Quisiera Quererte Querido (QQQ). Federico Roca. Dirección Leandro Fernández

QQQLugar: El Bar de Teatro para Todos Dirección: 3119 Coral Way, Miami, Fl, 33145.www.teatroparatodos.net. Horarios: Viernes y Sábado 9:30pm

QQQ es un EEE

Son las 9:45 pm.  Una mesita hermosamente pequeña y redonda me espera. Una etiqueta grande identifica mi nombre “Eduardo…crítico”. Dejo mi libreta y mi bolígrafo en el tapete. Cuando me siento cierto público llama mi atención (…percibo vergüenza dentro de mí ). Pido una copa de merlot al mesero. La mirada de la mujer que se sienta en la mesa de al lado requiere una pregunta “¿De qué va escribir usted?” me dice bajo la seducción que da la poca luz del lugar “bueno…empezaré citando su pregunta en mi reseña ¿le parece bien? “. Entonces cambia su faz de diva y me contesta “Qué absurdo …¿no?“

También lo fue la actitud de Vladimir y Estragón cerca de un árbol mientras esperaban que Godot les solucionara todo, bajo la pluma de Sammuel Beckett. O el diálogo inconexo y atemporal del Sr. Smith y la Sra. Smith en La cantante calva de Jean Ionesco. El teatro del absurdo -termino que acuñó el francés Martín Esslin en 1961 en un ensayo bajo el mismo enunciado-  pretendía develar el vacío, o mejor dicho, lo vacuo de la existencia y los valores que la sostienen: Dios, la fe, el destino, la supervivencia, la estupidez de la alegría, el idilio con el poder, o la propia farsa para creerse hechizado por el amor. QQQ es una obra del uruguayo Federico Roca que sigue está última directriz y que, como otros autores como el cubano Virgilio Piñera, el español Fernando Arrabal, o el catalán Sanchis Sinisterra, han dado lo mejor de síen este género en nuestro idioma.

QQQ

La pieza se sitúa en la barra de un bar a mediados del siglo XX en EE.UU. Una mujer Maggie (Jeanette Lehr), acude al lugar donde siempre le atiende el camarero Robert (Ariel Teixido), un cuarentón apuesto y amante suyo en el pasado. “Un Martini por favor”. El susodicho no está, y lo despacha Willie (Roberto San Martín) “¿ con una …o con dos cerezas?” un veinteañero con el brazo herido y una voz afeminada. Un personaje dispuesto a cambiar su discurso y su tono, según los deseos que tenga su cliente. Se incorporará más adelante Sally (Saida Santana) “Un gin-tónic por favor”. Sally reconocerá a Maggie como una antigua amante, gracias a unos pantalones horrorosos que lucía cuando la conoció. A mitad de la obra, entra un director de teatro, Orlando (Mauricio Rentería), para introducir a los personajes de Shakespeare en la farsa. Y casi al final el Joven (Boris Roa) que implementará, aún más, una dinámica a los amores posibles entre los propios personajes que allí aparecen.

Si bien este género teatral no soluciona conflictos -mas bien es una suma exagerada de ellos- si me gustaría citar algunos diálogos Sally: Oh, vamos, me conoces perfectamente, soy Sally…Maggie: Pues no, no tengo ni idea de quién es usted…Sally: ¡Descarada! Eres Gillian, treinta y dos años, de Chicago.  Y buscar el sentido crítico de la obra en sí, con respecto a un tema, en mi opinión central, en las relaciones humanas que plantea el autor: el cambio de identidad para conseguir “el deseo” pretendido.

Foto Harry Castiblanco

EEE

Este acrónimo en un juego de tres letras, para una lectura muy particular a la obra que he hecho QQQ es un EEE : Excelente Elogio al Embrollo.

Excelente. Porque la dirección lo es (Leandro Fernández). Lo es por la casi perfecta coordinación coreográfica a la hora de moverse los actores en el bar y su espacios adyacentes. Por la velocidad que requiere el texto a la hora de interpretarlo sin apenas solapamientos (Osvaldo Strongoli asesoró en la dirección escénica).Regir este cotarro en pleno delirio amoroso, podría caer en el aburrimiento sino se vigila el ritmo. Las risas continuadas desde el público, reafirman lo que dijo el director al final: “No sé si han entendido algo…nosotros tampoco. Pero les confirmo que el equipo lo ha pasado muy

bien haciéndolo”.

Elogio

Elogio al buen actuar en este embrollo. El teatro del absurdo tiene tres direcciones de atención aseguradas: la estupidez en sí misma y aparente del texto, la originalidad de la escenografía como segundo lenguaje, y/o el buen quehacer actoral del elenco si lo consigue. Del primero hablaré al final, del segundo solo decir que se aprovecha un espacio existente con inteligencia, pero del último lo hago ahora.

Yo disfruté con los tonos bien histriónicos, y radicales de la excelente Jeanette en Maggie. La singularidad masculinizada de Sally donde Saida se ve que deja su piel en el personaje. El amaneramiento volátil y sus distintos “yoes” cómicos detrás de la barra de Roberto . El buen papel como rompecorazones y tanguista seducido de Ariel. Las salidas iluminadas bajo la influencia de Shakespeare de Mauricio. O la entrada sencilla y bien resuelta, en la última etapa del Joven Boris con su maleta a cuadros.Embrollo

Si bien es cierto que me reí y a gusto…lo hice en contadas ocasiones. No voy a negar que lo que me gusta de QQQ, es este embrollo – revoltijo, galimatías, desorden textual etc. – de Federico Roca. Y de éste, la manera que trabaja el subtexto es precisamente lo que me llama la atención. Este canto a la promiscuidad sin lugar a dudas. El público conservador lo vivirá como un alegato a la denuncia, o a lo imposible. Pero el liberal que les escribe esta reseña, lo interpreta como una oda o, como mínimo, como una puesta en escena de una realidad a ser pensada. La promiscuidad, en mi opinión sin la connivencia del pecado, aparece aquí bajo la metáfora de la coctelería. Un espacio escénico idóneo para desatar mil y una maneras de amar. Eso sí, contada bajo un estilo de parodia mordaz y cruel, que es el que nos ofrece este género teatral. ER

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