LOS INFIELES. Adaptación de Clotilde en su casa de Jorge Ibargüengoitia. Dirección y adaptación Belkis Proenza.

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Los infieles

La casa del TÉatro  752 SW 10 Ave. Miami.  

Título Original. Clotilde en su casa 1955. Autor. Jorge Ibargüengoitia Dirección y adaptación (Los infieles). Belkis Proenza. Elenco. Luís Arcaraz, Verónica Abruza, Karina Domínguez. Heri Quiles.

“Todo lo interesante y divertido es pecado”

Hace aproximadamente un mes y algo Belkis Proenza, directora y propietaria de La Casa del TÉatro, utilizando su seducción de empresaria que cree en lo que hace, me invitó a ver “Los Infieles”. Una mirada de las mías que venía a decir “Estoy un poco harto de las comedias ligeras de Miami…pero a lo mejor vengo”  ( todo esto sin decirlo explícitamente…claro) hizo que no fuera al estreno.  El mismo viernes pasado, penúltima función, un actor amigo mío me dijo. “Vamos, porque si bien es una comedia con mucho humor fácil, tiene un tono distinto y hasta me han dicho que, incluso la tragedia, se respira por momentos”. Pues bien, antes que nada…disculpas. La obra me gustó por su planteamiento deliberadamente confuso en forma “de farsa a la mexicana” y tragedia-cómica al mismo tiempo. Y con un contenido crítico y compasivo hacia un tema: la infidelidad. Y hacia su víctima: el cornudo en este caso.

Clotilde (Verónica Abruza) es una mujer que vive en un pueblito rural de México con su familia e hijo. Infiel y a caballo entre varias realidades que le imponen su marido Roberto, un periodista de grandes vuelos (Luís Arcaraz), su metida y puritana tía (Karina Domínguez) y su joven amante Toño (Heri Quiles) intentará torear como pueda, su melosidad y pasión por él. Una cena con los miembros de su familia, iluminará un final que, si bien despierta jocosidad por su intención que no desvelo, yo lo sentí más cerca de la desdicha y la misericordia hacia el personaje de Roberto.

Jorge Ibargüengoitia, Guanajuato,  México, 1928,  fue un escritor que en sus obras siempre se respiró un cierto humor, rozando el sarcasmo y la crítica. Entre sus piezas destacan «El viaje superficial», «Pájaro en mano», «Los buenos manejos», «La conspiración vendida» y la premiada «El atentado».  Ibargüengoitia  empieza su carrera de Ingeniería y abandona sus estudios para dedicarse a la Literatura y al Teatro. Por unas declaraciones que hizo en una entrevista podríamos deducir, sin afirmarlo por supuesto, que algo del autor hay en el personaje de  Toño.

Crecí entre mujeres que me adoraban. Querían que fuera ingeniero: ellas habían tenido dinero, lo habían perdido y esperaban que yo lo recuperara. En ese camino estaba cuando un día, a los veintiún años, faltándome dos para terminar la carrera, decidí abandonarla para dedicarme a escribir.

La obra arranca con un danzón, hay corridos de por medio, y cierra el primer acto con música de toros. Una escenografía clásica (Alejandro Galindo) que recrea el interior de un domicilio mexicano con vistas a la iglesia y a las calles del pueblo, ambienta el lugar de una manera especial. Allí dentro se sucede una acción cargada de enredos, chismes entre tía y sobrina, cortejo entre los amantes,  y hasta cierta violencia de mujer a marido y viceversa.

Si bien la escena donde Roberto y Toño (Heri) – ahí es donde este actor muestra su mejor potencia como antagonista – se enfrentan a solas como rivales pierde un poco el interés, a mi entender, por el tema en juego: la vanagloria de Roberto como periodista, lo provinciano del lugar, y la insistencia de Toño para que “vaya a triunfar a la capital”. Decir que la desaparición tanto de la refunfuñona tía Nicolasa bien investida por Karina y de Clotilde (Verónica) -elementos frescos y vivos en la obra- quiero destacar que esta última a través de sus ojos, su ternura corporal, su escándalo y su ardor“ …de chiquita todo el mundo me quería manosear” borda el personaje con una naturalidad admirable y llena de verdad en su papel. Tampoco quiero que olviden la escena final cuando Luís Arcaraz, este magnífico actor mexicano, se emborracha por despecho. Allí es cuando un profesional se la juega. Y a mi me deleitó -y mucho- su nivel controlado de alcohol, pena y tontería, alternada a través de una pistola en la mano…Y dudando a quién de los presentes le va a tocar la ruleta rusa.

Sin ataúdes ni funeral, se encendieron las luces y los aplausos Nagari.

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