EL REY DE LA HABANA novela de Pedro Juan Gutiérrez, versión cinematográfica de Agustí Villaronga

 

Libro                                                          Cartel de la película

Autor: Pedro Juan Gutiérrez                    Director: Agustí Villaronga

Editorial: Anagrama.                               Actores: Maykol David Tortolo (Reinaldo)

Barcelona 2008                                                      Yordanka Ariosa (Magda)

Chanel Terrero (Yamile),

Jonathan Maravilla (Cheo),

Ileana Wilson(Fredesbinda)

y Jose María Sánchez (enterrador)

 

Leí el libro cuando supe que Agustí Villaronga un director que admiro personalmente, presentó El Rey de la Habana en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastian. La primera proyección de la película tuvo lugar el día 22 de septiembre y el estreno en los cines españoles el día 16 de octubre. El día 23 de septiembre compré el libro escrito por Pedro Juan Gutiérrez; un autor cubano que yo desconocía por completo.

Inicié la lectura y me topé con la crisis de los 90 en Cuba, la suciedad y la brutal existencia de unos personajes en la miseria más absoluta. Las primeras quince páginas componían un relato sórdido de la biografía del protagonista central de la novela, Reynaldo, un niño de 13 años que vive un episodio dantesco: su hermano mata de un golpe a su madre y, acto seguido, se suicida lanzándose al vacío desde una azotea. La abuela que contempla la escena… fallece de un ataque al corazón. La policía lo detiene y lo internan en un correccional en el que conseguirá hacerse una intervención para incrustar dos perlas en su pene. “El hombre de la Pinga de Oro”…se convertirá en El Rey de la Habana.

Pedro Juan Gutiérrez narra los hechos con un lenguaje directo y describe con fruición el entorno de podredumbre en el que habitan todos sus personajes: la mierda, el hedor de las casas, el desaliño de las personas, el hambre y las “templadas”; actos sexuales que se suceden con una facilidad pasmosa en todo el relato. Magda, una prostituta y vendedora ambulante será el amor de su vida. Y Yunisleidy, una travesti linda y limpia, una mujer que marcará su existencia por la pasión que evoca por él.

No pude evitar pensar en mis amigos cubanos de Miami y me pregunté en varias ocasiones qué pensarían ellos sobre la imagen que el autor, muestra de aquella Cuba. Busqué información sobre la historia de este país en el periodo en que se contextualiza la novela, y proseguí aquella lectura de tintes desagradables antes de ver la película de Agusti Villaronga. A medida que iba consumiendo páginas, intenté imaginar cómo se habría hecho la adaptación cinematográfica de una novela que retrata la sordidez sin tapujos. En aquel momento, mi interés estaba focalizado en el film, no en el libro.

El día 17 de octubre, fui al cine a ver la película presintiendo que sentiría el asco y la pena a primera vista, o que saliera con un mal sabor de boca. La predicción no se cumplió.

La puesta en escena de Villaronga y la interpretación de los actores transpira un deseo carnal por reflejar lo que sienten los personajes en la historia. La veracidad con que transmiten los goces y las desgracias, es tan natural como la vida misma. Villaronga  elige  los mismos tres personajes del texto: Reynaldo, Magda y Yunisleydi. Y si bien elimina a otros, la podredumbre, la miseria, y el sexo, son el escenario natural en el que viven los protagonistas. Un colchón sucio y lleno de chinches en el que Rey y Magda hacen el amor, provoca repugnancia en el libro. En cambio, en la película, forman parte del atrezzo. El “bollo de Magda” (la vagina) es fétido en la novela, sin embargo en el film,  gracias a la excelente interpretación de la actriz Yordanka Ariosa, descubres que el hedor es una de sus señas de identidad.

La “pinga“inquieta del Rey de la Habana adquiere en el libro un papel estelar y reiterativo. En la película  se muestra como un recurso natural para gozar y también para subsistir; un instrumento que le facilita la manutención primaria en muchas ocasiones. El director maquilla el terrible final del libro, salvando la dignidad de los personajes ubicándolos en un basurero modélico.

Salí del cine con la sensación física de haber visto una buena película y también con unas ganas tremendas de volver a releer el libro de Pedro Juan Gutiérrez. La segunda lectura sepultó la impresión inicial y descubrí a un autor dotado de una capacidad especial para transcribir los sentimientos y la existencia de unas personas que viven como parias sociales en una época donde la URSS abandona el subsidio económico a la isla.

No he querido desvelar la trama ni de la novela ni del film para que ustedes conserven la “virginidad intelectual” como lecto-espectadores y puedan gozar o maldecir a El Rey de la Habana. Me inquieta pensar que posiblemente mi reseña les parezca una frivolidad. Si el destino me mantiene viva y sana, espero poder entablar un “dialogo constructivo” con mis amigos del otro lado del Atlántico y me permita, además, abordar con ellos la historia de El Rey de la Habana desde una perspectiva multidisciplinar.

Ángels Martínez

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