¿RECHAZADOS O ACEPTADOS? Obra plástica de Aarón Pérez

¿rechazados o aceptados? Autor Aaron Pérez

Sala d’Exposicions Lluïsa Franch

Cotxeres de Sants. C/Sants,79

Barcelona

Desde la calle, la mirada hacia el interior de la sala te atrapa como peatón. Entras. Un niño recogido en sí mismo acerca su mano para ofrecer migas de pan a unas palomas que circulan a su alrededor. El espacio teatral de esta instalación se sitúa dentro de la propia fantasia que elijas: el suelo de un parque, un jardín, la terraza vecinal o aquella plazoleta contigua a tu domicilio … sirven al público de enlace en su lectura.

Tú eres el sujeto que inicias la fábula para volver a la infancia o, si me apuras, uno es el padre o el abuelo que revive algo tan común como alimentar a estos pájaros a través de la intervención de tu hijo o tu nieto en este espacio.

Y ahora, ante esta escena, dos preguntas: “¿venid y picoteais? O, por el contrario: ¿queréis huir y os abstenéis de lo que os ofrezco como alimento?” Podría decir el niño a  las aves. Una metáfora sutil. Aplicable hoy a cualquier ámbito de la vida cotidiana bajo la tentativa inocente de un chico que se acerca a ti. Transferible también, a la mirada, en el perímetro de seducción por un amor. A una ayuda al amigo necesitado. El inicio de un engaño sutil para alcanzar un fin … O una trampa frente a una falsa inocencia.

Repito: dos miradas.

De la madera en diferentes esculturas movibles  -se aprecia una gran calidad del autor en su trabajo formal- el niño ocupa la función protagonista. Un párvulo que, desde la ternura y el juego iniciático, se recrea a sí mismo con su acción. Las palomas, en cambio, son personajes en el mismo nivel coral que su héroe. Cada una con diferentes actitudes: arremolinadas por el frío, unas …o asustadas por el alboroto, otras. Sin embargo, hay otra figura inseparable: un silencio escultural bajo el tono de un aire que ayuda a meditar esta “misa urbana” oficiada por un púber ante sus acólitos.

Su creador nos permite contemplar estas efigies frente a sus idas y venidas en busca de alimento. A veces, percibimos en sus facciones de la cara y el pico, un cierto sufrimiento en busca de comida sobre el asfalto.

Si bien opino que debería haber trabajado más la iluminación para que estuviera dentro del lenguaje visual, quiero dar valor a esta mezcla de naïf y expresionismo “sucio” -en el sentido positivo- que nos permite como espectadores sensibilizarnos ante una historia llena de realidad y ambivalencia en su título original.

La historia del arte nos aporta un sinfín de volúmenes en mármol, bronce y otros materiales donde los niños son protagonistas. Desde la etapa helénica o romana con El niño de la espina, el Hércules, un impúber seduciendo a una serpiente, la Pequeña bailarina de E.Degas, el homenaje de Marie Uchytilová a la matanza durante la II Guerra Mundial en el pueblo de Lídice, cerca de Praga, donde murieron 88 niños, hasta la pieza mastodóntica e hiperrealista del Niño gigante de Robert Mueck.

Conclusión: siéntanse rechazados o aceptados. En escena, observen los supuestos diálogos.Y háganse preguntas desde el recuerdo como adultos, hoy. No duden tampoco en visitar el blog de Aarón Pérez si es de su interés conocer su obra. ER

http://aaronperezsilva.blogspot.com/

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