MIRADA E INSTROSPECCIÓN: POEMAS DE HÉCTOR MANUEL GUTIÉRREZ

           

                                     CORAJE DE LA MUSA

                                            Las penas que me maltratan, son tantas que me atropellan

                                                          y como de matarme tratan, se agolpan unas a otras

                                                                                                         y por eso no  me matan.

                                                                                                                                                                    Sindo Garay

 

Nunca podré saber, a menos que me lo diga,

qué daño tan grande le han causado.

Es tan constante ese dolor,

que el instinto le induce a tratarme con

desgarradora apatía y crueldad.

Circunstancias… temperamento, más que carácter,

me sugieren que nunca me lo dirá:

otra muestra de su actitud roedora.

Es como si se concentrara allí,

por alguna zona metafísica,

rumiendo en caótica amenaza,

ese rencor que consume y urde

los hilos de íconos consustanciales:

el génesis universal con sus etapas embriónicas,

el origen de cada especie,

la invención de la palabra “total”,

las teorías, con sustancias y tropos,

más las praxis de otras tantas.

 

Es en ese sentimiento donde se engendran por igual

espacios indelebles que nutren las gravitaciones,

las atmósferas, las caídas,

los terremotos y huracanes,

las epidemias, las guerras, las hambrunas,

fenómenos donde nunca falta la provocada ictericia del sol.

 

Desde ese punto carnal,

con primacía de centauro

y resguardado por el viejo Hermes,

que con usted y por usted se mueve,

se fabrican mutilaciones

intentos y abandonos, barbaries, mal de amores:

sentimientos aunados en odio hacia la tierra,

que ninguna culpa tiene…

para luego descargarlo en mí,

que estéril y débil,

subyazco, a tientas, bajo un suspiro…

a sólo dos segundos de mi ida.

 

 

 

 

CORVUS CORAX

Observo preocupado a los nuevos políticos:

oficiales y actores de pacotilla…

entre sí no difieren en absoluto.

 

Me los imagino tema obligado en una pintura neo-posmoderna…

y pienso: al hombre le tocó lidiar y luego convivir con los burócratas,

aquellos que, criados por desarrollo y función,

la fuerza  genética les impone un córvido apetito…

 

Abstraídos, persisten,

en apegarse a marcos que no son más que quisquillas de madera carcomida

enterradas en polvo creciente,

donde la brillantez de las plumas en negro sugieren aún más

que el total de las imágenes que ellos encuadran.

 

 

Con frecuencia llegan a alcanzar eso que buscan:

destruir lo que han logrado otros.

Algunos son idiotas, otros, tontos útiles.

De ellos no se aprende nada y sin embargo

se ganan el poder de impartir su ignorancia,

cosidos a una desmedida falta de eticidad.

Esa dañina escasez es la que trasciende,

no importa cuán poderoso el afán oximorónico .

 

 

 

 

                                     IDIOTEZ DE LA UTILIDAD

                                                                                                                     A Jorge González Guerrero

 

Nos movemos en pleno Imperio de la mediocridad,

mi querido Jorjazo.

Todo sigue un modelo mundial.

Primero se crean “crisis de la educación”

y con la excusa de eliminar esas crisis,

se privatiza la instrucción (educación para mí es otra cosa),

luego se va eliminando la docencia,

carne y hueso de la estructura.

Terminaremos a merced de las computadoras,

las corporaciones lucrativas

y la nueva burocracia que sustituirá a directores de escuelas

y presidentes de universidades

con individuos que impondrán e implantarán

los planes macabros de la llamada globalización,

que para entonces adoptará otro seudónimo,

con programas de nombrecitos simpáticos y engañosos.

Las naciones serán gobernadas por idiotas apoyados por tontos útiles.

Paulatinamente se irá eliminando la cultura,

el arte, la música, la escritura,

y… más que nada, la capacidad de pensar y discernir.

Para entonces todos seremos culpables

si nada hacemos…

será ya muy tarde si la conformidad nos conforta

e insostenible la lucha contra la irreversibilidad.

 

 

 

YO PROPONGO DESPOJAR…

 

A José Julián Martí Pérez

(La Habana, 28 de enero de 1853-Dos Ríos, 19 de mayo de 1895)

 

Mirad sus golondrinas: ahora caen en manadas agonizantes que tiñen el cielo de dolor.

¿Qué hay de malo en disgregar pájaros de etérea laboriosidad? ¿Por qué les disparáis?

¿Cómo os atrevéis a relucir trapos al sol de aquel que forjó lo que sois?

 

Bastante tuvo con inmolarse en cimientos de dignidad

(esa ingenua opción de hombre grande, ahora soslayada en manifiestos y doctrinas).

 

Bastante tuvo ya con el hambre:

no esa humillante literalidad de sus entrañas,

sino la intangible y uterina concepción de patria que lo consumía.

 

Bastante tuvo con tragarse la sed de nación,

llevarse consigo aquella voluntad de crear aforismos en la praxis,

dejarnos la fe de forjar quimeras que trascienden su noble naturaleza

y que tan poco respetan.

 

Yo propongo despojar a Martí de la vestimenta de pretexto útil

que le da la conmoción de la muerte,

la lejanía del tiempo… la apatía del destierro.

 

Siento los disparos de coetáneos arcabuces.

Escucho los impactos;

también los absurdos…

Ahora lo descuartizan; lo bambolean cual bolas en malabarismo

en este circo de risas que es el mundo.

Los que en él habitan,

todavía se esconden y se camuflan.

Los escucho…

 

todavía los escucho.

 

 

 

                                          AURORAS

 

Entramos ya al Imperio de la Mediocridad o de las Heces,

al paradigma de la literalidad (licencia poética);

al continuo minuto del poema que es la vida,

a la evocación, por instinto, de alguna carnal Edad Dorada…

en definitiva, retorno a los peculiares filamentos de mis nervios,

entidades que aún se adhieren a la defensa del honor que insiste

en ser honor, a pesar de los diretes.

 

Quizás tengan razón los que presagian un inminente conato apocalíptico,

ahora que amar es tan difícil,

ahora que nadie cree, nadie estima,

nadie espera un renacer o un mordisco a una allende utopía;

ahora que es tan denotativo el calor, escaso el aire,

y cuando pensar es cada vez más prescindible.

 

Mientras el palo va, la pala viene,

Y yo… me quedo ansiando conjugar el más perverso de los verbos;

resignándome a convocar a algún espíritu,

a aferrarme, con gusto animal a la alquimia de sahumerios axilares,

para luego freírlos en la incandescencia de la gente,

cada vez más lejana e intangible

o a cobijarme en la memoria de mis muertos

y terminar como ellos, donde no los vemos…

ni sabemos si nos ven.

 

© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez

Héctor Manuel Gutiérrez (Miami), es creador y criador de un sub-género literario que llama cuarentenas. Dentro y fuera de esta extraña y peculiar nomenclatura, cultiva e incorpora una amplia gama de tareas que abarca desde cuentos, espístolas y reseñas, hasta módulos de crítica literaria y poesía. Es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011, CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, agosto de 2015, y CUANDO EL VIENTO ES AMIGO, iUniverse, abril del 2019. Les da los toques finales a dos próximos libros, AUTORÍA: ENSAYOS AL REVERSO, antología de ensayos con temas diversos, y LA UTOPÍA INTERIOR, estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato.

 

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