HACIA UN NUEVO MUNDO LITERARIO Y EDITORIAL. (Segunda Parte) Luis Benítez

Literatura, seudoliteratura y paraliteratura; literatura “light”

Desde el punto de vista del lucro como meta exclusiva, es del todo congruente que los grandes grupos editoriales tomen este tipo de decisiones, que implican abandonar, paulatinamente, un segmento del mercado editorial insuficiente en cuanto a recaudación de ganancias en relación al riesgo que supone la inversión, aunque ello signifique que año a año las reediciones de autores clásicos y los lanzamientos de exitosos emergentes se vean más y más reducidas. ¿Implica esto que el caudal de lectores de Marcel Proust, Ernest Hemingway o Thomas Mann, por ejemplo, se ha ido reduciendo con el paso del tiempo? Tal vez -en cierta proporción- esto es cierto, pero la causa determinante para el cambio de política de las grandes editoriales puede no ser ésta, sino una distinta. Ella es el crecimiento de un nuevo tipo de lector -masivo y a cuyas filas se incorporan cada año nuevas promociones de fieles- cuyo gusto está determinado por el aparato promocional de esas mismas grandes editoriales, abundantemente propalado por los mass-media. La construcción del mainstream actual demandó muchas décadas de trabajo intenso y efectivo, al que han contribuido decisivamente grandes partidas presupuestarias, diligentes medios de comunicación de masas y también la tarea desarrollada desde el campo académico, que no ha permanecido ajeno a la buscada mutación de la preferencia pública y ha incorporado al terreno de sus investigaciones –recategorizándolas- producciones literarias y paraliterarias que, hace sólo medio siglo, eran desdeñadas. Esta legitimación de la “baja literatura” y de creaciones paralelas a lo literario, si bien no ha sido en modo alguno determinante para precipitar el fenómeno, ha contribuido a que autores y editores se sintieran menos culpables a la hora de tomar en cuenta esas producciones y a que, desde los medios de comunicación, se pudiera abordarlas sin enrojecer ni desprestigiar al medio. Aun en el caso de las instituciones celosamente ortodoxas antes en cuanto a preferencias e inclusiones, el valor paulatinamente incrementado de las buenas ventas y la consecuente y permanente publicidad ha terminado por rendir a los antiguos prejuicios por “lo nuevo, exitoso y popular”. De no ser así, de no estar instalado este “nuevo buen gusto” –le daremos por ahora este nombre- inclusive en el campo de lo académico y lo institucional, jamás hubiesen tenido lugar fenómenos curiosos, impensables hasta hace unas pocas décadas, cuando, por ejemplo, hubiese resultado inimaginable que un autor “nuevo, exitoso y popular”, como Paulo Coelho, se convirtiera en miembro de número de la Academia Brasileña de Letras en octubre de 2002, y que ya dos años antes hubiese recibido el grado de Chevalier de L’ Ordre National de La Legión d’ Honneur, otorgado por el gobierno francés, entre otros numerosísimos reconocimientos a sus méritos literarios… Demostrando su gran inteligencia de los hechos, Coelho no dejó de mencionar, en su discurso de asunción del sillón número 21 de la ABL: “A violência da flecha dignifica o alvo’. Muitas vezes, em momentos em que me sentia julgado com severidade excessiva pela crítica, me recordava dessa frase...” (“’ La violencia de la flecha le da dignidad al blanco’. Muchas veces, cuando me sentía juzgado con severidad excesiva por la crítica, me acordaba de esta frase…”).

Aquí sí, debemos obligadamente recordar la condición de creadora y difusora de valores simbólicos de la industria editorial y reconocer que ha trabajado denodadamente, durante varias generaciones, puliendo y reorientando el gusto público con el apoyo de la prensa, la publicidad y la academia, hasta obtener el sujeto consumidor masivo actual de libros (SCMAL), ávido de novedades y abierto a casi todo tipo de experiencia de lectura, siempre y cuando le sea sugerida –la preventa- por los canales habituales. En este aspecto, la creación del SCMAL, se hace evidente la vieja dialéctica del huevo y la gallina: más se expande la editorial, más contribuye a crear un número mayor de SCMALs; más crece el número de SCMALs, más se desarrolla la editorial.

