IDENTITY. Adriana Barraza Black Box

Adriana Barraza Black Box fotografía de Yeraldine Ordóñez
Adriana Barraza Black Box
fotografía de Yeraldine Ordóñez

Identity

Ciclo teatral en torno a la identidad de los hijos de los desaparecidos en la Argentina

Adriana Barraza Black Box
3100 72 nd Ave. Suite 126 Miami Fl. 33122
Dramaturgia y Dirección General: Neher Jacqueline Briceño
www.abactingstudio.com

Detrás de la “caja negra”, salen al escenario frente al público los maestros Adriana Barraza y Arnaldo Pipke:

“Bajo la dictadura militar que vivió Argentina en los años 70 muchos de los presos políticos detenidos perdieron a sus hijos y fueron donados en adopción sin ser por ello notificados.… A raíz de estos incidentes nace el movimiento de Las abuelas de la Plaza de Mayo. El drama sobre el problema de la identidad que vivieron estos hijos de “desaparecidos”, son la base de la mayoría de obras que van a ver de nuestros alumnos de 4 grado que hoy se gradúan. Espero que lo disfruten…muchas gracias”.

¿Por qué cito esta presentación?.

Estas simples palabras anuncian –y confirman después de haber visto las obras- el compromiso, no solo con la formación integral del actor, sino también con la ética y lo social. Con la calidad de los dramas escogidos. Y con la sutileza a la hora de conducir a los actores hacia un fin: el éxito y la profesionalidad de quiénes componen y dirigen esta institución teatral.

En la primera obra Papá Querido de Aida Bornitk cuatro hermanos asisten a un funeral. El padre se ha suicidado. Carlos (Juan Riveros), el hijo mayor, tensiona a sus hermanos -Electra (María Rosa Collazo), Clara (Katia Pineda) y José (Juan Carlos Flores)- por la actitud de amor y comprensión que tienen hacia el padre a través de unas cartas. Con un “papá querido” acaba una interpretación bien equilibrada y dirigida entre un elenco de actores y actrices que dan de sí el máximo. Y no se “comen”, sino que se complementan cada uno en su papel asignado. Carlos lleva el timón del barco con sus preguntas bien “indignadas” bajo la acción y la palabra. Y Electra, asumiendo su papel griego y psicoanalítico al mismo tiempo, traspasa con su gestualidad el amor sincero. Igual lo hace la magnífica Clara, en este caso con un tinte más platónico, hacia el recuerdo paterno. José llega al final y permite el cierre afligido que demanda el guión sobre los cuatro. Este viejo anarquista, me baso en los nombres que pone a sus hijos cuando leen sus cartas -Germinal, Amanecer, Ateo- descansa en paz. La primera historia por la identidad, se cierra con un hermoso broche negro en un funeral.

Clau. SR. y la Oscuridad. De Guiomar Cantú. Sr. (Roberto Pichardo) es un insoportable chulo que además es el dueño de un prostíbulo “A table board; es así como se llama Clau”. Ella (Mariel Corona) es una prostituta que ha sido violada durante un apagón de luz en una función de dancing y viene a quejarse a su jefe.Pero ella no sabe quién ha sido. En medio de un diálogo cruel, por averiguar y defenderse los dos protagonistas nos atrapan en la representación. Roberto Pichardo, con una impecable indecencia conseguida a base de creerse el personaje (hay un detalle muy bien conseguido por parte de alguien que es un hijoputa: hundir el dedo anular en el hielo dentro de un vaso de vodka, removerlo… y después chupárselo como si nada) sugiere a Clau, quién fue su abusador. Mariel Corona tiene dos vestidos de lujuria en su piel: el que le caracteriza como meretriz -aplaudo a quién se le ocurrió el diseño del vestuario- y el que lleva con pena en aquel burdel por su condición, no asumida, de su propia realidad.

En Háblame como la lluvia y déjame escuchar de Tennessee Williams. Una mujer (Adriana Bermúdez) huye de su existencia en la ciudad. “Todas las semanas sin falta, el correo me traerá un cheque… siempre llevaré ropa limpia y me vestiré de blanco” Del autor sobran las palabras. Pero de la coreografía, simplicidad organizativa de la escena, y final patético y bien cadenciado por la actriz que busca desaparecer… sí hay que dar cita. Sobre todo cuando acaba el monólogo “Hasta que al final ya no tendré cuerpo y el viento me recogerá con sus fríos brazos blancos y me llevará para siempre”. Entonces, un contrapunto bien humanizado y tierno de Juan Carlos Flores, el marido borracho que la acoge en el lecho matrimonial y le pide que se duerma… cerrará aquel dolor ante la emoción del público.

