DIOS, YO Y EE.UU. Eduard Reboll

A Liliana Castellanos

 

Existencia…

Son las 2.45 pm. Estoy en la consulta del Dr. Frank Buenaventura, en una dependencia del Baptist Hospital. Hay retraso en las visitas. En la sala de espera no hay una silla vacía. Adriano, un paciente que tiene afectado su estómago, requiere que le suban el volumen del televisor para distraer su permanente indigestión. En pantalla, un reality show de Telemundo. Una supuesta juez dirime un caso en conflicto. “Interesante….esto.  Una lesbiana en silla de ruedas se queja porque quiso suicidarse; nadie creyó que podía amar a una mujer…¡Será posible! Suerte ha tenido que Dios la haya conservado en vida para explicarlo”. La administrativa del front desk, una joven recatada y tímida, cambia de canal asustada. “No… déjelo aquí por favor” le dice el hombre “…veamos qué quiere esta tortillera. A ver qué determina la justicia en su caso”.

 Al cambio de emisora, Univisión, en su noticiero, anuncia un accidente automovilístico en la autovía 826. “Dios mío bendito, qué desgracia” dice una señora que aprieta su crucifijo con el pulgar y su índice en señal de duelo: “El conductor está muerto…Dios lo habrá querido así”. Adriano se dirige en español a la audiencia y, a viva voz, exclama: “Así es la voluntad de Jehová. Hablo con Él todos los días. Él ha evitado mi suicidio y de convertirme en un hombre vil…Yo era un fumador de crack y miren ahora. Estoy vivo y con su luz.”

La gente de la sala se divide en dos: la que pone una atención especial al supuesto pastor. Y los que siguen, en este caso, observando a la ambulancia recoger el cadáver. Mientras escucho las palabras del “renacido”, veo a la mayoría de la audiencia bajo la hipnosis de su discurso. Por momentos, la muerte penetra en vivo y en directo sobre mi cerebro con una frase: “voy a morir un día”. A continuación, un interrogante pasa a gran velocidad:¿Con quién tendré que negociar cuando sea ceniza? .

Llevo tiempo que mi asunción como agnóstico en tierra americana me acompleja. El juramento a esta nación implica recitar “…one nation under God…”. Cerca del 91% de los ciudadanos de este país son creyentes; yo estoy en el grupo de hombres y mujeres, dónde solo aparecemos en un dígito porcentual no superior al 9%. Apenas nos conocemos, ni nos hemos visto. Y algunos de los conversos, utilizan simplemente contra nosotros un adjetivo humillante: comunistas. “Todos los ateos sois comunistas”.

La vida es un cuento narrado por un idiota con gran aparato, y que nada significa (Shakespeare. Hamlet)

La distinción entre ideología política y existencial se omite. Además, los jóvenes de la llamada hoy “generación millenia” abandonan la dicotomía del género. Dios no es masculino, como en la tradición judeo-cristiano-islámica, ni mujer como Shiva en la población hindú influida por el bahaísmo. El término “Energía Universal” como símbolo del creador de todo lo habido, lo presente y el devenir, se está imponiendo más y más cada día. Desde este nivel, lamentablemente, se me hace muy complicado el posible diálogo con lo no corpóreo.

Dios, a día de hoy, es un problema serio en mí: surge una necesidad de creer en Él. Una envidia del prójimo que conversa a solas y lo alaba. Y un enigma por encontrar su vocablo, si es que lo tuviese.

En 2012 mi amiga fotógrafa Silvia Martínez y yo iniciamos un testimonio documental llamado Dios habita en Miami. El proyecto consistía en visitar distintos templos religiosos de esta ciudad. Y entrar cuando la liturgia o el ritual estuvieran en pleno apogeo. Visitamos más de treinta instituciones entre iglesias, capillas, mezquitas, oratorios, salones del reino, sinagogas, ermitas…Desde la perspectiva católica y apostólica, baptista, cristiana sin denominación, mormona, ortodoxa, pentecostal, carismática, judía, lubavitch, yoruba, musulmana, hindú, budista, hare krishna…

Cámara fotográfica en mano ella y yo con una libreta de apuntes en mi bolsillo, un objetivo tuvimos en común: percibir cómo el creyente integra al Supremo desde la familiaridad que otorga el estar reunido en grupo.

Preguntas. ¿Se recibe igual a Dios desde la intimidad que si lo hacemos en asamblea compartida? ¿Qué función hace el “guía espiritual” en la ceremonia ante los feligreses independientemente de su credo?

Aquella experiencia hizo que se eliminara una duda en mí: Dios existeSí.

Para los miles y miles de personas que acuden semanalmente a sus refugios sagrados: allí hay un Ser que les acompaña y los reconforta. En aquel territorio comparten sus experiencias y lo alaban desde el canto, la palabra, el éxtasis, el mantra, el dolor, el arrepentimiento, el silencio o la oración.

¿Revelación a través de la palabra divina?

Yendo ahora al punto de disidencia conmigo mismo: quiero decir que no he podido conciliar nunca ni en ningún lugar santo, ni con ningún guía espiritual, la supuesta revelación de Dios a través de la palabra testimonial. Sea sacerdote, ungido, imán, o líder de una comunidad monacal.

