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Febrero 2026

El coleccionista de historias, de Evie Woods. Javier Úbeda Ibáñez y Jorge Cervera Rebullida

352 páginas

HarperCollins Ibérica S.A.

Año de edición: 2025

ISBN: 978-84-19809-65-0

En esta ocasión, queremos acercar El coleccionista de historias a los lectores que están interesados en nuestras reseñas. Lo firma Evie Woods, seudónimo de Evie Gaughan. La autora cuenta con cinco libros en su haber (rastreando sus publicaciones en inglés, serían Betwixt, de 2015; The Lost Bookshop, de 2023, traducido al español como La librería perdida; The Story Collector, de 2024, vertido al español como El coleccionista de historias; The Mysterious Bakery on Rue de Paris, de 2025, y The Violin Maker Secret, cuya salida está prevista para 2026).

Woods nos presenta dos tramas temporales distintas que va alternando en la sucesión de capítulos. Por un lado, el libro arranca centrándose en Sarah, una estadounidense que, tras dar por acabado su matrimonio, vuela a Irlanda sin haberlo pretendido y por sorpresa. Allí se establecerá temporalmente en el pueblecito de Thornwood, donde descubre un diario escrito en 1910 por Anna, una joven de entonces 18 años. Sarah va conociendo a la gente del lugar y, a la par, va afrontando sus propios problemas mientras lee las palabras de Anna, con cuya historia encuentra ciertos paralelismos. Ambas superan las vicisitudes que la vida les presenta y encuentran un lugar propio en el mundo mediante sus propias decisiones.

Sus contrapuntos masculinos son Oran, para Sarah, quien ejerce de guardabosques. Arrastra un dolor difícil de superar y que le ha hecho refugiarse en sí mismo, y que no es otro que haber perdido a su esposa. También ejerce en solitario la paternidad, ya que debe ocuparse solo de su hija, fruto de su matrimonio. Por otra parte, Harold Krauss será quien enamore a Anna. Se trata de un antropólogo estadounidense que viajó a Irlanda para documentar las creencias en hadas y para quien Anna trabajó como intérprete local, ya que él no hablaba gaélico.

Entre los personajes secundarios, destacaríamos la gente de Thornwood y sus alrededores, que tan cálidamente acogen a Sarah, así como la familia de Oran, pero sin olvidar a los padres y hermana de la propia Sarah y su exmarido. Los padres de Anna y sus hermanos, su amiga Tess, los (malvados) hermanos terratenientes y los habitantes del pueblo forman parte del mundo de Anna.

No podemos dejar de citar a Irlanda como personaje relevante, con sus maravillosos paisajes, sus arraigadas tradiciones y su modo de vida particular. De la misma manera, se debe dejar un espacio para las hadas, que aparecen en diversas ocasiones, y no siempre como nos las imaginamos.

Los temas que abarca el libro son variados. Se podría comenzar por establecer que ambas mujeres comparten vivencias trágicas, lo que las hace atravesar distintos duelos y dar con la manera de integrar las enseñanzas obtenidas. Sarah, en particular, debe averiguar cómo lograr también lidiar con las limitaciones y exigencias de principios del siglo pasado y la convulsa situación mundial. De ello se deduce que la búsqueda de identidad personal es un objetivo que trasciende épocas, pues ambas deben, cada una a su manera, recorrer un proceso de autodescubrimiento.

El hilo invisible entre el pasado y el presente se establece empleando el diario como elemento canalizador, pues queda claro que los sucesos del pasado influyen en el presente. La autora muestra la idiosincrasia de algunas tradiciones y elementos culturales irlandeses y los incluye en la narración, particularmente en lo relativo a las hadas.

Woods sabe manejar los tiempos y entretejer ambas líneas argumentales con bastante destreza, ya que ha organizado correctamente la estructura. Introduce los diferentes acontecimientos catalizadores de forma que el lector puede ir enhebrando los sucesos que tienen lugar en la vida de una de las protagonistas con los que ocurren en la de la otra, y va ofreciendo y solapando unos con otros de forma adecuada.

