INFIERNOS Y BIENAVENTURANZAS MEXICANOS. (A Burroughs en su centenario) Marco Antonio Cerdio Roussell

México ha sido objeto de la mirada de veneración y suspicacia de distintos autores extranjeros. Para muchos de ellos, el Paraíso Occidental en realidad representaba la inesperada puerta de entrada a los infiernos. Pero justo a través de la extrema violencia que representaban los radicales contrastes de la realidad mexicana se abría una rendija hacia otra percepción.
Así, Francine Erskine, Madame Calderón de la Barca, en su visita como esposa del embajador español en México (1839-1842), no deja de traslucir esa ambivalencia del ojo extranjero sobre el espacio mexicano y sus habitantes. Reconoce la belleza de los tipos humanos, la nobleza de espíritu de algunos de sus interlocutores, la variedad de los paisajes y la limpidez de los cielos, sólo para luego mostrarse estremecida por algún pasaje de su historia o algún evento que acaece ante sus ojos. Así, en un paseo por Michoacán se entera de una matanza de realistas por parte del jefe insurgente Morelos y tras relatar la cruel acción, aborda el arte naciente de la charrería. Ella es una de las primeras voces que captan el conflicto del tiempo en México: “Todo aquí nos recuerda el pasado…Es el presente el que parece un sueño y un desvanecido reflejo del pasado. Todo está en decadencia y todo se va esfumando, y tal parece que los hombres confían en un futuro ignoto que quizá nunca verán […]”.
Pierre Charpenne en El colono del Coatzacoalcos (1836) no encuentra paraíso alguno. Su condolida y fallida advertencia a sus connacionales para que no dejen el suelo francés y se sumen a las inciertas aventuras de colonización en Veracruz, va por el mapa ya trazado de vómito negro, fiebre amarilla, calor infernal y nortes recurrentes donde, sin encontrar otro consuelo que el rescate final y la supervivencia, las promesas del cuerno de la abundancia se disipan en medio de la picadura reiterada de los mosquitos.
Otros autores, en cambio, exploran los propios demonios de la inteligencia europea. Ludovic Chambon en su Un Gascón en México (1892) relata su travesía hacía las ruinas mayas. Señala como ante la belleza de la arquitectura prehispánica mexicana y frente a la duda de los orígenes e influencias – problema acuciante de la época, donde se habla de una clave hebrea, asiria o caldea en las ruinas para explicar su complejidad- no le queda al europeo otra certeza que haber sido ellos quienes destruyeron esas culturas. Chambon al igual que la autora escocesa vislumbra un país lleno de historias ante las cuales maravillarse y donde, al mismo tiempo, las ascuas del conflicto civil que no terminan de arder.
Ya entrado el siglo XX los visitantes dejan de ser exploradores y viajeros que escapan al tedio europeo y se convierten en autores profesionales, ahora escapando del drama de un Occidente en quiebra moral. B. Traven marca una particular relación con el entorno mexicano. Desde su misteriosa extranjería, él puede percibir las distintas fracturas y quiebres que separan al indígena mexicano de una vida digna y justifican su explotación. Pero hay algo más. Como Chambón, pero ahora desde la novela y de una forma radical, ya no una mera intuición, Traven no confía en la cultura europea, en la modernidad. Puente en la selva (1929) expresa de manera clara esa ruptura entre el mundo civilizado y las culturas agrícolas tradicionales arrinconadas, el racional narrador europeo debe atestiguar un evento que rompe su confianza en la visión occidental (prefiero en español la versión prologada por Michel L. Bauhman, asequible en librerías de viejo a la traducción de López Mateos. El filo crítico se pierde en esta última).
Otro buscador de lo otro es D.H. Lawrence. La serpiente emplumada (1926) contiene una de las más vivas descripciones del paisaje mexicano tal y como lo señalará Octavio Paz. Si bien los personajes no aparecen tan vivamente delineados, nuevamente ocupan ese papel opresivo, amenazas veladas o abiertas para la integridad del protagonista, si ya no eventos ni necesariamente otros personajes, fuerzas telúricas que parecen prometer o cuestionar una liberación morosamente escamoteada a la protagonista. Aquí, en cierta forma, el enemigo es el paisaje. El narrador siente un horror sacro ante ese pasado que le resulta a la vez tan atractivo, promesa de un camino de renacimiento que debe seguirse pese a las dudas y vacilaciones.
Ya pasada la primera mitad del veinte, el territorio mexicano vuelve a ser el espacio usual del narrador o poeta contemporáneo para toparse con los otros tiempos que confluyen en el mosaico mexicano. Aquí es donde la peregrinación beatnik, una oleada inesperada tras las migraciones forzadas por la guerra de españoles y otros europeos cobra una relevancia particular. Esta generación, busca alejarse de un clima cultural marcado por las tensiones de la postguerra y ese tufo de conservadurismo que pronto sufrirá acometidas por todas partes.
Aquí el infierno no es el puritanismo ni la vacuidad de la vida moderna de la cual escapaban, mucho menos la droga barata ni el alcohol: será la muerte, su obscena gratuidad, esa que por azar se le presentará a Burroughs en medio del juego y la fiesta. Como bien sabemos, el día de hoy el lugar del accidente no tiene ni una placa ni un mínimo gesto oficial que señale ese momento particular en que de nuevo, México le muestra a quien cree conocerlo que lo peor no ha sucedido aún. Lo peor suele suceder cuando llega lo inesperado y luego la autoridad.
Pese a estos golpes con la realidad, la afluencia de escritores que llegan a este espacio intrincado de contradicciones a buscar un atisbo del otro que se presenta demasiado lejano del lado opuesto de la acera, continúa. Por razones prácticas o búsquedas personales, por casualidad o accidente, quienes buscan conocer el suelo de México regresan con la sensación de haber enfrentado el calor del infierno, pero a veces, sólo a veces, atisbos de eso otro que quizá siempre estuvo en ellos mismos.

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Marco A. CerdioMarco Antonio Cerdio Roussell. Escritor y profesor universitario. Radica en Puebla, México. marco.viajero@gmail.com

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