PAVILLION 305. Dirección General. Neher Jaqueline Briceño, Jorge Hernández. Teatro Adriana Barraza Black Box

PAVILLIONPAVILLION 305

Monólogos desde el manicomio

Dirección General. Neher Jaqueline Briceño, Jorge Hernández. Elenco Lina Echeverri, Pedro Loforte, Lina de la Pava, Adriana Bermúdez, Luisaylen Urdaneta, Miriam Benard, Mario Dusper, Claudia Valencia, Luis Acosta, Mabel Leyva, Roberto Pichardo, Angelina L Catledge, Alina Robert, Ivonne Vela..

En el folleto de presentación del II Muestra de Monólogos Pavillon 305 aparece primero una cita provocativa de Beckett que nos anuncia el tema que se va a tratar en la obra: “Todos nacemos locos…algunos continuamos así siempre”.

A partir de aquí, nos adentramos en la sala de un hospital psiquiátrico vacía que se va llenando a medida que nosotros, los espectadores, somos conducidos por distintos enfermeros a nuestros respectivos asientos. Al poco rato, aparecen los pacientes Theo, Loli, Aurora…algunos nos miran con desprecio o dolor. Otros desde una sonrisa “porqué-sí” o desde la incredulidad y Tita (Celina Bermúdez) con sus medias rotas y una pluma de india incorporada, lo hace quitándome la montura de mis lentes rojos y confrontando pupila a pupila su sorpresa.

La directora del hospital (Lina Echeverri) anuncia que va a ver un concurso de talentos aprovechando el día de la Hispanidad. Todos estamos preparados: ellos y los espectadores. Empieza la función. Cada uno irá dialogando con uno mismo  de una manera espontánea declamando textos de Darío Fo, García Márquez, Nilo Cruz, Benedetti…Al final, todos los participantes recibirán una medalla; nosotros también: el dolor y la verdad que se internaliza desde la enfermedad mental y la satisfacción por haber dejado los actores y el equipo la piel en ello.

Arrancó la 301, Miriam Bernard, una delicada y sufrida abuelita “Lo único que quiero es que me escuchen”, con un texto de Alberto Drago uno de los fundadores del teatro independiente argentino. Siguió el 302, Mario Dusper, en su silla de ruedas interpretando sin fisuras y bien orgánico a Tavo, un loquito mentiroso y seductor que, levantándose de la silla como un andante normal, nos dice ante el público “Esto es teatro qué se pensaban…ja ja ja”. La enferma 303, Julia, la actriz Claudia Valencia, conspirando con gran sostenimiento y desfachatez contra el amor puro “Nada se parece más al infierno que un matrimonio feliz” desde Diatribas, un texto de García Márquez. Lucho Acosta, el enfermo 304, se sube a una balsa y desde la desesperación que crea la inmensidad del mar, (Bicycle Country, Nilo Cruz) nos dice como un auténtico y bien interpretado esquizofrénico “mi mente me ha abandonado”. La puta en el manicomio de Darío Fo uno de los monólogos feministas más representados en el mundo teatral de este autor, corrió a cargo de una prostituta llamada Loli, Mabel Leyva, “con lo que a mí me gusta que me llamen puta”. Nunca había visto a Mabel en escena con estos registros tan auténticos llenos de vicio, venganza y enajenación que requiere un personaje como éste. Theo es el enfermo 307, Roberto Pichardo, desde un nostálgico y perturbador recuerdo infantil lleno de felicidad-y-zapatitos, nos confiesa con una imagen bien lograda de maléfico “Todo es mentida…yo nunca fui de vacaciones…yo nunca nací”. La 307, Angelina L.Catledge, apareció en un principio como jefe indio de una tribu sioux. Lenta y discretamente, sin que nadie se diera cuenta y con gran profesionalidad, se transformó a lo largo de la obra en Madame Butterfly, “Mi error fue amar y querer a un hombre”. Una geisha que nos hizo vivir desde el silencio y el canto de Un bel di vedremo de la ópera de Puccini, la consternación por un amor que no regresará nunca más a su corazón. Alina Robert, investida de erotómana, donde todos la desean, destripa su pasión en escena bajo el texto de Corazonadas  de Mario Benedetti. Por último la 309, Ivonne Vela. Investida de “Juana la Loca” en sus atuendos. Aurora levanta sus faldas al público…y se olvida mientras monologa el texto “La amnésica” de Nayauri Jiménez. Su descaro y su desmemoria tienen un precio “creo que ya no estoy loca”.

Desde un concepto integrador y social a la hora de presentar un festival de monólogos,  y fuera del lamido concurso “…a ver quién lo hace mejor y se lleva el primer premio”, Neher Jacqueline Briceño y Jorge Hernández optan por un Marat-Sade. Esta obra del dramaturgo alemán Peter Weiss que aborda la realidad en tiempos de La revolución francesa. Ya no desde el hospital de Charenton, sino posiblemente de cualquier hospicio para este tipo de pacientes en Latinoamérica donde sus derechos no se respeten.

 Pavillon 305 se introduce, desde los monólogos bien escogidos, en la piel de la realidad actual de nuestra sociedad con respeccto a los enfermos mentales. Si bien pienso que hay demasiados actores “secundarios” para tan corto espacio escénico, y que los números ( 305, 306 …. etc ) desde su magnitud distraen los hermosos harapos que lleva el elenco, si quiero resaltar el trabajo interior  y riguroso de los actores así como las directrices coreográficas y escénicas a la hora de abordar los monólogos.

Pavillon 305 -espero que no corresponda a las cifras de teléfono de nuestra aérea- es otra de aquellas obras-de-ejercicio”  que a igual que Identidad deberían ser producidas y lanzadas tanto como piezas hechas en Miami como hacia festivales internacionales, aunque solo sea para que Adriana Barraza Acting Studio siga el aforismo de Beckett en su final “…algunos continuamos así siempre”. Nagari.

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