JOSÉ REVUELTAS: EL PROFETA DE HOY. Marco Antonio Cerdio Roussell

 “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”

¿Quién es hoy José Revueltas? ¿Es el militante juvenil del Partido Comunista Mexicano, el hereje múltiple que un día milita en el PPS, otro forma el Partido Obrero Campesino  de México y, tras militar en la Liga Leninista Espartaco, termina siendo una referencia intelectual para los jóvenes del Movimiento del 68? ¿Es el hombre mayor que reunió en su sepelio a la juventud y cuyo nombre fue convertido en leyenda tan verdadera como la petición a Bravo Ahuja, secretario de Educación Pública, para que se retirara de ahí, de un evento que no era suyo? ¿Es el escritor ya finado que Octavio Paz evoca como necesario crítico del comunismo desde la izquierda en alguna entrevista de principios de los noventas?

Siendo un pensador complejo, disidente múltiple en un país que gusta de la unanimidad, terco promotor del estudio de los clásicos de la filosofía y la política (¿Cómo aproximarse a Dialéctica de la consciencia?) por fuera pero en diálogo con la academia universitaria, Revueltas resulta a veces una figura que ciertos sectores gustarían de ver reducido a una estampa de libro de texto o a un busto de bronce, una proyección gris del árbol verde de la vida, despojada de todas sus ramificaciones y contradicciones. Pero no puede ser así. Revueltas, demasiado terco y rebelde, no se deja.

Revueltas es hoy un escritor actual. Porque en Los días terrenales se encuentra, lo mismo una mirada desprejuiciada ante las identidades sexuales diferentes a las heteronormativas, antes de que se creara siquiera el término, el frío retrato de las alianzas contra natura y los accesos de fanatismo para-religioso de la izquierda ―con todo y que Revueltas busca explicarlas, desentrañarlas, colocarlas dentro de una realidad llena de contrastes que no se puede rebajar a la declaración moralizante― como la ya usual, terrible brecha social que atraviesa el campo y la urbe mexicana, sin ceder una pulgada a la convención partidaria o nacionalista, convirtiendo la novela en un ejercicio de análisis tal que hoy en día resulta todavía devastador. Los personajes lo mismo conviven con grupos indígenas que no ceden sus tiempos y su identidad a la racionalidad criolla de los “compañeros” que enfrentan el frío de ciudades más grandes pero igual de inhóspitas e incomunicadas, con personajes incapaces de superar o siquiera entender su circunstancia, escindidos de la historia y de los otros, en posición de guardar las apariencias mientras los más débiles, los menos educados o instrumentalizados realizan los sacrificios que permiten a la vida proseguir su marcha. La brutalidad policiaca, las fobias a la enfermedad y el desdén de los aparatos de presión, todo en una novela que no resulta la más citada, pero está ahí, palpitando en los estantes esperando a ser releída una vez más.

Revueltas es un escritor actual porque en La palabra sagrada cuestiona una doble moral que condiciona existencias y condena a la exclusión, un juego donde la víctima se rebela como victimaria y las pautas de simulación se perpetúan indefinidamente, despedazando vidas y carreras con total frialdad.

Revueltas es sobre todo, un escritor actual porque en su Visión del Paricutín anticipó un nuevo periodismo latinoamericano que ya en ese entonces se remitía a Darío y a Heriberto Frías, un periodismo que junto a la precisión y el uso de recursos literarios, identificaba la industrialización y el extractivismo ― sin darle ese nombre, genial Revueltas, tan dado a describir procesos antes que a esquematizarlos que en Cuestionamientos e intenciones dejó sus reflexiones sobre cuál era su realismo, suyo y de muy pocos si acaso hay alguno después de él― como las amenazas para la convivencia del México rural, apenas recién amainada la Revolución y la Cristiada.

Por fin, Revueltas es un escritor de hoy y tiene tanto de profeta, porque en su El Apando describió la amenazante y oclusiva falta de libertad del mundo contemporáneo, e incluso dejo entrever algunas rendijas por donde el hombre atisba ese otro que no es pero en el que desearía afirmarse. En un mundo en que se puede vender hasta a la propia madre, el denunciarla es una mínima afirmación, quizá la única posible, pero igualmente el lector, al leer la obra, un poco se afirma, un poco se entrevé y libera de los muros que no logra ver – Los muros de agua/El Apando, la opresión y la libertad como tema― aquellos que lo mantienen prisionero y cercado cuando parecería estar libre.

Bien por José Revueltas, bien por su México, una democracia bárbara, bien por su “Por que Maiakovski no vuelva a suicidarse” y su defensa a ultranza de la crítica, una crítica que, sin embargo, dialoga, busca un interlocutor y no eterniza el círculo de las descalificaciones de aire religioso, tan de la izquierda, pero a la vez tan bien disimuladas y presentes en el resto de la sociedad.

Revueltas es un autor de hoy pero tiene algo de profeta, entendiendo que los profetas bíblicos antes que otra cosa advertían de los peligros de un futuro ganado a pulso por las exacciones del pasado y el presente. Ese algo que aún nos dice que debemos releerlo porque nos reflejaremos una vez más en su crítica y, de la misma manera que Pedro negó tres veces a Cristo, sus lectores negaremos su enseñanza crítica más de tres veces antes de caer en cuenta de que sí, en realidad retrata nuestras más humanas debilidades y nos interroga respecto a nuestros actos y nuestra posición personalísima frente a la historia humana, así sea esa pequeña gran  historia del hombre ordinario.

En fin, de nuevo, con urgencia, hay que leer a Revueltas, más integralmente, más frecuentemente. Casi como que de beber tequila se tratara.

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Marco A. CerdioMarco Antonio Cerdio Roussell. Escritor y profesor universitario. Radica en Puebla, México. marco.viajero@gmail.com

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