No obstante, su documentación acerca de las hadas, si bien no dudamos de que haya sido exhaustiva, no luce mucho en el texto. Imaginamos que no deseaba saturar y que la historia terminara convirtiéndose en densa. Ofrece sus conocimientos con pinceladas a lo largo de ambas líneas temporales, pero sin hacer que estas giren en torno a las pequeñas hechiceras, sino al revés. Es agradable, no obstante, leer sobre ellas (escasamente, repetimos) y conocer algo más sobre las creencias que las personas mantienen sobre ellas aún hoy en la verde Erín.

Abundando en ello, las fronteras que separan la realidad y la ficción, lo que podemos ver y lo que podemos solo intuir son un asunto relevante en las tramas. En el caso de Anna, el poder de las supersticiones es mayor, pues su época todavía estaba más alejada de la tiranía de las demostraciones científicas y empíricas; para Sarah es más difícil dejarse permear por las tradiciones, al estar más vinculada a un tiempo en el que la magia de lo sobrenatural sobrevive como puede, despreciada por las ciencias y el prestigio académico.

Sobre nuestra opinión, que trataremos de fundamentar, esta puede resumirse en que, desde luego, no estamos ante alta literatura, sino ante un producto de entretenimiento que sirve para pasar el rato, sin más. No saldremos habiendo aprendido mucho sobre algún asunto (ni tan siquiera sobre las costumbres irlandesas), época o lugar, pues todo resulta bastante intrascendente, incluso la revelación de secretos, como si no hubiera un poso suficientemente significativo que mereciera ser hablado, contemplado y honrado.

Esto es visible en los diálogos, que la autora despacha con desgana y apatía. Puede ser que trescientas cincuenta y dos páginas no alcancen para integrar mucho desarrollo en dos tramas diferentes, pero la sensación final es que bosqueja unos personajes y unos argumentos que quedan solamente hilvanados y a medio cocinar. Solamente imaginar la historia de Anna en manos de Jane Austen y la hondura que habría logrado imprimir en los personajes ya da idea del potencial desaprovechado. Naturalmente, quien desee pasar un rato entretenido, como apuntábamos, verá satisfechas sus expectativas.

Precisamente por la idea que se nos vino a la mente recurriendo a qué habría hecho Austen (con todas las reservas en cuanto a la cronología y clases sociales), meditamos sobre si se podría clasificar como novela romántica, pero no nos cuadraba con todas las características del género. Como tampoco es, en puridad, novela histórica, seguimos buscando una clasificación que no sabíamos si podríamos otorgarle.

También probamos con el chick lit y repasamos sus características. Sarah es una mujer joven, moderna y urbanita, y el libro aborda (tangencialmente) sus intereses y sus conflictos y, en determinados momentos, Woods intenta hacer de ella una Bridget Jones divertida y alocada, pero… no le funciona. Es cierto que tiene cabida el desafío de la vida moderna y sus ataduras, el buscar la propia voz y también hay romance, pero el desarrollo crucial de la novela se sitúa en un entorno rural y Sarah tampoco es independiente económicamente. No logra la autora que el lector se sienta dentro de una comunidad y, si su pretensión era ofrecer consejos de vida, lamentamos decir que quedan muy desvaídos.

Dejando a un lado a Austen y parafraseando a Loquillo (sentimos el salto de fe), debemos decir que no vinimos aquí para hacer amigos. Como nuestra profesión exige desmenuzar los libros y escribir recomendaciones, y ustedes saben que siempre pueden contar con nosotros, nuestro veredicto es que, si buscan una lectura poco exigente, que tenga protagonistas mujeres y que disponga de alguna sorpresa o giro de los acontecimientos, seguro que disfrutarán de este libro. Sin embargo, si ustedes son amantes de aprender mientras leen, de los escritores estrictos y rigurosos que estudian cada palabra y de los argumentos contundentes… seguramente tengamos algo mejor que recomendarles más adelante.

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