A medida que los límites entre la literatura –entendida en su sentido clásico-, la paraliteratura –los antes reputados como géneros menores o “baja literatura”: los libros de viajes, las crónicas periodísticas compiladas en libro para la ocasión, las historietas, etc. – y la seudoliteratura –los productos simbólicos que imitan la literatura, rango que abarca desde los best sellers de estación hasta el abundante papel impreso sobre espiritualismo, autoayuda, etc., a los que debemos sumar las obras de autores cuyo poco valor está representado por lo que dicen y propagandizan sus agentes de prensa- se fueron volviendo más y más difusos, para el SCMAL los tres conjuntos se tornaron prácticamente uno y el SCMAL es hoy –y lo será mañana- el lector que mueve la balanza.

Una definición que se suma a las anteriores es la ya popularizada de la “literatura light”, o “pop”, la literatura liviana destinada al gran público, los SCMALs con pretensión de cierta cultura y conocimiento de la actualidad y sus sospechosas novedades. Al respecto, es recomendable la lectura del excelente artículo del escritor paceño Brayan Mamani Magne, titulado “Perfil de la literatura light”, publicado en “Los Tiempos”, en su edición del 12 de mayo de 2013 (ver: http://www.lostiempos.com/lecturas/libros/libros/20110313/perfil-de-la-literatura-light_116654_231618.html), donde se aborda con meridiana objetividad el problema de referencia.

Sin embargo, la condición de liviana de esta referencia lleva a confusión en cuanto a cómo ubicarla en el universo de las tres categorías antes mencionadas, literatura propiamente dicha, seudoliteratura y paraliteratura. ¿Dónde ubicar a autores reputados como light, tan dispares como Julian Barnes, Milan Kundera, Paul Auster y Haruki Murakami (citados por Mamani Magne), por una parte, el antes referido Paulo Coelho, más Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Dan Brown, Stephenie Meyer, y la cohorte de lo que se dio en llamar “la generación McOndo”, surgida en los ’90, integrada entre otros, según también apunta el muy buen trabajo de Mamani Magne, por Jaime Bayly, Ray Loriga, Edmundo Paz Soldán y Alberto Fuguet, entre los nombres más destacados? Desde la óptica presentada por Mamani Magne, comprendemos que la definición  de light es más abarcativa, por lo que podemos quedarnos con dos referencias principales, la de “literatura light” por una parte y la de “literatura propiamente dicha” por la otra.

El incómodo futuro: un destino posible para la literatura propiamente dicha

Si la estrategia actual y previsiblemente, también la futura, de la industria editorial es concentrar sus recursos económicos y propagandísticos en aquellos títulos que producen mayor lucro, reduciendo los lanzamientos y las tiradas de las obras que implican un riesgo de inversión mayor o ventas menores o simplemente, haciéndolas desaparecer de sus catálogos, se desprende que muchas de las obras correspondientes a la “literatura propiamente dicha” tendrán un negro pronóstico para un porvenir cada día más cercano. Sin embargo, que el porcentaje de lectores de dichas obras resulte poco atractivo para los señores de la industria no significa que ese porcentaje desaparezca, sino que permanezca atento a la oferta que le pueda proporcionar aquello que demanda.

Es en esta instancia donde entran en juego los pequeños sellos editoriales, que se pueden hacer cargo (y seguramente se harán cargo) de dicha demanda. Trabajando para un público restringido, contando con presupuestos restringidos y recursos propagandísticos reducidos, son el proveedor idóneo para la señalada demanda, pues arriesgan poco capital en cada lanzamiento y se dirigen a un público que, al revés del SCMAL, no espera que le indiquen qué debe leer, sino que sale a buscarlo. Son los pequeños sellos, las pequeñas y medianas empresas editoriales (PYMES editoriales), las que heredarán la tierra de la literatura propiamente dicha, no por un afán de preservar esa herencia cultural del olvido, sino porque, en definitiva, será su publicación un pequeño o mediano negocio, adecuado a sus posibilidades de inversión y riesgo. Este proceso se hará más y más evidente a medida que los fenómenos ya presentes en el mercado –de los que dimos cuenta muy general en los párrafos anteriores- se profundicen.

