LAS CENIZAS DE ULISES Y OTROS POEMAS. Nilton Santiago

LA CENIZAS DE ULISES

Ahora lo sabemos, tu país era la sonrisa de Ulises,

la frontera más allá de la frontera,

donde las vacas y los cangrejos escapan de algún Chagall

y donde los autobuses, como hospicios para dramaturgos,

son misteriosos escarabajos atrapados en las autovías.

Sí, nuestro país es una nena de veintipocos que aún piensa que los chicos

creen en el matrimonio,

en esa luz que se parece demasiado al sexo de los ángeles.

Deberíamos dejar de hablar de nosotros,

del New York Times envolviendo los anónimos recuerdos de los campos de guerra,

como si fuesen pescado fresco,

allí donde los cascos azules caen como moscas

(total, por la cuenta que les trae a los banqueros y a los gorriones)

Por esos lares, los honorarios de las estrellas

son los mismos que el de los pájaros que brotaban de tu sonrisa

cuando éramos pequeños y los árboles recogían los frutos graves de la noche,

la frágil materia de las aves migratorias

(que también era la nuestra y la de las enfermeras de guerra)

Hoy he vuelto a casa, a la frontera más allá de la frontera

y tengo que decirte que los árboles son apenas un puñado de otoño

brotando de las chimeneas de los autobuses

(los árboles, que para nosotros eran mucho más que los sindicalistas de los bosques)

que Chagall está en paro,

que las columnas de rebeldes han firmado una tregua

con los murciélagos de traje y corbata

y que ya nadie me conoce, a pesar de que he preguntado por ti.

Déjame contarte que la clase media ha sido embotellada y arrojada por el retrete,

que nuestro amigo, el pescador, el que hablaba el dialecto

de las estrellas de mar,

ha dejado de beber, de colocarse y de hacer chistes sobre los conservadores,

y ahora lo ves deambular repitiendo una y otra vez

aquellas palabras de Céline:

“El amor es el infinito puesto al alcance de los caniches” y lo entiendo,

me pongo la chaqueta y, qué demonios, voy por cigarrillos

y una botella de ginebra.

Le hago otro flaco favor a mi soledad.

 

LA PARTE CONTRATANTE DE LA PRIMERA PARTE…

Parecería ser muy arriesgado citar de memoria el canto de una pareja de mirlos para darte los buenos días, pero no lo es tanto si piensas que cada noche un país cambia de sitio para despistar a los hombres del tiempo o que un hombre llamado Charles Osborne tuvo hipo durante 69 años. Bajo este orden heideggeriano de ideas, el amanecer puede ser una dama de buena familia que abandona los prejuicios de no dormir con los calidoscopios puestos para traernos a la cama un plato lleno de besos. A este poema le calculo unos siete días de caducidad si no lo pones en la nevera de tu corazón, sé que no aprendo y que el vuelo más largo que ha hecho una gallina es de 13 segundos, pero eso no quiere decir para nada que aceptes ir a mi casa y que luego la abandones subiendo por los peldaños de las estrellas mientras que me voy a preparar las copas. Sé que detestas que te escriba un poema político cuando aún no me he quitado el pijama, pero ya lo sabes, si supiese el camino hacia el infinito hubiese empezado por morderte la sonrisa o, simplemente, hubiese sobornado a un par de ángeles para que me dejen entrar en tu cama. Es ser muy de izquierdas creer que no me juego el pellejo cuando te toco el fin de la espalda para sentir el inicio del amanecer, pero espero que lo entiendas, así somos de zumbados los marxistas (es decir, los seguidores de Groucho) y no temas, a lo mucho confiscaré esas lágrimas tuyas que endulzan la miel de las colmenas. Decir Mandrágoras es lo mismo que decir jardín misterioso, decir jardín misterioso es entrar a escondidas al espejo de tu habitación y jugar al dominó con tus pecas. Ya lo sé, nunca las segundas partes fueron buenas: la luz ha vuelto a subir este invierno, Rusia ha recogido sus enjambres de gas y no hay nadie en Europa del este que no sepa que los hombres son 6 veces más susceptibles de ser golpeados por un rayo que las mujeres. Hace exactamente un minuto han secuestrado el pensamiento de un árbol que se negó a ser talado en Brasil y hace unos segundos se acaba de caer el resto de este poema de la hoja de papel, felizmente sólo era la parte contratante de la primera parte de otro poema que jamás ibas a leer, para qué engañarnos.

 

EL INSTANTE ANTERIOR

Poco después de que el papa Calixto III excomulgara al cometa Halley

por considerarlo un emisario del mal,

Leonardo publicó su Códice sobre el vuelo de los pájaros y se convirtió en vegetariano

también Yourcenar, Milton y Blake

se negaban a comer la agonía de los pájaros y de las reses

o la soledad de los animales domésticos

de todo esto me acordaba yo en un restaurante chino

de esos de “come todo lo que puedas” por muy poca pasta

y donde se comen hasta plantas carnívoras

o la esquizofrenia de las ranas.

