EL CUENTO DE RENÉ. Basado en los cuentos de René Ariza. Dirección: Larry Villanueva

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Posiblemente, El cuento de René es en sí mismo una metonimia para hablar de dos conceptos en un todo: el “cuento” que tenía él; es decir, el propio relato cómico del escritor y artista René Ariza frente a su vida y al mundo de la Isla. Y “los cuentos” que escribió para hablar del “cuento” de los otros: los de su propio pueblo y los que lo rigen desde la pirámide que creó “el susodicho” según la creación del término que acotó el músico y profesor de filosofía Alfredo Triff”

Nacido en la Habana, este dramaturgo, poeta y dibujante, estuvo en prisión durante ocho años y condenado por “diversionismo ideológico” y por obras “carentes de valor artístico” tal como reza en el prospecto que Arca Images ha editado didácticamente.

Esta idea de Larry Villanueva de poner bajo las capa de distintos actores los cuentos que aparecen en escena del autor (Relato sospechoso, Relato para moscas, Esposas, El fantasma del puerco, Ser escritor, Carne, Los bravos) intentando hilarlos a través de transiciones imaginativas y sugerentes, es una de las medallas que tiene por sí mismo esta obra: la concepción de su puesta en escena.

Una escenografía bien original -sublime la función polifacética de un refrigerador vacío en distintas historias- y llena de símbolos políticos y de control -un ojo endiosado bajo un triángulo- complementan una personificación bien definida en todos los caracteres que aluden desde la tragicomedia a un mundo lúgubre y esperpéntico regido por el ojo del “Big Brother” -que decía George Orwell en su novela 1984- aunque genealógicamente pudiera muy bien interpretarse con el del Gran Arquitecto de la Masonería.

Puede haber un punto maniqueo y comprado al decir que disfruté a todo el elenco desde su oficio del primero al último. Posiblemente sería algo ‘sospechoso” de mi parte  decir que “sospecho” que Larry Villanueva actúo como es debido en el papel de “sospechoso-que-sospecha-de-todo-el-mundo” bajo su camisa roja en Relato sospechoso. Pero bien, no quiero extenderme y díganlo ustedes cuando repongan la obra que “sospecho” será pronto…¿No es así Alexa?

Diría lo mismo de esta Mujer-casera. Mujer-sabrosa. Mujer-esposada que a veces tiene problemas en “identificarse”. Y en otras circunstancias “identifica” a otros. O hasta señala cómo fornican un par de moscas cerca de la cocina. Este brutal cómico sutil y delicado que hace de su personaje y de su interpretación un tributo a la feminidad de barrio… se llama Andy Barbosa en Relato para moscas y Esposas.

Lo mismo de un carnicero malabar (Carlos Acosta–Milián) que con sus pretensiones sádicas y próximas a la gesticulación circense borda un personaje lleno de terror de feria en Carne. Para denunciar posiblemente el terror real que hubo o que incluso resta hoy en la Cuba del “hermano”.

De Ariel Teixidó destacar coherentemente el alter ego de René Ariza si asociáramos como autobiográficos los relatos de El fantasma del puerco o Ser escritor. La carnalidad y desnudez de su cabeza e investido bajo un traje carcelario: adopta una presencia escénica como nunca la había visto en este actor cercano a la honorabilidad como loco “delincuente”.

Rosie Inguanzo se emborracha en el relato de Los Bravos y nos contagia la ebriedad a puntos de éxtasis con el público. Con su personaje de estirpe policial barriobajera y su tambaleo contenido “dispara” y delata todo lo que ocurre de la forma más divertida e histriónica en el bar donde suceden lo hechos: “A vé coñoooooo quien é homosexuá aquí”. Confesión pública: agradezco que esta mujer vuelva a escena después de su magnífico reingreso con Lorca con un vestido verde bajo la dirección sin fisuras en esta pieza de Nilo Cruz.

Quizás hoy más que nunca hay que felicitar a la persona gracias a la cual este proyecto toma luz. A la creadora y productora de Arca Images Alexa Kuve así como a la dirección de On Stage Black Box MDC Auditorium por su línea de calidad demostrada a los largo de los últimos años. ER

 

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