Sin duda, las PYMES editoriales no son ángeles sino empresas en riesgo permanente y obligadas a innovar constantemente, del mismo modo que no constituyen un segmento homogéneo de la industria. En sus filas caben tanto las empresas unipersonales como las ya primitivamente conformadas según un modelo a escala reducida de las grandes firmas operantes en el mercado. Asimismo, por contar con recursos limitados son menos capaces de soportar una mala racha que apenas rasguñaría los balances de sus hermanas mayores. Para una PYME editorial, una etapa de bajas ventas más prolongada que las habituales puede significar la ruina a muy corto plazo; como contrapartida, el exiguo capital necesario para montarla y ponerla en actividad es lo que posibilita que retornen bajo un nuevo nombre que haga olvidar los fracasos pasados y letales.  Prueba de ello es el constante vaivén de cierre de unas PYMES editoriales y la puesta en operaciones de otras en el mercado español, por sólo citar un ejemplo.

La contrapartida positiva de tanta fragilidad y cambios permanentes, en un mar de riesgos empresariales, es que para una pequeña/mediana editorial el logro de un éxito de ventas –cuyo lucro alcanzado sería insignificante para una compañía de primer orden- implica un surtirse de medios, experiencia y notoriedad en el segmento de la plaza que equivale, siempre a la escala de la que estamos hablando, a un adelanto casi tan considerable como el obtenido por una gran empresa con un olvidable best-seller mundial. En su devenir, es previsible que las PYMES terminen por afinar la puntería –para ellas el dilema es siempre sobrevivir- e identificando con claridad cuáles son los lanzamientos estratégicos necesarios para garantizar la llegada al balance del año próximo con salvo positivo. Parte de este proceso, incipiente pero ya en marcha, puede distinguirse leyendo entrelíneas los abundantes artículos y reportajes al respecto que nos provee Internet, allí donde esperanzas, planes, dudas, frustraciones, afirmaciones arriesgadas y no tanto, son vertidas por los protagonistas del fenómeno, los incipientes editores.

Sin embargo, otro factor debe ser tenido en cuenta, porque tendrá su espacio en este proceso: para las PYMES editoriales, será necesario –como antes sucedía en el circuito tradicional dominado por las grandes empresas- un aval de legitimación de nuevos autores, que se agreguen a la nómina de la literatura propiamente dicha. El negocio de las PYMES editoriales –que crecerá en un segmento acotado del mercado, operante dentro de límites más o menos precisos- no puede limitarse a una simple tarea de rutinaria reimpresión de los mismos títulos cada año; deberá forzosamente sumar autores en plena producción, para ofrecerlos al lector especializado al que surte de productos, garantizando una calidad de éstos comparable o similar a lo que ya ofrece, lo heredado de los catálogos de las grandes editoriales. ¿Quién legitimará a estos nuevos autores, quién con autoridad suficiente y reconocida, dirá qué obras y autores merecerán ser agregados al egregio listado de los ya canonizados? La respuesta es tan fácil como obvia: será la academia, que seguirá ejerciendo así su añeja función de partir las aguas y las tierras, señalando qué es kosher, nutrición adecuada para el pueblo elegido, y qué no lo es. No será la academia el único elemento accionante en el proceso, pero no dejará de hacer sentir su influencia redentora de obras todavía no suficientemente conocidas o escasamente difundidas. Previsiblemente, no cederá fácilmente su consabido papel de arbiter elegantiorum a la hora de separar a los filisteos de los que merecen ser salvados, operación en la que, como de costumbre, también tendrán influencia factores extraliterarios y de mera conveniencia.

Al respecto, resulta muy interesante colocar juntas en el buscador de Internet de nuestra preferencia las dos palabritas mágicas: “academia” y “mercado” y comprobar cómo el tema –desde distintos puntos de vista- ya preocupa, y mucho, a las barricadas universitarias, atentas a saber anticipadamente qué papel les pueda corresponder en el new deal del mundo editorial.

Grosso modo, éste puede ser –con algunas variaciones- el paisaje en el que se encuentren los autores aún no consagrados que aspiren a integran sus obras al fenómeno general, durante las siguientes décadas del siglo en curso.

De qué modo el autor contemporáneo de este proceso se parará frente a él, como se las arreglará para que sobreviva su obra, lidiando con tales realidades, ya es tema para otras digresiones.

¿Y a ti, qué te parece?

Luis BenítezLuis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay.

2 responses to “HACIA UN NUEVO MUNDO LITERARIO Y EDITORIAL. (Segunda Parte) Luis Benítez

  1. Apreciada Judith: muchas gracias por sus atentas palabras y por participar en este intento de intercambio de opiniones respecto de temas que nos afectan y nos afectarán a todos. Cordialmente, Luis Benítez

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