Pero no, este no es un poema que disecciona otro poema

que habla sobre la soledad de los peces en un restaurante chino;

es ir a cenar después de hacer la compra con cientos de gorriones

escondidos en la boca

es cerrar los ojos como una flor recién cortada.

Cómo no ir a cenar o de compras –me dices-  y ver pesar el corazón

de las amas de casa

en la báscula de la memoria de las secretarias de los banqueros.

Cómo no escribir este poema que no es un poema

sino una declaración de amor de la lluvia en el lomo de las ciudades

-te respondo-.

Es cierto, este poema no lo había escrito nunca

porque temo los restaurantes

temo los armarios llenos de la tierna enfermedad de los ángeles

temo a las investigaciones judiciales

esas que empiezan con grandes redadas

puertas tiradas abajo

rodillas de hierro sobre las blancas espaldas de las chicas de los zoos

y que suelen terminar con un sobre lleno de dinero

en el cajón de un despacho

otra raya de cocaína que se esfuma de un paso de cebra.

Pero da igual, este poema no es para hablar de mí

ni del Códice sobre el vuelo de los pájaros

(y menos de las chicas de los zoos, dignas como “la copa de un pino”)

es para que olvides el terco sindicalismo de los peces

en los restaurantes chinos,

es para diseccionar la flor recién cortada de tu memoria

sin pájaros.

No, este poema hace mucho que no te pertenece,

-me dices entre sonrisas- hoy por hoy, el comunismo es muy naïf

y yo pienso, caramba con esta chica,

no hay niñas bien que por mal no vengan.

 

EL EQUIPAJE DEL ÁNGEL

Hay algo de estrellas isotónicas en el corazón de las amas de casa. Hay algo de Tim Burton en la mirada de los perros lazarillos y hay algo de tu corazón en las gasolineras de mi corazón, creo que esa es la ecuación perfecta del amor salvavidas para entrar en el mar y salir por debajo de tu cama. Incineradas las palabras, incinerado el contenido de las palabras mejor dicho, vuelven los significados a tener sentido entre tus labios, vuelve la partitura del silencio al pico del ave de la melancolía y finalmente vuelve el ave de la melancolía al viejo bestiario de los animales solubles. Nos gustamos tanto que nos hacemos la vida imposible. Sacamos a pasear a la correa y dejamos al perro en casa, nos limpiamos la soledad con un pañuelo desechable y compramos billetes para el atardecer que cada día se proyecta desde la comisura de tu boca. Debería ser ilegal que tus minifaldas saquen a pasear a tus piernas cuando aún no nos hemos recuperado de ver cómo te tomas el café mientras te fumas la soledad del mundo. No hay analogía posible entre una ballena en una pecera y mi corazón en una lágrima de manatí pero no está el agua para peces llorones ni mucho menos yo para creer que esta es la última vez que te veo invitarle copas a otro. Así que anda con cuidado, que mi buen humor es sólo edulcorante. Una vez, en Madrid, nos bebimos hasta el agua del florero con el hijo del panadero y una docena de sonrisas se llovieron sobre el compromiso civil de los pájaros con los ornitólogos, otra vez, en Lima, vi caer la nieve del telar del sastre de los meteoritos sobre los párpados de una sueca con la que pase la noche vendiendo miel a las abejas y ayer una declarada comunista (Sophia “la Lechuza”) me tendió una trampa: me dijo que cerrara los ojos y vería llover detrás de sus ojos y de pronto me vi cara a cara con el ángel fumador tocando, con su violín de terciopelo, el himno del sindicato para la liberación de las rosas ¿que por qué te cuento todo esto? Yo lo que me pregunto es por qué dosificas tu buen humor y descongelas tus palabras en el microondas cada vez que llueven ranas en la localidad húngara de Ràkòczifalva. Ya sé que me lo has dicho, nuestro amor es un malentendido y quieres que te firme los papeles para dejar de enrollarnos. Aquí los tienes: este poema va en el equipaje del ángel que te susurrará al oído que no le doy permiso a tu corazón para olvidarme.

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Nilton Santiago (Praga)NILTON SANTIAGO (Lima, Perú) es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas y autor de “El libro de los espejos” (2do Premio Copé de Poesía 2003 en su XI Bienal) y de “La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad” (II Premio Internacional de la Fundación Centro de Poesía José Hierro). Recientemente ha publicado “El equipaje del ángel” (XXVII Premio TIFLOS de poesía, Visor Libros, Madrid, 2014) y ha quedado finalista de la última edición del Premio ADONÁIS de Poesía 2014. En la actualidad reside en Barcelona.

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