LA VENUS DE LAS PIELES. Un film de Roman Polanski

la_venus_de_las_pieles-cartelLeopold von Sacher-Masoch 1836-1895 , escritor austriaco siguiendo su trayectoria existencial de abordar lo que todo ser humano se pregunta en este mundo,  quiso escribir una seria con seis temas ligados al apellido que Dios maldijo en los orígenes del hombre. Le puso a esta saga El Legado de Caín : el amor, la propiedad, el estado, la guerra, el trabajo y la muerte fueron lo tratado. Si bien no lo pudo terminar,  con respecto al primer tema si lo hizo y escribió La Venus de las Pieles (1870), su novela más polémica y conocida. Obra que ha dado pie al famoso concepto de masoquismo, relacionado tiempo atrás a una enfermedad ligada a la Psicopatìa sexual (1866) inventariada por Kraft-Ebing por lo que les sucede a sus personajes. La sumisión, obediencia y castigo que imparte Wandaf von Dunajew al protagonista Severin won Kusiemski es patente en un diálogo

“ El dolor posee para mí un encanto raro y nada encienda más mi pasión que la tiranía, la crueldad, y sobre todo la infidelidad de una mujer hermosa”. Wanda le responde: “Tengo miedo de no poder hacerlo, pero lo ensayaré por ti, mi bien amado”.

Roman Polanski hace una excelente adaptación cinematográfica del autor teatral David Ives, que a la vez este la toma de la novela del escritor austriaco. En pantalla, dos grandes actores del momento de la escena francesa: su mujer y objeto sexual en su película Lunas de Hiel (Bitter Moon) Emmanuelle Seigner y otro gran divo, y magistral actor, Mathieu Amalric, en la muy recomdeable película la Scaphandre et le Papillon un film de Julian Schnabel, interpretando a un parapléjico que solo tiene opción a vivir si es asistitdo.

La puesta en escena de La Venus de las pieles  ocurre en un teatro de Parìs donde un autor y escenógrafo llamado Thomas  (Mathie Almaric)  ha puesto un anuncio de casting para buscar a la actriz que va a interpretar a Wanda (Emmanuelle Seigner).  Ya a punto de marchar a su casa, el director decide escuchar a su última participante que llega tarde en un día donde Parìs se ahoga en lluvia bajo una noche de tormenta.

Ella va vestida con falda de cuero negro, liguero y un collar de perro anudado al cuello. “Todas las que llegan, piensan que esto es una obra porno. Y no lo es….es una historia de amor entre dos personas” le contesta Thomas.  “ ¿Ah sí? Un historia de amor donde la mujer le azota hasta la saciedad y le manda firmar un contrato para que sea su esclavo…¿Consideras esto una historia de amor?”.

Al cabo de uno minutos Wanda se pone un traje de la época y empieza con una voz dulce y sensual a declamar las líneas que corresponden a su personaje . Thomas se queda sorprendido y  empieza una función donde la realidad que viven los dos actores se entremezcla con la de los personajes de la obra de Sacher-Masoch. El resultado una excelente pieza teatral filmada en su parte de ensayo, es decir bajo la espontaneidad, paradas actorales y desequilibrios que conlleva estar en el set, antes de estrenar una obra. A tal punto que la única critica que le hago es: teatro bien filmando pero no película ( que no quiere decir que no sea una gran historia a contar y por lo tanto a ser publicitada).

El guión de David Ives es inteligente y lo posiciona en un  hecho real donde se narra el día a día de un casting, en este caso, con una audición muy particular y única al estar encerrados en la platea del teatro: autor  e intérprete. La resolución del conflicto si bien algo previsiva, al menos bien temporalizada en el último acto. La última escena muy ligada a la primera cierra un acto de amor entre amo y esclavo, si bien subyace un discurso feminista demasiado explícito en el mensaje. Pero nadie se escapa de preguntarse al final: ¿Por qué se han invertido los papeles?

Una confesión ligada a la ética de mi crítica: La primera vez que la vi me dormí. Así como suena. Tal fue el enfado de mi compañera que me obligó a verla dos veces. La segunda me enganchó a tal punto que paré el dvd varias veces para deleitarme en los diálogos y los cambios de voz que me sumergían, a veces en el texto original del aristócrata, y en otras en los discursos que había elaborado David Ives para los dos actores.

Sacher-Masoc antes de morir pronunció estas palabras: aimez-moi. Yo confirmo que, si bien tiene el sello de lo particular con relación a este sentimiento, La Venus de las pieles es una magnífica historia de amor.

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