PROSAS POÉTICAS PERTENECIENTES AL POEMARIO MI CORAZÓN MORDIDO POR TUS LABIOS (La Marca Negra Ediciones, 2017). Dolors Fernández

El pozo

Un cubo, una cuerda, un brocal. Era solo un niño. Lancé con fuerza falsa, robada a la luna llena, el cubo al agua. Bueno, al agujero con forma de boca infecta que despedía olor de moho, de vida ilícita, de subterfugio de la existencia. La luna, tan oronda y repleta, me asistió para que con mi impulso aquel cubo chapoteara con el eco del metal herido. Me asustó el estruendo y mi voz se volvió ruido. Busqué refugio tras los gruesos muros de mi antigua casa. La luna llena ya no me miraba.

Hoy he vuelto a la casa del pozo. El nivel del agua se ha elevado, podría mojarme la cara con solo tender las manos. Se han borrado las huellas de mi paso de niño. La luna llena ha dejado de esperarme y yo añoro su desvarío. Será necesario que me invente un destino antes de que casa y pozo desaparezcan con el frío. Me he asomado, como antes, a su brocal húmedo, medio cuerpo fuera ‒he crecido‒ pero el cubo no está, se ha desprendido de su cuerda. Indago en la circularidad de las aguas quietas, lo busco. Ahora escucho, creo, su alarido. ¿O es solo el tiempo, su quejido? El pozo ha desahuciado a su huésped arrojadizo y yo me he ido antes de que la luna llena me pida explicaciones. Ya he dejado de ser niño.

Nueces verdes

Te vi partiendo nueces a la sombra de aquel árbol. Era un día de verano, pero las hojas te cubrían como un manto. Eras solo un niño, intentabas averiguar qué escondía aquel fruto de piel empecinada, por qué se manchaban de verdín tus manos. Acuclillado, buscabas piedras romas con peso que te sirvieran de mazo. Tenías que ahuyentar un aburrimiento de cántaro y tardes de siesta. Aún no habías encontrado en lo profundo de tus ojos el deseo líquido de tu sexo, de nuevo el latido de unos pechos entre los labios.

Rezagada

Mojar el alma con las gotas rezagadas del día de ayer. Ver el arcoíris reflejado en cada comisura de mi cuerpo y dejar a la tenaza de la vida rematar los retales incorpóreos del dolor. Un corte de mangas tenaz. Caer y dormir. No más pasos en falso que conviertan las aristas en cantos rodados. Lejos, muy lejos. Más allá del río mojaré mi boca con el agua fresca. Al fondo, escondida, se verá mi cueva, mi amada ciudad hecha de suelo.

Dormir sin volverme hacia ningún lugar. Sola, blanda, perfecta. Pura estalactita calcárea, óbolo del día que miré atrás para convertirme en simple estatua de sal. Pura y libre al fin.

 

Torre de Babel

Me consume el calor de invernadero de esta torre de Babel, donde no se distinguen las voces ni la geometría de su murmullo.

Desde el sótano se elevan los gritos del Greco, su ascético deseo. Suplican, parece, la lluvia, pero sus almas son un receso de aguacero. Reclaman, desde la azotea almenada, aire fresco, pero ningún rayo da sombra a sus pestañas de ojos lentos.

Otras veces oigo ecos, frases amortiguadas, carentes de forma, ausentes, sin peso. Me llegan de todas partes: de arriba, donde aspiran a apuntalar el cielo; de abajo, donde pretenden horadar los pasadizos del miedo. Invaden mi mente, desarticulan mi pensamiento y entonces maldigo esta torre de Babel que es prevaricación y es veneno.

Los susurros prevalecen, recorren sus escalones helicoidales, emulan la sonoridad de su nombre, se encadenan sin perder jamás su eslabón ni su engarce.

Los habitantes de Babel son autómatas programados que proceden del grito anclado en los límites del destiempo.

La torre de Babel está en el aire, es un zumbido que me recorre mientras el musgo de sus muros exteriores arde.

Comparsas

Como en la tragedia griega todos los personajes llevan su máscara. Pobre de aquel al que la deje caer, deberá abandonar el escenario y esconderse entre bambalinas. Quizás fuera mejor rasgar el terciopelo rojo del telón y observar a los actores en su mentira desnuda, pero entonces habría que dar por concluida la función.

Todos formamos parte del mayor teatro del mundo. Somos a un tiempo partícipes y espectadores. Ante el abismo insoportable de la realidad solo nos queda huir, en un acto supremo de ostracismo interior.

© All rights reserved Dolors Fernández Guerrero

Dolors Fernández Guerrero (Barcelona, 1968) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Central de Barcelona.

Sus colaboraciones (poesía, relatos, reseñas, ensayos críticos) han aparecido en publicaciones como Estación Poesía, Clarín, El Punt Avui, Azharanía, Almiar, Tànit y La Charca Literaria, principalmente. Es colaboradora habitual de la revista Nagari, donde ha publicado poemas, relatos, ensayos y entrevistas. Además, ejerce la crítica literaria en la revista El Ciervo.

Sus poemas y relatos breves han aparecido en numerosas antologías: Veinte vagones a mordiscos, Voces de Ariadna (audiolibro), Tardes del Laberinto, Generación subway. Breve y Poesía, Trenquem el silenci amb la poesia, Ètica i poesia, etc.

Mi corazón mordido por tus labios es su primer poemario (La Marca Negra Ediciones, 2017). En narrativa es autora de una novela inédita, titulada El club del tigre blanco.

Autora bilingüe (castellano y catalán), ha obtenido diversos premios literarios en las modalidades de relato y poesía: Premio Guida Alzina de Alella (relato), Premio Francesc Català de los Jocs Florals de Perpiñán (poesía) y Premio Relato de Humor de Nou Barris.

En la actualidad es presidenta del colectivo literario El Laberinto de Ariadna, vocal de la Junta de ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña) y administra el blog literario Despeñaverbos (http://despeñaverbos.es/).

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