PERDIDOS EN EL MAR. Koubek Center. Bienvenido el Teatro del Absurdo a Miami

Perdidos en el marAgradezco a la compañía dirigida por Jorge Herrera y al Centro Koubek por una puesta arriesgada. El teatro del absurdo es un género más ligado a la formación del actor en sus ensayos académicos y escasamente visto y celebrado  en esta ciudad –recuerdo un Esperando a Godot magnífico en un espacio escénico improvisado, desde un primer piso de la calle 8, a cargo de Jorge Hernández. Poner a prueba a la tan aplaudida “comedia de enredos” que hoy se extiende como la pólvora en Miami -sin negar los que con su esfuerzo la honran- es, de por sí, un reto que particularmente yo, y la revista cultural que represento, Nagari, valoramos.

 

En Perdidos en el mar, el teatro Koubek se convierte en un black box grande. Una plataforma cuadrada representando a una balsa, un baúl y cuatro elementos en su interior construyen una arquitectura de representación sencilla y útil. Dentro, tres personajes vestidos con camisa blanca, traje negro con pajarita y sus respectivos sombreros de bombín (Sansan, Jenny Ariza, Oliver Gutierrez) se someten a los vaivenes de un mar enfurecido en busca de su propia supervivencia: los alimentos se han acabado. La trama “lógica” de saber a quién se van a comer primero para no fenecer, es el relato propiamente dicho.

Siguiendo los cánones del teatro de Samuel Beckett, (“Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre”) Ionesco o Artaud los diálogos son la excusa para simbolizar varios temas. En este caso, “el-devorarse-para-poder-seguir-viviendo”, se vale de la mentira y la trivialidad de las estrategias políticas. Por un momento he pensado en la situación actual de Colombia y en cómo este tipo de teatro puede ayudar a las clases populares a tomar conciencia de su realidad cotidiana. No olvidemos que el texto acaba con la muerte de uno de los náufragos mientras que, uno de los supervivientes, al preguntarle uno de ellos qué ha pasado, le contesta “No te preocupes…él (el ahogado) como mínimo ha encontrado la libertad”.

En general hay un buen trabajo de corporalidad y movimiento en aquel pequeño espacio donde todo ocurre. Los actores trabajan bien la intersección entre ellos incluso un cartero-nadador y un lacayo que interviene en la obra. Aunque quizás yo me plantearía no empayasar (un neologismo que me acaba de ocurrir) la interpretación si exceptúo a Oliver Gutiérrez que lo equilibra muy bien y sin menospreciar a las dos mujeres (Sansan y Jerry Ariza) que interpretan a dos hombres con gracia y soltura. ¿La razón?…el diálogo en sí, provoca en su absurdidad, la risa. El tema del ritmo y la clausura de la obra -que a mi entender no está conseguida- quizás es otro aspecto a revisar. Habría que darle quizás un mejor protagonismo escénico a la sirena antes de encontrarse con el personaje para disfrutarla…desde “el supuesto real” que dirían los seguidores de Lacán.

Como he dicho al principio, doy las gracias a la valiente iniciativa de ambas partes: Al grupo teatral por proponerlo y afrontar el reto, y al Koubek Center y  a su director Arturo Morell por recibirlo. ER

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