MISMO MUNDO, OTROS MUNDOS. Obra plástica de Pablo Monteagudo, texto de Graciela Becco

El engaño no te hace feliz -100 x70 cm - oleo sobre tela - 2012 Pablo Monteagudo

¿Cómo miramos a nuestro alrededor? ¿Le miramos los ojos a las cosas?

Todas las cosas tienen ojos.

Todos los elementos del universo nos atraviesan.

La hendidura en la piedra también es mirada, se origina en el surco terroso, así el paso del tiempo va oradando la roca.

La vejez se perfila en el sembradío perecedero del cuerpo y los ojos se achican a la vista, los párpados caen, pero se profundizan en la sabiduría que atrapa la cercanía de la muerte. “Miro a fuera a ver si estoy” Intrincado mapa, el rostro de un hombre viejo, con el brillo tardío de algunos sueños no resueltos, con la luz mansa de haber visto demasiado, con el descanso reseco en la yema de los dedos.

¿Dónde esta el reposo y el sosiego, hombre viejo? Quizá en el dolor de un mundo que te abandona, en una juventud que muchas veces da la espalda. Inhóspito regazo para el descanso.

Hombre viejo surcado, mil veces atravesado, pero detrás de los párpados tal vez la bienaventuranza de lo vivido, la belleza de haber visto.

Avisame si te gusta - 35 x 25 - mixta sobre papel - 2013 - Pablo Monteagudo

¿Por dónde transita el mundo de hoy que ha perdido el sentido de la mirada? ¿Cómo puede ser que el hombre haya dejado de ver los ojos del hombre? ¿Cómo puede ser que hayamos dejado de mirar…? Y la eterna paradoja del alma anida en la dulce mansedumbre de los perros callejeros de puros ojos dilatados en la miseria y en la soledad, de aquellos a quien nada les preocupa la vida, cueros sarnosos, cuerpos raquíticos y colas bamboleantes que persiguen felices las manos donde suenan los dedos, un silbido ¡Vení perrito! Y seguí de largo, estás sucio, hambriento y sos el apéndice evidente de un individuo al que dejó de importarle el hambre del mundo: un niño, un viejo, un perro…

Entonces, ¿Cuál es la felicidad de este hombre que no encuentra su lugar? Y se busca inexorablemente un sitio donde verse: un celular, un monitor, una charla con un desconocido, el consumo, lo anónimo, la rebeldía camuflada, el aire envenenado, la guerra; las manos que apenas alcanzan a reflejar las sinrazón de búsquedas infructuosas, de esas que a nada nos llevan.

¿Dónde estás hombre? ¿Hacia dónde volaron tus interrogantes? ¿O estás tan vacío-vencido que ya no buscas?

No hay espejo para el alma - 35 x 25 cm - mixta sobre papel - 2012

¿Es tan visceral tu abulia que estás escondido detrás de vanas justificaciones que el mundo te aporta para borrarte la mirada?

Las manos del hombre penden al costado de su cuerpo, como si la travesía por la vida estuviese significada sólo en el afuera; “lo que sea que es todos somos iguales” ¿Pero ante quién? Para estas miradas sin ojos hay alguna trascendencia? ¿Somos más allá de nosotros mismos? ¿o estamos hablando de lo intangible?

Y tanto nos hemos des-dibujado que nos hemos hecho in-visibles, in-tangibles para los otros. No vemos ni nos ven ¡qué irremediable soledad!

He abierto multitud de ventanas como un increíble palomar agazapado de ojillos que se esconden, plumas que emigran en la atmósfera… a través de estos hombres sin ojos que miran camuflados, de estos viejos surcados, he visto llena de una dulce melancolía y una angustia lacerante el sensible vuelo de un ángel testigo del inexorable vacío del hombre despoblado. De lo intangible estamos hechos.

Como fraccionados en infinitos puzzles nos vamos perdiendo unos a otros, unos con otros! Perdimos la misericordia al no mirar la otredad, al no mirarnos a los ojos. Somos también nosotros bestias de miradas pérdidas y tristes buscadoras de amor.

Por algún camino oculto misterioso ancestral y lleno de milagro el artista como un mago achacoso  y un demiurgo eterno nos permite acceder al lo perdido. Somos “de lo intangible” y a lo intangible arribamos!

El artista una vez más nos ha mostrado el mundo y el mundo después el mundo.

Graciela Becco

de-lo-intangible-ok

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