TODA PROPORCIÓN GUARDADA: “LAS MUJERES MATAN MEJOR”, una novela frente a la desproporción del poder y la violencia. Marco Antonio Cerdio Roussell

Existen novelas mexicanas que han sido escritas para enfrentar una situación traumática.  Así Ibargüengoitia dedico años de trabajo a estudiar, analizar y recopilar información sobre el dramático caso de Las Poquianchis para de esa forma entender (¿exorcizar quizá?) cómo del rejuego del conservadurismo católico y la simulación liberal propia de su entorno, surgió un enclave que de criminal pasó a homicida sin que nadie viera nada hasta que afloraron los cadáveres.

Martín Luis Guzmán, por su parte, utilizo la novela y el enmascaramiento que permite la ficción narrativa para contar el día a día de una revolución que iba convirtiéndose en un  festival de corrupción y autoritarismo a contrapelo de su propio discurso. La masacre de Huitzilac, por ejemplo, alcanzó su más acabado testimonio no en la prensa del momento, sino en la novela transfigurada por la pluma del autor chihuahuense. No en balde La sombra del caudillo (1929) se publicó primero en España, no en balde la versión fílmica fue “enlatada” y proyectada muchos años después de su tentativo estreno (1960). El poder se siente amenazado por la palabra, y el autor usa la palabra transfigurada para decir aquello que de otra manera le provocaría un severo perjuicio, quizá la muerte.

De una forma o de otra, estás novelas y muchas otras aprovecharon la polisemia de la novela para criticar eventos de la realidad sin ceñirse a las acotaciones documentales o historiográficas. A despecho de que Ibargüengoitia utilizó el expediente judicial del caso de las célebres lenonas, uno no puede leer Las muertas (1977) como un documento. El estilo que utiliza el autor, alejado de su habitual ironía y más cercano a un sarcasmo grotesco, tal y como en algún texto señala Ana Rosa Domenella, permite asumir que el narrador de la obra no está cómodo con lo que narra, le afecta por la cercanía de los eventos de una manera mucho más directa de lo que podía afectarle, por ejemplo, las crónicas de generales que usó para escribir Los relámpagos de agosto (1965). No es casual que un personaje clave de Las muertas aparece en esa novela tan personal que es Estás ruinas que ves (1975).

A partir de esta tradición de novelas que dicen porque transfiguran, que ofrecen un entramado de suspicacia tal que no sabemos que parte es ficción y cuál la transcripción de una nota periodística o una de esas confidencias a las que son tan afectas quienes pertenecen al entorno político, policíaco y hasta criminal (una vez más, indisolubles), Las mujeres matan mejor (Planeta, 2013) de Omar Nieto busca ofrecernos una apretada visión del panorama previo a la batalla, una batalla que lamentablemente no es metafórica ni ajena ni gloriosa y que determina cierto marco de recepción de la obra.

En un mecanismo similar al de las novelas mencionadas (toda proporción guardada) uno puede vislumbrar eventos, rostros conocidos, el elusivo contexto de hechos ocultos a la mirada pública pero no por eso menos sospechados en  Las mujeres matan mejor. Con todo, hay novedades: el peso de la mujer protagonista, el intento por romper la simplificación de que el fenómeno del narco es sólo padecido por una región del país, siendo que toda la nación se ve enmarañada en sus secuelas y acomodos. El autor, Omar Nieto, cada cierto tiempo le recuerda a quien lee que se encuentra ante un producto de la ficción, aunque el objeto de la ficción es también la escritura y sus transacciones con los poderes fácticos. Página tras página el lector cree ver eventos contemporáneos, claves de procesos que precisamente por su opacidad, quizá sólo puedan ser adecuadamente tratados por una obra de ficción y no por la respetable batería de los trabajos periodísticos dedicados al tema.

Igual que el guanajuatense que intenta reconocer personajes históricos o referenciales en Las muertas o Estás ruinas que ves, el mexicano contemporáneo que trate de hacer una lectura simplista de la novela irremediablemente se perderá. Omar Nieto no narra un evento histórico, reformula los eventos históricos grandes y pequeños en una trama que sirve como lente para ver los desgarramientos del momento actual pero sin atarse a ellos. Al igual que Ibargüengoitia es un intento por entender, al igual que con Luis Guzmán es un intento por hablar de un riesgo opresivo. Con todo, pese a estos lejanos precursores en la obra (primera obra, no hay que olvidarlo) se extraña una densidad narrativa que no parece tomar cuerpo. Suceden demasiadas cosas y pese a ciertas figuras vigorosas, no le agarramos amor a los personajes. Siguen siendo sombras que sugieren más mirar hacia el entorno, que denuncian un estado generalizado de desinterés y apatía en medio del caos, antes que personajes con los cuales podamos quedarnos y verlos crecer. Tal vez los únicos que en un determinado momento parecen estar más acabados son los del Tejón y el Poseso, los exmilitares metidos a sicarios. Ellos van más allá del contexto: son la pérdida de control de los aparatos de represión del estado, pero también la perdida de la cordura y, en última instancia, de cualquier traza de humanidad de un hombre entrenado para matar: la ruptura de la lealtad debida a un compañero.

En está culminación a cargo de traidores y narrada por los traicionados, se deja entrever la dificultad de hablar, de enfrentar el fenómeno: la traición a la palabra dada no es sólo de hombres, implica la perdida de sentido (así sea momentánea) de las instituciones. De lo cívico en su acepción más profunda. Frente a la complejidad de este drama, el autor queda debiendo, su apuesta se empieza a distinguir de sus coetáneos pero no se apropia ni subvierte plenamente la tradición que comienza a convocar.

En una confluencia poco común de lo político y lo policíaco, Omar Nieto busca describir un cuadro que se adivina aún peor, pero que de momento, con lo narrado basta. Apenas comienza el lento recuento del dolor y la barbarie. Para el autor, la maduración de un estilo que permita el que su obra perdure más allá de su horizonte en un mediano plazo.

© All rights reserved Marco Antonio Cerdio Roussell

Marco A. CerdioMarco Antonio Cerdio Roussell. Escritor y profesor universitario. Radica en Puebla, México. marco.viajero@gmail.com

twitter@Marco_Cerdio

 

Leave a Reply