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Diciembre 2023

DE LAS VÍCTIMAS (VII): FORMAS DE REPRESENTARLAS (II)

En la pasada entrega escribía sobre la representación de las víctimas en la literatura anterior a la publicación del primer libro de Primo Levi. Mencioné el caso de las víctimas del antisemitismo en la obra de Marcel Proust, y nos introdujimos en el racismo en la literatura de la mano de Mark Twain y su caracterización de la sociedad del sur de los EEUU en Las aventuras de Huckleberry Finn. Dejé para esta entrega a Joseph Conrad (1857-1924) y también la última parte de este tríptico moderno, como es la infrarrepresentación femenina en la narrativa. Y a eso voy.

En la parte del racismo, Conrad llevó a cabo una tarea de representación similar a la que realizó Twain, en este caso, con las víctimas del colonialismo en el África del siglo XIX, en El corazón de las tinieblas. A través de la travesía del protagonista, Charles Marlow, hacia el misterioso Congo, Conrad ofrece una mirada cruda y condenatoria de la explotación colonial europea y la degradación de la humanidad que esta implicaba.

En esta novela, los nativos africanos son presentados como víctimas silenciosas de un sistema brutal, atrapados en las tinieblas de la esclavitud y la opresión. Conrad retrata su sufrimiento de manera visceral, con imágenes impactantes de la crueldad y la indiferencia de los colonizadores europeos.

Sin embargo, el autor va más allá de la representación superficial de las víctimas. A través de personajes como Kurtz, un agente colonial que se sumerge en la locura y la depravación, el autor plantea preguntas profundas sobre la responsabilidad y la culpabilidad de los colonizadores. ¿Quiénes son las verdaderas víctimas aquí? ¿Los africanos o los europeos corruptos que han perdido su humanidad en busca del beneficio personal?

En Orientalismo (1978), Edward Said (1935-2003) es muy crítico con la novela de Conrad por su incapacidad para dar voz a ninguno de esos africanos a los que explota el colonialismo y, más concretamente, al trabajador que se entrevista con el protagonista y al que no se le entiende nada. Said consideraba que no era más que otra muestra de orientalismo. El escritor mexicano Eduardo Ruíz Sosa (Culiacán, 1983) me comentó que ese juicio era equívoco, que dotar de voz a alguien así en esa novela en ese momento hubiera sido una farsa, que lo más honesto fue lo que hizo Conrad. ¿Por qué? Porque la literatura en la que se mueve Conrad sigue inmersa en el relato del héroe romántico, tal vez no satánico, tal vez no byroniano, pero sí protagonista principal de una aventura heroica, aunque crítica con el poder, como el protagonista de Twain es Huckleberry y no su amigo afroamericano. La literatura de ese período aún no está preparada para escuchar a la víctima si no es mediante el testimonio del héroe, y este nunca es víctima.

En última instancia, El corazón de las tinieblas es un llamado a la reflexión sobre los horrores del colonialismo y la necesidad de enfrentar su legado. Conrad nos recuerda que las víctimas del colonialismo no son solo aquellos que sufrieron directamente, sino también aquellos que perpetuaron esta opresión despiadada. La novela es un recordatorio de que la justicia y la redención solo pueden lograrse mediante un examen crítico de nuestras acciones y la búsqueda de la verdad en las profundidades más oscuras de nuestro corazón colonialista.

Finalmente, para cerrar este tríptico, cabe destacar que ya desde el siglo XIX, varias autoras se quejaban de la infrarrepresentación de la mujer en la literatura, o de su plasmación con personajes estereotipados y ajenos a la realidad femenina y la represión que vivían en una sociedad patriarcal. Una de las autoras que elevó más el tono en este sentido, ya en el siglo XX, fue Virginia Woolf (1882-1941), exponente máximo del Círculo de Bloomsbury, excelsa escritora, conocida feminista.

Esa representación que se le pedía a los escritores impregna el último capítulo del Ulises, la obra magna de James Joyce. Y, sin embargo, recibió tanto la admiración como las críticas de Woolf. El personaje de Molly Bloom en el Ulises, publicado en 1922, es un elemento central en la exploración del feminismo. Su famoso monólogo final, sin un solo signo de puntuación, que da voz a sus pensamientos y deseos más íntimos, desafía las convenciones de la narrativa y ofrece una visión única de la experiencia femenina.

Aunque Woolf admiraba la audacia de Joyce al explorar la interioridad de los personajes femeninos, también manifestó su preocupación por el modo en que Bloom podía considerarse una proyección masculina de la feminidad. Woolf abogaba por una representación más auténtica y profunda de la experiencia femenina, que trascendiera los confines de la perspectiva masculina.

Por tanto, y a modo de conclusión del tríptico, no podemos negar que la literatura moderna ha abordado temas sensibles como el racismo, el antisemitismo y el feminismo. Los autores han buscado revelar las contradicciones y prejuicios arraigados en la sociedad., y han mostrado a las víctimas que quedan como consecuencia de estos tratamientos. Y, sin embargo, si exceptuamos a las heroínas de Woolf, las víctimas no adquieren la centralidad que tienen en el escrito de Levi, tal vez porque el autor mismo es partícipe, como ocurre con la escritora británica.

 

© All rights reserved Carlos Gámez Pérez

 

 

Carlos Gámez Pérez (Barcelona. 1969) es doctor en estudios románicos por la Universidad de Miami y máster en creación literario por la Universitat Pompeu Fabra. Ha publicado la novela Malas noticias desde la isla (katakana editores, 2018), traducida al inglés en 2019. En 2018 publicó un ensayo sobre ciencia y literatura española: Las ciencias y las letras: Pensamiento tecnocientífico y cultura en España (Editorial Academia del Hispanismo). En 2012 ganó el premio Cafè Món por el libro de relatos Artefactos (Sloper). Sus cuentos han sido seleccionados para varias antologías, entre otras: Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos (Candaya, 2013); Presencia Humana, número 1 (Aristas Martínez, 2013); y Viaje One Way: Antología de narradores de Miami (Suburbano, 2014). En 2016 compiló y editó el libro Simbiosis: Una antología de ciencia ficción (La Pereza, 2016). Ha impartido talleres de escritura en el Centro Cultural Español de Ciudad de México y en la Universidad de Navarra. Colabora con revistas literarias como Nagari, Sub-UrbanoCTXT o Quimera.

 

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