BORGIANA Y OTROS MICRORRELATOS. Ernesto Tancovich

Publicado el
Alberto Breccia Dibujante de comics argentino (1919-1993)

Borgiana

Había fatigado sombras apenas vulneradas por amarillos del ocaso, por algún brillo de acero, por un candil; y sombras de sombras, anticipos de la vana sombra final. Ya la unánime noche cae sobre la palabra, desmantelando las frases. Ya devora el corralón, una manzana entera, los arrabales últimos, la candente memoria de una espada. Ya el tiempo abre sus innumerables fauces, ya despliega en abanico los infinitos anaqueles de un incierto paraíso. Quedan al arbitrio de nuestro olvido unos papeles, fotografías, la reciente lápida, los nombres del Otro.

 

El Minotauro Pintura de George Frederic Watts (1888)

Ariadna

Han transcurrido dos jornadas sin noticias. Sola, ante  la boca del laberinto, ve caer la tercera noche. Ya no espera.  Decidida, sigue la intrincada senda hasta el final del hilo. Allí está él, sombra entre sombras. “Estuve pensando”, le oye decir. “Muerta la bestia,  este podrá ser nuestro lugar”. La voz suena extraña. Las manos  suben a explorar el rostro. La enorme mandíbula, los belfos resoplantes, la cornamenta.

 

Viva la Santa Federación (1960) Pintura de Luis Felipe Noé (Argentina- 1933)

Borgiana dos

Los montoneros de Aldao le dan alcance. Ya acorralado, ve de pronto abrirse  el muro, lo atraviesa, respira. Del otro lado quedaron el estampido de los pistolones, la gritería, los vapores de vino rancio y sudor. Se interna en otra noche, de pasadizos y cuartos incógnitos, atormentada de ruidos nunca escuchados, de relampagueos. Desconcertado, vacila entre los fantasmas chillones que se agitan en el rectángulo de luz y los ojos de la tía Edurnes. Ella, que ha presenciado cosas raras en dos continentes, repara en esa mirada de loco que dispara a todas partes sin hallar asidero. “Señor”, le advierte, molesta por la intromisión, “ha equivocado usted el camino. Por aquí no es”. Entonces Francisco Narciso de Laprida, que en olvidada tarde invernal ha rubricado la independencia de unas crueles provincias, desanda la noche, vuelve a trasponer el muro, lo siente cerrarse  a sus espaldas, despierta. Las erróneas visiones del sueño se desvanecen. Y en un vendaval de alaridos, pólvora y cuchillos retorna la historia.

 

© All rights reserved Ernesto Tancovich

Ernesto Tancovich  (Buenos Aires, 1945) Escribe desde 2013. Entre sus premios cabe consignar Finalista y Mención Premio Provincia Córdoba por El niño stalinista (poesía), Finalista y Mención Universidad de Cali por Las playas del tiempo (narrativa)  Ha publicado en diversas revistas, Los Heraldos Negros, Monociclo, Papeles de Mancuspia, Pedes in Terra , Cuentos del Andén, Los palabristas y, frecuentemente en Monolito.

 

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