MIAMI BLUE: JAIA. Xalbador García

La Antología de los Insomnes recreaba las palabras de George Trakl:

 

Soy una sombra lejos de oscuras aldeas.

He bebido el silencio de Dios
En un manantial de bosque.
Un frío metal huella mi frente.

Las arañas van tras mi corazón.

Una luz se apaga en mi boca.

 

De Vallejo:

 

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 

De Macedonio:

 

Hay un morir si de unos ojos

Se voltea la mirada de amor

Y queda sólo el mirar del vivir.

Es el mirar de sombras de la Muerte.

No es Muerte la liberadora de mejillas,

Esto es Muerte. Olvido en ojos mirantes.

 

De Alfonsina:

 

La vida mía debió ser horrible, 
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.

 

De Panero:

 

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,

 

De Francisco Hernández:

 

Pero yo, siempre yo por debajo de todo,
sigo pensando que gritar es cosa de mudos
y que escuchar es intercambiar ecos
con barcos fantasmas o con muertos
que han perdido la esperanza de vengarse.

 

De Jeremías Marquines:

 

No tengo manos, tengo demoras tatuadas por castigo.
Entiendo que afuera el mundo se desarma,
que lejos de tu sexo, destinado a detener la muerte,
no se puede vivir

 

De Efraín Huerta:

 

Son los hombres del alba.

Los bandidos con la barba crecida

y el bendito cinismo endurecido,

los asesinos cautelosos

con la ferocidad sobre los hombros,

los maricas con fiebre en las orejas

y en los blandos riñones,

los violadores,

los profesionales del desprecio,

los del aguardiente en las arterias,

los que gritan, aúllan como lobos

con las patas heladas.

Los hombres más abandonados,

más locos, más valientes:

los más puros.

 

De Max Rojas:

 

Desbaratado el grito, el silencio que cruje en la escalera,

el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,

nadie grita tu nombre, nadie te espera, nadie camina

por la calle recogiendo tu sombra partida en pedacitos,

tu esqueleto partido en pedacitos, nadie te extraña,

puedes echarte a caminar mascando tu tristeza,

puedes perderte para siempre en tu tristeza,

nadie grita tu nombre, nadie te espera,

sólo el silencio que baja y te destroza,

sólo el silencio que baja y te aniquila.

En las primeras páginas, escrita a mano, se leía un cuarteto sin autor reconocible:

 

En esta ciudad con alma de sarcófago

pierdo la última esperanza del refugio

como la costra detrás de las verdades

o los años zurcidos con heridas de silencio…

 

Jaia preparaba el cuadernillo por las noches. Al principio, frente a las paredes de su departamento, no comprendí que las páginas arrancadas de los libros y pegadas en las paredes de su departamento compondrían finalmente la Antología de los Insomnes, título que ella había escrito en las primeras líneas de la libreta negra donde empezaba a aglutinarlos. Escribía los versos para encontrar su voz. En ellos podía expresar las yagas del tiempo que le sangraban por las madrugadas. Cada una de las palabras le provocaba deseos, temores, dolor.

Desde la orilla de la madruga los poemas que Jaia había elegido hacían las veces de compañeros de viaje. En ellos el verbo volvía a ser carne, sufrimiento y sangre. Podías oler en las páginas todo el rumor de una mujer en ruinas. Los poemas que muerden y dejan marca, los poemas que nos liberaran del revés de nosotros mismos, los poemas que además de reparo, significan renuncia y aceptación.

Jaia buscaba sus palabras, aquellas que podrían expresar de manera justa el invierno que se le había ido anudando en la garganta. Por ese frío interior podía soportar dormir en el pasillo del edificio sin aire acondicionado. Temblaba en el piso.

Al revisar las demás prendas, comprendí que ella mendigaba para comprar libros en español en la vieja tienda de antigüedades frente al Parque Máximo Gómez de la Calle Ocho. Iba con su perro por las calles pidiendo 50 centavos o un dólar a fin de conseguir las palabras que le devolvieran la voz en un idioma que en esta tierra se encuentra vetado para la literatura y mucho más para la poesía. Los miserables carecen de pensamiento y de belleza. Nunca serán escuchados. Que lo sepan.

Leí el cuadernillo durante varias noches hasta que los versos empezaron también a desangrarme. Mientras el porro de la mariguana se iba extinguiendo, sentí la pasividad del silencio. Como aseguraba Lucía: ¿Acaso los personajes que somos podrían en algún momento descansar sin sufrimiento? Perdí el miedo entre las promesas del derrumbe mientras los versos iban volviéndose presencia. Se convirtieron en sombra, en sonido, en amenaza. Sentí cómo me tomaron del cuello y rasgaban las tinieblas en que se había convertido mi vida. El horror había desaparecido, no en medio de la desgracia, sino entre una acuosa oscuridad de quietud. No hay luz al final. La nada.

 

© All rights reserved Xalbador Garcia

XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, México, 1982) es Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y Maestro y Doctor en Literatura Hispanoamericana por El Colegio de San Luis (Colsan). 
Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).

Realizó estancias de investigación en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad del Ateneo, en Manila, Filipinas, en la que también se desempeñó como catedrático. En 2009 fue becado por el Fondo Estatal para la CulturPoesía, ensayo y narrativa suya han aparecido en diversas revistas del mundo, como Letras Libres (México), La estafeta del viento (España), Cuaderno Rojo Estelar (Estados Unidos), Conseup (Ecuador) y Perro Berde (Filipinas). Fue editor de la revista generacional Los perros del alba y su columna cultural “Vientre de Cabra”, apareció en el diario La Jornada Morelos por diez años. 
Actualmente es colaborador del Instituto Cervantes de España, en su filial de Manila y mantiene el blog: vientre de cabra

 

 

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