En Manos Grandes de Mariana Eva Pérez obra explícita y dura donde una mujer (Lina de la Pava) aparece ante un juez para reconocer a su familia original a través de un lunar negro en la espalda, está bien resuelta por una actriz que constantemente va aumentando y sosteniendo su dolor a medida que crece el relato. Una resolución coral (dos invitados y una pareja de camareros) en un restaurante utilizan la mímica y equilibra –sin descartar que a veces uno pierde el sentido de lo narrado por el buen teatro paralelo que se crea en la acción- esta historia llena de una emoción extraña por lo que vivió el personaje al conocer a su abuelo.

Análisis de Verónica Rodríguez. Cuenta la duda de María Laura (Diana Vallejo) al saber que el diagnóstico del ADN muestra que no es el de su familia. Su hermano (Alex Pita) que viene de España “dos besos dan allá… mua y mua” intenta convencerla de que no se meta en averiguaciones y acuda a la fiesta donde todos la esperan. Diana Vallejo mueve el personaje con toda naturalidad por el escenario con un titubeo que contagia mientras que Alex la persigue, con un miedo contenido, sin dejarle apenas salida a su toma de decisión.

Hombre, mujer y la tragedia de Guiomar Cantú es la historia de una relación de pareja que empieza a deteriorarse por la falta de relación sexual del marido. Una vez averiguada la causa… la tragedia está servida. ¿Qué decir de esta pieza?. Pues bien el arranque es espectacular y digno de una A a quien lo concibió. La entrada de una sábana blanca al vuelo que sitúa la acción en un dormitorio y a los personajes en una cama en el suelo, crea una atmósfera emotiva y muy apropiada para lo que se va a narrar. Mariel Corona hace de perfecta insatisfecha y Alex Pita se contrae con mucha verdad como la propia libido del personaje que representa: un hombre violado.

Y como final una tragicomedia, a mi entender, de Edgar Chías ¿último round?. Una pareja, donde cada uno se las da de dominar la situación del otro, encuentra en un tercero, el amante que llama a la puerta, el agravamiento de sus propias miserias como sujetos. Si bien aquí la trama es sencilla y bien apropiada para la fase terminal del programa, hay que destacar la buena interpretación de este león del desierto llamado Juan Carlos Flores (Arturo) que se histeriza como una mujer a medida que la provocación de Lorena (Grechen Serrao) sube. Y que a la vez, la misma, se masculiniza a medida que el otro pierde la batalla. A destacar el detalle “sin importancia” de hacerse las trenzas en público con una naturalidad y goce, dignos de una actriz que adquiere su seguridad al ritmo que el conflicto crece.
Y para finalizar tres puntos

  1. Un detalle hermoso aparentemente muy sencillo pero vital y creativo: Cuando los actores son público, como en el teatro clásico griego, y a la vez ayudantes de escena participativos y no muertos… la obra sube en calidad.
  2. Una observación: vigilar el tema de la acústica bajo una aire acondicionado muy bueno, pero ligeramente ruidoso que en más de un caso afecta a la dicción de los actores cuando bajan el tono.
  3. Un crítica muy dura. No pongan más el título de Teatro Estudiantil . Puede confundir la calidad bajo la prerrogativa del perdón. Y, la verdad, repito la pura verdad, es que calidad sobraba. Yo me encontré con auténticos profesionales que a lo sumo habían hecho “un curso” de cuatro cursos. Las obras que vi muchos las quisieran tenerlas en Miami en sus respectivos teatros.

Nota para Arnaldo Pipke: Lo siento pibe no pudiste comprarme por un botellita de agua de 2$ para ahorrarte el último punto. Y si algún día se te ocurre montar la idea del “Microdrama” en Miami tal como te sugerí quiero royalties…. ja ja ja no pudiste alterar mi identidad crítica que llevo en mi ADN catalán.
Fuera bromas, lo disfruté y esto lo digo muy seriamente y con honestidad. Que se repita la función o se difunda en otros espacios de la ciudad. Sí o sí. ER

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