SOBRAN PALABRAS. Un film de Nicole Holofcener

Sobran palabrasTítulo original. Enough Said .Año 2013. País Estados Unidos. Director Nicole Holofcener. Guión Nicole Holofcener. Música. Marcelo Zarvos. Fotografía. Xavier Pérez Grobet. Reparto. Julia Louis-Dreyfus, James Gandolfini, Toni Collette, Catherine Keener, Ben Falcone, Tavi Gevinson, Tracey Fairaway, Eve Hewson, Anjelah Johnson-Reyes, Toby Huss. Web oficial http://www.enoughsaidmovie.com/

Sinopsis

Eva (Julia Louis-Dreyfus), una madre divorciada que trabaja como masajista, ve con temor la inminente partida de su hija a la universidad. Al mismo tiempo que tiene un idilio con Albert (James Gandolfini), un hombre dulce y divertido que también padece el síndrome del “nido vacío”, hace amistad con Marianne (Catherine Keener), una clienta que es poetisa. Cuando Eva conoce la verdad sobre el ex marido de Marianne, empieza a albergar dudas sobre su relación con Albert. (FILMAFFINITY)

Dos razones me impulsaron a ver este sencillo film. La muerte relativamente reciente de James Gandolfini (The Sopranos) y su posible juego con Julia Louis Dreyfous, mi enamorada de Seinfield. Dos auténticas fieras que hace más de tres lustros, animaron a que yo hablara inglés cuando llegué a este país.

La película arranca bajo el signo laboral y periódico,  a la hora de presentar los personajes y las situaciones. Y no voy a negar, que la primera media hora pudiera ser el primer capítulo de una teleserie. Voy a confesar, si no fuera por quiénes lo interpretan y los detalles emocionales que registran en sus rostros, este inicio pudiese ser hasta aburrido. ¿Pero entonces por qué escribir sobre la misma?

Hay tres ideas que yo encontré una vez acabado el film: Una historia posible contada con naturalidad. Un tema con distinta óptica: La pareja es un acoplamiento del uno + uno y no una naranja partida. Y una interpretación simplemente excepcional, porque los personajes son ellos mismos.

Una historia contada con naturalidad

Siempre he pensado que, en cine, “lo fácil” de la vida real es difícil de traducirlo en la pantalla. Naturalmente porque lo fácil, se puede confundir con un reduccionismo de “coge la cámara y graba lo que está pasando”. Y Nicole  Holofcener va escogiendo los sumandos escénicos muy delicadamente y, al final, el resultado es una historia que ocurre en la sala de un comedor, en varios sofás,  dos patios (a destacar cuando Eva y Albert se miran y se tocan los pies mientras conversan en el césped del jardín), un restaurante, en la parte delantera de un coche (hay un momento muy emotivo que él le dice a ella enfadado porque lo humilló en una fiesta: “Esta noche no me quedaré a dormir contigo”) y en el trabajo, básicamente. Las conversaciones son de lo más simples y todo adquiere esta pátina, donde uno acaba prestando atención al mensaje final: No hagas caso de los comentarios de la gente si te quieres a una persona…descúbrelos por ti mismo. En fin, una historia romántica muy, pero que muy americana, yo que provengo del viejo continente lo confirmo. Donde los tintes de cariño y comprensión están en cada línea del diálogo.

La pareja no es una naranja partida en dos

En el siglo XXI lo que se acopla para unos, posiblemente para el otro ni le sirve. Tu pareja es gordito (Albert), viste informal para tomar el brunch en domingo y a ella (Eva) no le gusta. Tiene 30 botellitas de enjuague bucal en el baño, y una colección irracional de cepillos de dientes. Hay momentos que su peso te ahoga al hacer el amor. Y, además, cuando come los entrantes sólo agarra el guacamole y deja la cebolla apartada en el fondo del pozuelo como un guarro. Ella hace masajes “ a veces los clientes se excitan conmigo”. No se entiende con su hija. Se hace la modosita y la madre de la mejor amiga de su hija la llama “marimacho”. Eva ha hecho un error con Albert. Hacer el juego doble con su exmujer, una poetisa que vive de sus obras y que habla mal de su exmarido (Albert) Y que causa la rotura de las relaciones. Al final se demuestra que una pareja no es una tuerca al tornillo, sino que puede ser perfectamente peras y olmos en un huerto. Solo hay que tener buen corazón en ello para seguir, incluso, sabiendo que hay muchas cosas que ni te gustan y  que además te molestan.

La interpretación

La interpretación es extraordinaria por lo natural y orgánica a medida que avanza la historia. Galdonfini hace de él mismo: un ser tierno muy a lo que sería un teddy bear. Hombre sencillo y afable capaz de narrar una anécdota  (él trabaja en el Museo de Historia de la Televisiòn) y hace disfrutar a su audiencia de los programas favoritos de su infancia. Y Julia Louis-Dreyfus de adulta simpática, positiva, juguetona, algo coqueta y de una felicidad ligada a las labores caseras, familiares, y a lo cotidiano. Los primeros planos de ambos, son reliquias del buen hacer actoral.  Y las escenas escogidas por la directora, hacen del simple hecho de sentarse ante la puerta de entrada a conversar, una postal romántica sin añadir ninguna tontería gratuita para justificarla.

Una de esas películas que hay que verla un domingo por la tarde, antes de que el vacío se apodere de uno. ER

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