ACERCA DE PANES MOJADOS DE SERGIO LIZÁRRAGA. Alfredo Palacio

Entrar en la lectura del último poemario de Sergio Lizárraga no augura una travesía fácil ni feliz. Vale decir que la poesía, muchas veces, no es fácil ni feliz. 

Pero en mi navegar por el libro, encuentro un áspero confesionario de cosas perdidas o en descenso, temores, inseguridades existenciales, decepción que acecha permanentemente, y que el autor en su devenir de poemas intenta abrigar de esperanza a través de múltiples preguntas, a mi juicio, a un ser superior. 

Hay un permanente sobrevuelo de la figura materna sobre el poemario, que atraviesa intemperie, soledad y dolor existencial frente al mundo y sus ruidos, que también acucian al poeta. Esa figura está muy presente a través de su marcada ausencia, pero también con su fuerte presencia en momentos dulces o luminosos, reparadores, un vacío que pesa en el derrotero de preguntas y decepciones, que con esfuerzo anímico y emotivo desgrana cada poema. 

“mi madre buscaba árboles 

para beber la calma de sus sombras” 

El perdido y sencillo ámbito familiar que sostenía también aparece: 

“cuando recuerdo las manos de mi madre 

y los ojos de mi padre 

pienso que en la harina también hay mares 

que en el tango y en las hojas de un diario 

también están los soles” 

Una sensibilidad viva que late ante cualquier imagen, escenario o hecho de la dura realidad cotidiana, observada con gran minuciosidad, y que parece no dar respiro ni remanso. Me atrevo a decir una gran orfandad existencial en el alma del poeta atraviesa estos poemas. 

También resulta omnipresente alguien más, etéreo, que nunca se nombra, a quien el poeta inquiere frecuentemente, y es ese ser superior que nombro anteriormente. 

Esa presencia toma protagonismo en la segunda parte del libro, “Sangre de pan/Místicas”. 

Sabiendo del pasado seminarista de Sergio, percibo que en la segunda parte del libro establece un directo monólogo con ese ser superior, le pregunta, le manifiesta delicadas exigencias, se inculpa, le muestra sus dudas y hasta su intemperie, como asumiendo el error de haber abandonado ese camino y, acaso, su fuerte vocación religiosa. 

En mis lecturas de sus libros anteriores, siempre sentí que la poesía de Sergio es hermética, pero no necesariamente cerrada al lector. 

Alterna pasajes de fuerte lirismo con otros de aspereza expresiva, cuando se refiere a dolorosas realidades que lo llevan al desasosiego. 

Los poetas manejamos esos mundos y miradas que muchas veces no terminamos de expresar abiertamente. Tal vez porque a nosotros, nunca nos alcanzan las palabras. 

 

Panes Mojados se publicó en diciembre de 2021 en la ciudad de San Miguel de Tucumán, República Argentina, por Ediciones del Ente Cultural de Tucumán, tras ser seleccionado por la Comisión Ejecutiva del Fondo Editorial Aconquija. 

 

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Alfredo Palacio, nació en Buenos Aires, Argentina, en 1949, donde siempre residió. Publicó en poesía “Filamentos” (Ed. Del Dock) en 2007 y “Blueseros” en 2016, libro que obtuvo Primer Premio Concurso Internacional de Poesía Marosa Di Giorgio 2013 (Salto, República Oriental del Uruguay) como inédito y Mención Honorífica Premio Municipal de Poesía Inédita Bienio 2010-2011 Ciudad de Buenos Aires, República Argentina.
Libros Inéditos: “Segundos Afuera” (2009) y “Visiones Cotidianas” (2016) Integra diversas antologías poéticas de Argentina y el exterior. Poemas suyos han sido traducidos al portugués, catalán y francés y han sido incluidos en diferentes sitios, páginas, revistas literarias y blogs de poesía de Argentina, Brasil Chile, Perú, México, España, Italia y EE.UU. Co-dirigió el Café Literario “Mirá lo que Quedó” con los poetas Alicia Grinbank, Alberto Boco y Rolando Revagliatti.

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