SALVAVIDAS DE PAPEL: LEA A SU PROPIO RIESGO. María José Navia

Primer acto.

A fines del año pasado tuve la oportunidad de ir a una premiación de George Saunders en DC. La asociación PEN/Malamud le otorgaba el premio del mismo nombre por su maestría en el arte de contar historias. El premio estaba más que merecido, por cierto, Tenth of December es de esos libros que habría que enmarcarlos, dejarlos en exposición en un lugar visible de nuestras casas, incluso tatuarse un par de sus frases más notables. De esos libros que no se leen con los ojos sino con todo el cuerpo.

Después de la premiación, como suele pasar en estos eventos, Saunders iba a firmar los libros de sus lectores. Y ahí estábamos todos, formando una fila eterna, cada uno con sus ejemplares bien firmes bajo el brazo, comentándole a su acompañante, o a quien quisiera escucharle, acerca de la vez que había descubierto a Saunders, su cuento favorito o lo feliz que estaba de conocerlo. La gran mayoría era (¿éramos?) jóvenes estudiantes universitarios (la mayoría de pregrado, varios de doctorado como esta servidora) pero éramos, por sobre todo, más que lectores, fans de la lectura. Recuerdo haber visto a un chico que se aferraba con tanta emoción a sus libros de Saunders, lo comentaba con tanta convicción, que no dudo que se habría interpuesto (y con ganas) entre una bala y su libro favorito.

(Y tantas veces como fuera necesario).

Segundo acto.

Acabo de terminar No leer, una colección de ensayos del escritor chileno Alejandro Zambra que, contrario a lo que indica su título, lo que provoca en el lector son unas ganas inmensas de leer, leer y leer. El título de Zambra va en contra de la idea de lecturas obligatorias, o de esas infinitas campañas de promoción de la lectura que sugieren, piden, proclaman, la necesidad de la lectura sin tener mucho efecto y a veces sin saber muy bien porqué. Zambra, por el contrario, le da a la lectura el lugar incómodo que le pertenece. Una experiencia que permite olvidarse del mundo y sus problemas, sí, pero que también a veces duele como apretarse los dedos con la puerta o nos deja doblados en dos una vez terminadas las últimas líneas de una novela que nos devuelve nuestros miedos como el más feroz de los espejos.

Lea sí, por supuesto. A su propio riesgo. Tal vez esa debiera ser la consigna.

Tercer acto.

Todo esto para decir que recomendar libros me parece una actividad profundamente noble. Valiosa. Y, también llena de peligros. A veces recomendamos libros y estos hacen que un amigo o persona conocida pase un buen rato. Pero a veces, sólo a veces, ocurre el milagro: recomendamos un libro y la vida de otra persona cambia para siempre. O, como dice Julian Barnes en esa maravilla que es Levels of Life (de esas novelas que te dejan doblados en dos, buscando en el suelo los pedacitos del corazón, a ver si tal vez lo podemos volver a armar): “You put together two things that have not been put together before. And the world is changed. People may not notice at the time, but that doesn’t matter. The world has been changed nonetheless”.

La gratitud que le tengo a las personas que, con conocimiento o ignorancia, me recomendaron el libro justo en el momento preciso para cambiarlo todo, para cambiarme, es infinita. Las personas que me llevaron a City de Baricco, a Light Years de Salter, a La Velocidad de las Cosas de Fresán, a The Good Soldier de Ford Madox Ford, a Paul Celan, a Wislawa Szymborska, a Alice Munro, a Banana Yoshimoto. O, más recientemente, a Claire Vaye Watkins con su impresionante colección de cuentos Battleborn.

Recomendar libros me parece un gozo y también una responsabilidad inmensa. Pero también, pero sobre todo, un acto de generosidad luminoso. La acción de no acaparar tesoros sino deleitarse en que se los apropien más y más personas. Porque entonces ese oro brilla más.

Libros como tesoros y también salvavidas. Aunque siempre con esa contradicción, o esa incomodidad de la que hablaba en relación a Zambra y el acto de lectura: salvavidas de papel. En otras palabras, salvavidas que también nos pueden llevar (y nos llevan) al fondo del océano.

Y tal vez está bien que así sea.

Lea.

Lea a su propio riesgo.

Sea inmensamente feliz.

Pártase en dos de dolor.

© All rights reserved María José Navia 

MARIA JOSE NAVIAMaría José Navia (Santiago, 1982) es una escritora chilena. Publicó su primera novela SANT (Incubarte Editores) el año 2010 y el libro de cuentos (formato E-book) Las Variaciones Dorothy (Sub-Urbano Ediciones) el 2013. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías (Lenguas (JC Saez, 2005), Junta de Vecinas (Algaida, 2011). CL Fronteras de Chile (Universidad Alberto Hurtado, 2012). El año 2011 su relato “Online” resultó ganador del Premio del Público del Concurso Cosecha Eñe (España); el año 2012 su cuento #Mudanzas fue uno de los 10 finalistas del Concurso de Cuentos Revista Paula (Chile). Actualmente estudia un Doctorado en Literatura y Estudios Culturales en Georgetown University y termina su segunda novela.

Escribe regularmente en su blog de microrreseñas www.ticketdecambio.wordpress.com

twitter: @mjnavia

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