miope y anacrónico.

De modo que, y ya camino a mi conclusión, al leer los textos de Castellanos somos partícipes de la recreación de un mundo todavía afectado por la preocupación finisecular que abrumó a los modernistas. La suya es una re-escritura de la historia. A través de ella asistimos al planteamiento del problema de la guerra y sus repercusiones en el bienestar del hombre. Presenciamos también el choque de la intelectualidad frente a las estructuras del poder. Sentimos las repercusiones de esa actitud en su vida espiritual dentro de aquel momento crítico de la posible sumisión del escritor al sistema imperante.

En suma, además de las características señaladas anteriormente, noto aunados al contexto del autor, vestigios de realismo y romanticismo rezagados, como también muestran otras exposiciones narrativas que pululan en la contemporaneidad de aquella nación en ciernes. Palpamos por igual, un cuestionamiento de la heroicidad enfocado en los términos que dictaba la época. En cuanto a la tesis de Castellanos, podríamos estar de acuerdo o no con su propuesta, algo que en el presente estudio a estas alturas es francamente prescindible.  Esto no me impide concluir que el corpus narrativo del autor es un buen modelo para el estudio de la diversidad de criterio que pudo manifestarse aun dentro de una sociedad acosada por el escepticismo y la frustración. Este factor historiográfico, entre otras cosas, es quizás lo que  trasciende y, ¿por qué no? lo que lo salva de la iniquidad que lo victima.

FUENTES:

La agonía de la garza. Editorial letras cubanas,

La Habana: 1971

La conjura. Tipografía de la revista de archivos,

Madrid: 1909

De tierra adentro. Kessinger Publishing, LLC,

Whitefish, Montana: 2010

 

 

© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez

Héctor Manuel Gutiérrez, Miami, ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido con poemas, ensayos, cuentos y prosa poética para Latin Beat Magazine, Latino Stuff Review, Nagari, Poetas y Escritores Miami, Signum Nous, Suburbano, Ekatombe, Eka Magazine y Nomenclatura, de la Universidad de Kentucky. Ha sido reportero independiente para los servicios de “Enfoque Nacional”, “Panorama Hispano” y “Latin American News Service” en la cadena difusora Radio Pública Nacional [NPR]. Cursó estudios de lenguas romances y música en City University of New York [CUNY]. Obtuvo su maestría en español y doctorado en filosofía y letras de la Universidad Internacional de la Florida [FIU]. Es miembro de Academia.edu, National Collegiate Hispanic Honor Society [Sigma Delta Pi], Modern Language Association [MLA], y Florida Foreign Language Association [FFLA]. Creador de un sub-género literario que llama cuarentenas, es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011, CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, agosto de 2015, y CUANDO EL VIENTO ES AMIGO, iUniverse, abril del 2019. Les da los toques finales a dos próximos libros, AUTORÍA: ENSAYOS AL REVERSO, antología de ensayos con temas diversos, y LA UTOPÍA INTERIOR, estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato.

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