LO QUE EL CIRCO SE LLEVÓ. Versión teatral y dirección Juan Roca

Lo que el circo se llevo

Teatro Havanafama

752 SW 10th Ave. Miami Fl. 33130 . Reservaciones 786 319 17 16

Lo que el circo se llevó

Autor original Héctor Quintero sobre la obra “El premio flaco”

Versión teatral y dirección Juan Roca

Neorrealismo puro, duro…y miamense.

Elenco. Iluminada (Simone Balmaseda) Octavio (Eslover Sánchez) Azucena (Ana Hechavarría) Pancha (Verónica Abruza) Evelio (Izzy Martínez) Lola (Tamara Melián) Carmelina (Yuni Palacios) Domingo (Marco Rosales) Pamelita (Alejandra Uribe) Panchito (César Roca) El hijo de Esperanza (Alonzo Arellano) Florista (Adela Prado) Cartero ( Pedrito Rosa) Vecina (Diana Restrepo) Policía (Carlos M. Herrera)

El telón está cerrado. Suena un piano. Al fondo, bocinas de carro. Estamos en el barrio de la “sagüesera¨ en plena calle de Miami. Ambiente de cubaneo y de clase popular se respira entre la gente en escena. Una mujer anuncia a viva voz “¡flores…flores…vendo flores…pa los vivos y pa los muertos!”.

A continuación, Inmaculada, una vecina, pega un grito de desespero: “¡Ay Dios mío qué es esto…auxilio!”. Su marido, Octavio, ha intentado suicidarse. Lo llevan al hospital Jackson como pueden y, al regreso, se oye: “Ha intentado matarse seis veces y siempre se salva…que suerte tiene” dice uno de sus vecinos.

En la vida de esta pareja que trabajó en el circo se contraponen dos intereses: el de Octavio por regresar a sus orígenes como funambulista sobre la cuerda, y el de su esposa que prefiere primero hacer trabajos no cualificados, que salir con trusa y tocando la trompeta bajo la carpa.

Con ellos malvive Azucena, la hermana de Inmaculada: “Azucena del Lago” en la mentira como artista y, en la realidad, dependiendo de su chulo a la hora de buscarse su sustento. Mientras, la vida de sus coetáneos se desarrolla entre las labores del hogar, la ignominia y la pobreza. Lola atendiendo a su hijo mientras vigila a Evelio, su marido que no le pegue los cuernos. Carmelina poniéndose y quitándose rulos de su cabellera mientras su esposo Domingo trabaja full time. La calle sigue su curso hasta que un día viene la ahijada de Inmaculada, Pancha, con sus hijos, Panchito y Panchita y le pide acogida en su casa.

A partir de aquí aparece en escena un valor en el cual gira toda esta humana y magnífica pieza: la bondad. Este valor tiene acciones y escenas hermosas en las dádivas que la protagonista hace tanto con sus vecinos, como con su ahijada, la cual le permite vivir y estar en su apartamento. Inmaculada. Y todo esto ocurre gracias a un premio que gana. Le toca una casa en Jomesteed (Homestead), “El sueño de mi vida…una casa”. Una vez presentados los principales personajes, el desarrollo se lo dejo a ustedes para no perder la intensidad emocional que aparece a medida que va creciendo la obra hasta la última escena.

Un pieza totalmente felliniana bajo el toque popular de sus protagonistas y con un sabor a neorrealismo made-in-Miami. Y voy a ser más concreto: Inmaculada tiene algo del personaje de Gelsomina en La Strada, no precisamente su inocencia o dulzura en el carácter, sino la humanidad de su interior, aunque sea a base del desconsuelo y la impotencia en su griterío. Octavio, en cambio, es la representación poética de lo perdido en su circo “quiero llevarme la carpa a Homestead” pero en este caso bajo el silencio del looser Y, a la vez, un pragmático interesado que se casó con su mujer por conveniencia “Yo soy feo y epiléptico y tu eres gorda…este era el trato para nuestro matrimonio”.

Sin embargo el personaje de Pancha provocará una hecatombe una vez la pareja quiera regresar a su apartamento, porque un huracán arrasará con la casa premiada. El fenómeno metereológico servirá como metáfora para hablar de otros temas en la obra: del abuso, la manipulación y desfachatez de la ahijada, la insolidaridad vecinal, el rencor de sus allegados, y el desamor patente de su marido Octavio hacia ella. Una bofetada pública que le propina a ella, será el momento culminante de una decepción al punto de la locura y el desarraigo social.

Buena escenografía bajo la síntesis y mostrando con sencillez la estructura de tres espacios vecinales, más la acera. Quiero destacar el detalle de unos marcos que funcionan como ventanas mientras ves la transparencia de lo que sucede en cada hogar. En Catalunya, mi país, hay un refrán que dice cada família es un quadre (cada familia es un cuadro) nunca mejor dicho en el escenario.

Todo el elenco funciona bien, investido en su papel. Me encanta la idea del director de poner detalle en cada uno… y dar oportunidad a muchos. Detalles a veces muy sutiles como el del “tonto” del barrio (disculpen no encontré su nombre) o la florista (Adela Prado) demuestran su comprensión . Si bien hay momentos que me cuesta la dirección escénica en la transición de Pancha (… no la interpretación de Abruza que actúa con gran aplomo) de pasar a ser una mujer necesitada de compasión, a una hp que manipula incluso a su hijos (buena actuación de los niños Alejandra y César). Quiero destacar la entrega de Inmaculada a su personaje en todo momento, el aire bien captado de chusmera-gritona de Lola (Tamara Melián) y su vecina Carmelina. Lo bien que hacen de descarados en sus respectivos papeles de Azucena (Ana Hechavarria) e Izzy como chulo. Pero como en todo, quiero enfatizar la aparición de Domingo (Marc Rosales) en la escena primera abrochándose lo pantalones o escenificando el ahorcamiento de Octavio en la carpa y la labor de abanico de registros de Eslover Sánchez en Octavio: desde su temblores como enfermo, hasta su crueldad mientras propina una bofetada a Inmaculada en un arrebato. Me cautivó doblemente el personaje y el actor.

Una presentación institucional al principio, en formato video sobre el origen del teatro Havanafama en Los Ángeles, nos habla de la función social y educativa de este medio y sus componentes. El compromiso con la comunidad donde se hospeda es un hecho así como la labor de su presidente Juan Roca para que el realismo de la ciudad de alguna manera quede en el pos del espectador. No pude evitar decirle que la distancia entre lo que se estaba representando en el escenario y lo que sucedía a la salida del teatro, solo eran unos cuantos metros de realidad humana. ER

Elenco de lo que el circo se llevo

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