GUANÉ Y OTROS POEMAS. Iris Mónica Vargas

Guané

Tenía la edad de las gaviotas cuando llegan a la arena apenas con las fuerzas para estar, y se desploman.  Había mucho que todavía no le había preguntado, o mucho que ella nunca habría de responder. Aquel día me sentía valiente. Tras un momento de silencio pregunté: Qué habrías sido, Abuelita, si hubieses tenido la oportunidad de ser lo que querías. Guané había sido ama de casa. También, como Francisca, costurera. Su esposo, igual: un hombre que había traicionado confianza. No titubeó Guané y me dijo, «Eso ya no tiene importancia». La fuerte y contundente voz contradecía el instrumento frágil que la producía; la vida lo había disectado casi hasta el hueso. Entonces, como hacen los reporteros cuando dan cuenta de que construyen un cuento de amor más que otra cosa,

abandoné el intento de sondear la historia, y decidí aprender.

 
 
 Amuletos y nombres

Denis vivió en la cueva Denisova.

Novosibirsk halló uno de los huesos

de su mano.Venía de Melanesia, concluyeron.

No era Neanderthal y no un homínido.

Denis era otra cosa. Shunkov lo bautizó:

un Denisovan. No siempre había ocupado

aquella cueva Denis, pero ahora

con su cráneo podíamos saber algo

de su vida. Caballos y venados, leopardos,

osos, hienas: sus grandes dientes cuentan

sus historias. Cinceles. Fuego. Lanzas.

Cuentas de hueso. Un anillo de mármol.

Una pulsera pulida de roca verde oscura.

Objectos ocre rojo. [¿Será correcto, acaso

que el arte es prioridad tan sólo

para distinguirnos de los Otros?]

Las gorras. Amuletos. Las banderas.

Los bates. Los partidos. Los eslogans.

Las lápidas. Los nombres.

Los grandes mausoleos.

¿La música, también?

¿Y los poemas?

 
 
 El ultimo día del niño

Mi padre regresó a su casa,

apartamento ocho y edificio d.

Había llegado todo antes que él,

y todos le miraban. Él no sabía

por qué pero intuía. Iban abriendo

paso al hijo de Gabriel,

como en el cine mudo. La cola

de su ojo notó cómo su madre

lloraba en una esquina. Mi padre

caminó hacia la diminuta sala,

buscó un vaso pequeño. Abrió

la puerta del refrigerador.

Se sirvió leche. Con los ojos

cerrados tragó varias veces.

Volteó su rostro hacia la puerta

y caminó. Tenía diesiciete años.

¿Y qué haremos ahora?

le preguntó su madre,

esperando respuesta.

Algún vecino, mientras tanto,

aprovechaba el momento

para robarle toda su colección

de Michael Jackson.

 
 
 A.I.

¿Si no mediara un rostro que imitase las muecas de otro rostro, y fuéramos a voces,

simplemente, los códices sin trazos y sin caligrafía? Si no existiera imagen ilustrando los cuerpos, sin esa otra dimensión de hueso y piel que les asista, ¿en qué convertirían las palabras, qué serían? ¿Acaso existiría la sintaxis igual qué cualquier moda, como tantos  vestidos de algún diseñador? Tal vez aún encontraríamos maneras de excluirnos, de apartarnos. ¿Y cómo ilustraríamos la risa, la burla, nuestra “individualidad”? Si fuéramos, flotantes, cerebros de intercambio, ¿qué es lo que entregaríamos? Y ¿qué intercambiaríamos, si no hubiera monedas o papel? ¿Entonces qué sería la caricia? ¿Una rosa, quizás, como accidente, saldría de lo oscuro de las hojas de algún texto, para decir la risa en su lugar, como el error del auto corrector? Quizás sería “la nube” la manifestación de la sonrisa? ¿Qué forma tendría entonces la pasión? ¿Y cuál un cuerpo? ¿Que significaría vivir o amar o ver, y cúal sería el orgasmo? Morir, ¿sería un silencio o falta de interpretación? La vida, en su lugar, ¿se llamaría ola?

 
 
 © All rights reserved Iris Mónica Vargas

 

Iris Mónica Vargas es poeta, escritora, traductora y físico. Ha escrito dos volúmenes de poesía, La última caricia (Terranova, 2014), y El libro azul (Snow Fountain Press, 2018). Este último fue galardonado con un Premio PEN Puerto Rico Internacional en 2019. Posee un doble bachillerato en Biología y Física (Universidad de Puerto Rico), y estudios graduados en Física y Science Writing de la Universidad de Puerto Rico y Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.). Actualmente completa un Doctorado en Medicina. Reside en California. Los poemas aquí incluídos forman parte de una tercera colección, inedita, titulada El día en que dejamos la tierra. https://irismonicavargas.com

 

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