LEAVING LAS VEGAS. Un film de Mike Figgis

Leaving_Las_VegasCuando la muerte está rodeada de alcohol y luces de neón

Título original. Leaving Las Vegas. Año1995. País Estados Unidos. Director Mike Figgis Guión Mike Figgis (Novela: John O’Brien). Música Mike Figgis Fotografía. Declan Quinn

Reparto Nicolas Cage, Elisabeth Shue, Julian Sands, Richard Lewis, Steven Weber, Valeria Golino, Laurie Metcalf, Vincent Ward, Danny Huston, Bob Rafelson, Mark Coppola,

 

Sinopsis

Ben Sanderson (Nicolas Cage), un guionista alcohólico, acaba de perder su trabajo en Hollywood debido a que sus problemas con la bebida afectan a su rendimiento. Sin amigos y sin familia, decide ir a Las Vegas con el propósito de beber hasta morir. Nada más llegar a la ciudad, conoce a Sera (Elisabeth Shue), una atractiva prostituta de la que se queda prendado. (FILMAFFINITY)

 

La autodestrucción tiene una velocidad: la lentitud. Coge de la vida los puntos altos bajo la fantasía del placer continuo y sin límites y se detiene a veces a pocos metros de la muerte recorriéndola en centímetros por largo tiempo. Casi siempre tiene un espejo donde está uno y “el otro uno” que no se reconoce. Si ésta es sustentada por la dependencia, y además consentida, la autodestrucción tiene el rumbo asegurado hacia el camposanto. Si la adicción es el alcohol o la prostitución como recurso entre una pareja que se aman de la peor manera posible, entonces estos personajes se llaman Ben (Nicolas Cage) un guionista de Hollywood y Sera (Elisabeth Shue) meretriz .…Si esto además sucede en EE.UU, solo hay una ciudad donde la tragedia final y la desaparición de uno mismo pudiera suceder: The Sin City. Pero si encima buscamos a alguien que indague historias donde contarlas y que se inspire en sucesos basados en la realidad, este director se llama Mike Figgis (Mr Jones, MrsJulie, Cold Creek Manor) que mientras leía la novela homónima de John O´Brien,creyó que era tan auténtico lo que narraba en su autobiografía,  que se puso manos a la obra. Tal fue su intuición con el tema y su autor, que los resultados, a parte de los fílmicos, los obtuvo en la vida real unos meses antes de estrenarse la película: el escritor de la novela Leaving Las Vegas se suicidaría de un tiro en la cabeza.

Esta historia es una de las que más me ha conmovido en el cine por lo directa y a la vez recreativa sobre su objetivo. Desde el primer momento uno sabe que va a fenecer allí el personaje principal. El anzuelo por donde te lleva el guión es en apariencia muy simple: en cada escena va a subir un grado el nivel de hecatombe en la cual se encierra Ben “Si quieres que te diga la verdad… no sé si mi mujer me dejó porque bebía, o bebo porque mi mujer me dejó”. En aquellos diálogos ella llega a enamorarse de aquél cuerpo flácido por necesidad y cariño, su proxeneta ha muerto a tiros de la mafia. La escena cuando sucede es memorable

No siendo precisamente un gran amante de los aspavientos de Cage si exceptúo su trabajo en Hechizo de Luna con Cher o en Corazón Salvaje de Lynch con Laura Dern, sus papeles casi siempre me parecen muy cage, es decir, muy enjaulados en quién es: siempre con ojos asustados bajo bolsas y cara de estúpido como resultado. Pero el personaje de borracho en este film – que no me cansa en ningún momento- demuestra su habilidad para interiorizarlo orgánicamente.  Por lo tanto entró en mí y afectó mi tono vital y más cuando la música de Sting entra en juego con la autodestrucción a partir del alcohol ha sido tratada en distintas películas memorables como La gata en el tejado de Zinc, una obra de Tenessee Williams con Paul Newman y Elisabeth Taylor, Días de vino y rosas, con Jack Lemmon y Lee Remick en los papeles de una pareja que cae irremediablemente en el infierno de la bebida.  O en “El borracho” (Barfly, 1987) de Barbet Schroeder, donde Mickey Rourke funge de Charles Bukowsky, y secundado por una mujer de su misma especie, Wanda Wilcox, interpretada por FayeDunaway. Con la curiosidad de haber sido el propio poeta, el autor del guión hablando de su vida trasnochada.

Leaving las Vegas se suma al altar quizás en el lugar más preciado. Agradeciéndole al autor que no sea el gin-tonic -mi coctel favorito-  el arma suicida. La verdad es que no me lo pude acabar mientras la veía: el  Tanqueray se aguó con la quinina de una magnífica tónica Fever Tree. Bromas a parte…imprescindible para cinéfilos y junto a Liberace que reseño a continuación: una doble sesión para saber qué significa este cartel que mejor representa a esta ciudad. ER

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