Los santos escritos, provengan de la Torá (Génesis, Éxodo,  Levítico, Los Números o el Deuteronomio). A través de la Biblia (El Antiguo y el Nuevo Testamento) desde sus epístolas o versículos. Organizado en sus azoras y aleyas desde El Corán. Los libros sagrados de los Vedas o el Upanishad hindú. Incluso el Sutra del diamante del propio budismo…me han servido para creer que “la palabra divina” se convierta en un acto de fe y un seguimiento axiomático, no sujeta a cuestión o a la duda razonable.

Muy al contrario, la interpretación sui generis  basada en el interés y justificación de los deseos de cada creyente o los de una comunidad religiosa para oponerse a otra, pienso que ha prodigado a través de la historia, un sinfín de enfrentamientos. Inaugura la división frontal por reivindicar “la verdad del testamento revelado y divino” a través de algún profeta. Y sólo hoy, en contadas ocasiones, gracias a la educación, el respeto y la tolerancia se puede hablar de ciertos acercamientos entre las religiones oficiales a partir de contados líderes.

Si Dios es una segunda voz interior para que uno mismo crezca como sujeto y despierte en ti la seguridad, la autoestima, la aceptación o el valor del bien. Repito, si así es: díganme donde hay que firmar que lo hago ahora mismo.

Pero si para ello tengo que abrir la página de un libro sagrado –provenga de donde provenga- que me indique, desde la literalidad o interpretación obligada, que ésta es “la palabra de Dios”. Y lo que dice “ahí” hay que seguirlo desde la fe porque “ésta sí que es la verdad divina” revelada por el profeta susodicho que se otorgue…les pido por favor que me olviden.

A estos creyentes le sugiero que revisen las píldoras de su convicción y su felicidadporque puede ser la infelicidad de otros y el enfrentamiento entre sujetos y comunidades de distinto pensar, con dioses que “revelan en ocasiones lo opuesto” el destino de lo humano.

Haciendo un símil con una paradoja que descubrí hace poco de Jacques Lacan que dice “La mujer no existe…solo es una a una”. Deduzco y digo desde mi propia experiencia que:

“Sí…Dios existe, sin duda; pero para cada uno… y solo es UNO para cada uno”.

Conclusión

Soy de los que pienso que Dios no es “único e igual” para todos, ni con “un mensaje común” para el mundo; le pongan el sustantivo que le pongan. ¡Que gran injusticia sería afirmar esto¡. Ni revelador de más verdad que la que usted pacte o “lea” de Él/Ella/o Ello para sentirse bien y en paz consigo mismo.

Amén

Pdta . Debo ser un aprendiz si cierro el artículo con esta palabra de origen semita (en hebreo, אמן, amén; en árabe آمين āmīn) que muestra respeto y admiración hacia lo divino. La creó primero el judaísmo. El cristianismo la adoptó después. E incluso el Islam hace gala de ella para decir desde todos los credos… “Que así sea”.

© All rights reserved Eduard Reboll

Eduard RebollEduard Reboll Barcelona,(Catalunya)

email: eduard.reboll@gmail.com

3 responses to “DIOS, YO Y EE.UU. Eduard Reboll

  1. Mi gran amigo Eduard. Muy bueno tu artículo, pero tan imposible de entender, como imposible es entender a Dios. Nuestra relación con Dios de nutre de la Gracias que de El recibimos, y esto define nuestra naturaleza espiritual, que unida a la parte humana, nos hace único a cada uno de nosotros. Muy difícil de explicar, pero más fácil de experimentar. Algo que es muy difícil transmitirnos de uno al otro, pero que si nos permitiría comunicarnos las experiencias individuales. Hace días te invité a un café, para charlar un rato. Ahora te invito a dos cafés. Uno para iniciar una conversación sincera y franca sobre el tema, y otro, al final de nuestras vidas, para terminarla. Un fuerte abrazo. Emilio Héctor.

  2. Querido Eduard, ser agnóstico es condición necesaria para ser un auténtico cristiano (y de hecho musulmán, al menos), aunque no suficiente. En ese sentido sos más cristiano y más musulmán que casi todos. Te falta el salto corto y largo a la vez de la fe, salto que además requiere de cierta racionalidad científica, y convive con ella en la Estadística. Así que sin salirte ni un milímetro del reino de la Razón encontrás el otro reino. Y de hecho, lo encontrás mientras los otros, “los que son menos cristianos y menos musulmanes que vos” paran de buscar, no encuentran, creen que buscar los aleja, creen que ya “todo” les fue revelado, y acaban estancados o arrastrados por sus tradiciones culturales heredadas, con apenas un barniz de espiritualidad para adornarlas–o hacer resaltar sus perversiones, sus violencias. Porque una cosa es la religión como búsqueda, que hace crecer, que ennoblece, y que es humilde como se supone que sea el teísta ante la totalidad suprema de Dios, y otra es la religión como “revelación” que estanca, que degrada, cuya soberbia (si lo revelado a mi grupo y a mi es verdad, yo la poseo, a exclusión de los demás) lleva a la intolerancia y en caso extremo pero frecuente a la guerra. Así que, seamos o no “creyentes oficiales”, mejor busquemos a declararnos “escogidos” para recibir una revelación que la mayoría discriminada por Dios no recibiría. Amén.

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