HACIA UN NUEVO PANORAMA. Marco Antonio Cerdio Roussell

Termina una semana de lluvias en México. Quizá eso, la terrible reiteración de las escenas de deslaves y otras desgracias en la televisión, así como el clima a mi alrededor  ― lluvioso, frío, inclemente― me llevo a escribir una primera versión bastante opaca de este texto.

Ante las escenas de caseríos completos barridos de la noche a la mañana por los movimientos de tierra y los torrentes, la  gente sufriendo por la intemperie, la humedad y esa crónica pobreza y corrupción que se ceban en las poblaciones de todo México, el encendido debate que puede suscitar el medio literario respecto a la trascendencia o no de un autor o de una obra parece estar fuera de lugar. Sin embargo, en la misma semana se conmemoró un aniversario importante: los sesenta años de El llano en llamas de Juan Rulfo. En paralelo, Álvaro Mutis iniciaba ese viaje que a todos intriga y que en su caso culminó en una invitación, una más, a la lectura de su obra.

En otras palabras, pese a la concreta aspereza de la vida, pese al dolor y la inequidad que no termina, ahí está la literatura, en otro punto de la existencia, dando algo inasible, una especie de calor de brasa para calentarnos ante la intemperie de la historia. Y es de está intemperie de la historia, de la historia literaria reciente de la que trataba la primera versión de este texto.

En el trataba de resaltar el trayecto que llevo a un panorama singular de la literatura mexicana. Trataba un poco de como el siglo XX convirtió a la Ciudad de México, sí, en el caótico DF, pero también en una suerte de Ciudad de los Palacios para la literatura, una urbe ligada a los grandes monumentos de la literatura de este país como ninguna otra.

Decía en esa primera versión del texto cosas como:

 “Jorge Volpi  en su libro ya indispensable La imaginación y el poder: una historia intelectual del 68 resalta la manera en que, justo antes de la eclosión del movimiento estudiantil, convivían en el Distrito Federal autores de las más diversas generaciones y tendencias: desde novelistas de la Revolución como el secretario de Educación Agustín Yáñez hasta los jóvenes que posteriormente protagonizarían la literatura de la onda. Figuras como la de José Revueltas, José Emilio Pacheco, Juan Vicente Melo y un larguísimo etcétera convivían en tiempo y espacio con las nuevas generaciones en un diálogo posible pero limitado al centro del país.

Esta particular riqueza de la década de los sesentas mexicana, se ve aparejada y continuada por el arribo de distintos exilios intelectuales hispanoamericanos. Es sólo cuestión de revisar la entrevista que da Carmen Boullosa respecto a la ciudad como el escenario de   Los detectives salvajes de Roberto Bolaño (Aquí el enlace: http://www.youtube.com/watch?v=j_cbA3gfpJw) para darse cuenta que la capital mexicana era con mucho el espacio privilegiado para desarrollar una carrera literaria o proyectos culturales a la sombra o al margen del estado, permitiendo además, así fuera de manera proyectiva, incidir en la escena hispanoamericana”.

Al paso de los días, si bien esa caracterización me parecía convincente, había otra faceta del texto que no terminaba de resultar. Era aquella que se refería a la manera en que poco a poco aquello que en su momento se denominó provincia, el Cuautitlán del dicho se fue insertando más y más como actor en el panorama de la literatura mexicana.

La idea central es que frente a la desaparición física y material de la ciudad, las personas y las condiciones que habían permitido la instauración de un sistema literario nacional, mismo que por decirlo de alguna manera, sobrepasaba y subsumía al resto del país (casi se trataba de un nivel federal de la República de las Letras, casi divorciado de los niveles estatal y municipal) se iban dando las condiciones para un panorama distinto de la situación, uno donde el estar en la capital del país no necesariamente definía la existencia o no de una literatura con cierta vigencia. Esto, a su vez, se encontraba sujeto a la superación de las dinámicas provincianas, tradicionalistas y conservadoras por parte de quienes ejercen su labor fuera de la capital. De nada sirve criticar el centralismo si se replica la exclusión e imposición hacía regiones menos desarrolladas del mismo estado. De cualquier forma, ciudades como Oaxaca o Tijuana han logrado insertarse como puntos importantes para la edición y la vida artística del país, incluso más allá, a nivel global casi en contrapunto de la incursión de las grandes empresas iberoamericanas al mercado mexicano.

Otro cabo suelto (mismos que prefiero dejar así por el momento) se refería al papel de las redes sociales, los blogs y el internet en el proceso de socialización y promoción de la literatura escrita en México. Este proceso de ya, parece desplazar y desbordar la promoción mediática de las televisoras y los circuitos estatales, los cuales no pocas veces llegan a corroborar en el terreno la fortaleza de un fenómeno que ya pasó.

La argumentación final era que, ante la desaparición de figuras como las de Fuentes, Montemayor, Bonifaz Nuño y tantos otros, no quedaba sino un nuevo escenario donde las reglas eran un poco menos obvias y el acceso a los espacios de publicación y edición comenzaba a hacerse más plural, pero también más incierto, haciendo imprescindible la construcción de nuevos circuitos de comunicación con los lectores, nuevos espacios críticos que se adaptaran a la nueva situación. A grandes rasgos, estamos ante una enorme transición, más que generacional, estructural (¿de paradigmas quizá?) donde tanto la literatura como la crítica se ven obligadas a responder al nuevo entorno sin dejarse apabullar por el peso de las obras emblemáticas del siglo XX. Esperemos que esta transición tenga mejor suerte que las otras.

P.D.

Por cierto, una de las pocas cosas que estaban insinuándose como bien realizadas en Guerrero era la asignación de recursos a las artes y la cultura. Después de tantos descalabros e imprecisiones, la manera en que este esfuerzo continué puede ser el que haga la diferencia en la existencia concreta de la gente.

Marco A. CerdioMarco Antonio Cerdio Roussell. Escritor y profesor universitario. Radica en Puebla, México. marco.viajero@gmail.com

twitter@Marco_Cerdio

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