A la deriva del cosmos
uno a veces se pregunta
si dios fue el big bang
o si el big bang fue
un dios que explotó de angustia
porque estaba solo
hay fotones que llevan
quince mil millones de años
viajando sin descanso
y nunca han aprendido
a olvidar la oscuridad
ni el frío
ni el asombro
las galaxias giran
con el ritmo de un bolero callado
y los rayos cósmicos
—como viejos poetas tercos—
golpean la atmósfera
esperando alguna
revelación
algún “sí”
algún abrazo
la astronomía
es la ternura científica
de mirar el pasado
como quien abre
una antigua carta
de amor que aún
conserva la fragancia
el tiempo no es un río
ni una flecha
es una danza de probabilidades
donde el alma humana
—ese misterio sin ecuación—
se pregunta si piensa
porque siente
o siente porque sueña
la mente calcula
pero el alma sospecha
que detrás de todo eso
de las supernovas
de los agujeros negros
de la antimateria
hay una infancia intacta
jugando a ser
infinito
y uno aquí
en esta esquina del universo
mirando al cielo
como quien mira un espejo
que todavía
no ha aprendido a mentir.
Kuala Lumpur, Malasia 2025
© 2025 Danilo Lopez Roman
Átomos más viejos que el sol
Dicen los físicos
con esa voz tranquila de quien lleva siglos observando
que en cada célula tuya
hay huellas de un tiempo
en que la Tierra aún no soñaba con mares.
Que el hierro en tu sangre
y el calcio en tus huesos
fueron cocinados en hornos
de estrellas gigantes
que murieron mucho antes de que el Sol
tuviera siquiera la idea de nacer.
Pienso en eso cuando te abrazo
y siento que mi pecho contra el tuyo
es una reunión de antigüedades cósmicas,
un museo secreto
donde se guardan explosiones de supernovas,
polvos de nebulosas
y promesas de galaxias todavía por inventar.
No somos jóvenes,
aunque aparentemos piel fresca y sonrisa de ahora:
llevamos dentro piezas de museo
con una historia más larga
que cualquier cuento que los humanos sepamos contar.
Y ahí está el consuelo:
cuando el cuerpo se canse
y las palabras se apaguen,
nuestros átomos seguirán su viaje,
pasando de estrellas a planetas,
de planetas a otras manos,
como cartas antiguas que nunca pierden el remitente.
Porque en el fondo
la muerte es solo
un cambio de domicilio
en la larga biografía del universo.
Atractor extraño
En el laboratorio del universo
las ecuaciones no se alinean,
las órbitas se enroscan sobre sí mismas
como serpientes que no se muerden la cola,
pero sueñan con hacerlo.
Los Halvorsen attractors
dibujan en el aire
rosas imposibles,
patrones que parecen repetirse
solo para traicionarse en la siguiente vuelta.
Así late el corazón del caos:
no hay retorno,
solo ecos.
En el mapa político
los ejes cambian como vectores locos,
Estados Unidos, encerrado
en la jaula que construyó con sus propias manos,
mira por las rendijas
un mundo que ya no le pertenece.
Al sur,
Brasil y México trazan curvas invisibles,
alianzas que se despliegan
como alas de mariposa en un gráfico 3D,
donde un giro mínimo
puede encender tormentas globales.
Los BRICS se expanden como una constelación nueva,
tejida con hilos de petróleo, litio,
y la obstinada voluntad
de no bailar más al compás ajeno.
El caos no es destrucción:
es la lenta construcción
de otro orden que aún no entendemos.
Y quizá,
en este extraño atractor planetario,
nos toque aceptar
que la belleza también existe
en la turbulencia.
© All rights reserved Danilo López-Román
Danilo López-Román, poeta, artista digital y arquitecto, reside en Miami, Florida. Ha recibido reconocimientos de ILBA, Florida Book Awards, y Eric Hoffer Awards. Su poesía, ficción y ensayos aparecen en numerosas revistas y antologías en los EE. UU., América Latina y España. Su arte digital se ha mostrado internacionalmente y en las revistas Phoebe y Mayday. Tiene una Maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Texas.