FELLINI… SIEMPRE FELLINI. Eduard Reboll

Aprovechando la oportunidad que me dio Joaquín Gálvez el pasado viernes 28 de febrero en el espacio de sus prestigiosas tertulias en el Café Demetrio muestro una pequeña dosis de lo que fue aquella familiar y recoleta conferencia en aquel hermoso jardín,  donde nos unimos un grupo de amantes del séptimo arte para homenajear a un gran cineasta: Federico Fellini

Nos iniciamos con una pequeña recomendación de películas de esta año en los óscars de 2014: la extraña e ingeniosa Gravity  (Alfonso Cuarón), el thriller bajo la comedia suave de  American Hustle (Russell), la conmovedora Nebraska (Payne), la trepidante y llena de suspense de Capitan Phillips, la denuncia social de Philomena, o la excepcional por su rigor narrativo e interpretación de La caza, el magnífico guión de Her…, y la ganadora como mejor película extranjera, razón por la cual yo propongo hablar del maestro: por el memorial que Paul Sorrentino, el director, hace en La grande bellezza, abordando escenas y personajes de algunos de sus films más emblemáticos como Roma.

Decir que, mi amor por este cineasta, proviene de mi madre, Margarita, y su pasión por la cinematografía en años donde, este tipo de cine –de arte  y ensayo se decía en aquella época-,  era proscrito en la dictadura de Franco o relegado a un plano casi clandestino. Ella, es la que me introduce a su etapa más neorrealista: Anna Magnanni en Roma città apperta ( en este caso como guionista y a las órdenes de Rossellinni); a su musa y “señora oficial” Giullietta Massina (Noches de Cabiria, Giulietta de los Espíritus) con Anthony Quin el inolvidable Zampanó, en La Strada o el film, de corte existencial, La dolce vitta con Marcello Mastroianni lidiando con Anouk Aimée y Anita Ekberg mientras  en aquella memorable escena en la Fontana de Trevi,  llena su figura de agua bajo la pasión por la nada o lo efímero que le ofrece un periodista de la farándula – el propio Mastroianni como Marcello-  mientras la guía por Roma.

LA DOLCE VITTA

Después soy yo quien me enamoro de lo barroco, lo plural o lo indecente de un hombre con secuencias de la tradición más picaresca española, como las que se evocan en Amarcord. Cuando uno de sus protagonistas adolescentes – su alter ego-  en busca de tabaco gratis, se encuentra a la estanquera en su establecimiento, ofreciéndole sus voluminosos senos a cambio de un cigarrillo. Una escena que, el cantante Joaquín Sabina evocara, en la letra de una de sus canciones que en este momento no me viene a la memoria su título. El Fellini de Amarcord es el encuentro con la memoria de la infancia en su ciudad natal, Rímini:  la escuela y sus esperpénticos profesores, el mar (uno de los elementos clave en su obra), el sarcástico narrador con personajes como Mussolini, con su padre, con su pandilla, con la loca del pueblo (La Volpina), la guapa (La Gadisca)  o el loco de su tío ( …que no quiere bajar de un árbol hasta que le traen una mujer; en este caso una monja) con el galán…El Fellini lírico. El que nunca olvida a su amigo el compositor Nino Rota para amenizar sus obras visuales, como en E la nave va.

El Fellini antieclesiástico, el político, el romano, el enamorado con su ciudad de juventud: con los estudios de Cinecittà, con sus prostitutas, la Vía Venetto, el barrio del Trastèvere, con los palacios cardenalicios y su rituales privados, con su comida, con sus amigos en Roma.  El histriónico, el payaso, el seductor, el mujeriego, el perdido, incluso el “dividido” psicológicamente hablando, en busca de su identidad en 8 1/2 (Otto e mezzo) o en La ciudad de las mujeres.

Fellini es un personaje no solo italiano, sino mediterràneo por naturaleza. Amigo de los grandes como él que se adhieren al neorrealismo italiano: Rossellini, Vitorio de Sica, Latuada, Passolini, Antonionni, o incluso a la nouvelle vague francesa como Truffaut. Amigo de sus contemporáneos más jóvenes que él Bertolucci, Wenders, Fassbinder, Kusturica…Y de los que han dejado legado, vivos y discípulos directos, y hoy veneramos en el día a día en el cine americano: Woody Allen, Martin Scorsesse, el fallecido Robert Altman o en este momento Paul Sorrentino en Italia.

FELLINI4

De todas maneras sólo hubo un Fellini. Que para no olvidarlo, es recomendable adjuntar junto a su apellido, un adverbio de tiempo sín límites: siempre. ER

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