CARAMBA, OTRA SUERTE DE NOVELA. Carlos Gámez

El autor. Fotografía de Ana Portnoy.

En Pensamientos secretos (2001), David Lodge (Londres, 1935) confronta a dos tipos de narradores. El primero es Ralph Messenger, un neurocientífico muy salido que graba todos sus monólogos mentales, que luego son transcritos directamente al texto en una suerte de escritura automática. La segunda es Helen Reed, una escritora que decide aceptar la invitación de la inexistente Universidad de Gloucester para impartir clases, y que escribe un diario en tono decimonónico. Helen es conocida en los cenáculos literarios por haber escrito una novela tan clásica, con narrador omnisciente y descripciones de los personajes, que llega a ser hasta experimental para los críticos. Ese conflicto narrativo entre la primera y la tercera persona, que se plantea en todo momento en la novela, tiene un segundo acto en el ensayo que posteriormente publicó Lodge: La conciencia y la novela (Consciousness and the Novel en el original, 2003). Allí combina sus investigaciones sobre la conciencia, que llevó a cabo para documentarse para Pensamientos secretos, con la historia de la literatura. Afirma que la mayoría de las novelas contemporáneas se escriben en primera persona, con narradores ficticios o autobiográficos, a la manera de David Copperfield, y que resulta extraño, hasta el punto de considerarlo experimental, encontrar textos vertebrados a partir de un narrador omnisciente, tal como los escribía Henry James. Pues bien, el escritor argentino afincado en Barcelona: Hernán Franzese (Mar del Plata, 1976) acaba de publicar una novela titulada Profesor Caramba (Libros Indie, 2019), donde el narrador es un “experimental” narrador omnisciente en tercera persona. No es el único experimento (o contra experimento, según se mire) del libro. También destaca la absoluta ausencia de elementos tecnológicos. Ni un teléfono móvil, ni un tweet, ni un estado de Facebook perturban la lectura de la novela. Lo hacen, en cambio, la literatura fantástica y el pensamiento mistérico sobre los que se sustenta, que es lo que expulsa lo real maravilloso de la tecnología de la novela: “Descartaba el uso del ordenador por considerarlo una herramienta inútil, con la que perdía mucho tiempo, y se negaba a utilizar el teléfono móvil aduciendo que las ondas emitidas afectaban su percepción sobre la realidad” (pp. 5-6).

El principal protagonista de la historia, el profesor Caramba, como indica el título, no es más que Arístides Washinton Lenzina un emigrante latinoamericano de piel mulata, elevada altura y sugerente peinado rastafari, trasunto del también escritor Wilmar Cabrera (Palmira, 1970), amigo personal del autor, que intenta sobrevivir en Barcelona. Lo conseguirá gracias al vidente Fulguratti, que le obligará a introducirse en los saberes mistéricos para ayudarle en su oficina con los problemas, en su mayor parte domésticos, de los clientes del mago. Pero sus nuevas tareas visionarias le acarrearán problemas que le harán enfrentarse a una oscura mafia china y a un elemento de la tradición mistérica. A saber: la trama fantástica, que por momentos adquiere tintes irónicos, se vertebra en torno a una piedra mágica que cae en manos de Caramba. Se trata de un objeto que otorga poderes, pero también demoníaco, y eso obligará al protagonista a desempeñarse con inteligencia en una sociedad que no conoce. Ese aprendizaje se acelera cuando Fulguratti le traspasa el negocio. La aparición de un escritor perteneciente a la nobleza: Besalduc, le permitirá solucionar la trama.

Pese a que aquí una foto de Franzese para ilustrar el texto, el autor aboga por la muerte del autor a través de la tercera persona. Ese narrador omnisciente es un recurso bien utilizado. Gracias a él, el escritor habla con pasión y a la vez sin solemnidad de lo que le gusta: la literatura mistérica, que queda muy bien citada en la novela. Es, por tanto, un recurso eficiente, además de situar a Franzese en una posición a contracorriente respecto de la narrativa que se está publicando ahora. Dada la naturaleza inmigrante del autor, de origen argentino, y de su amigo, el escritor colombiano Wilmar Cabrera, el narrador en tercera persona le otorga la posibilidad de distanciarse de algunas experiencias que pudo haber vivido a su llegada a la Ciudad Condal, donde reside y donde sucede la acción, y que narra desde una perspectiva más neutral. Para este lector, lo que esconden las peripecias que sufre Caramba y su real maravilloso no tecnológico son las vicisitudes que el inmigrante sufre cuando llega a una ciudad como Barcelona, e intenta adaptarse a su imaginario para poder sobrevivir, solo que en una clave mistérica que interpela a la realidad desde la simbología. Es una propuesta muy novedosa y sugerente. Otra suerte de novela.

© All rights reserved Carlos Gámez Pérez

Carlos Gámez (Barcelona. 1969), es escritor y profesor. En 2012 ganó el premio Cafè Món por el libro de relatos Artefactos (Sloper, 2012). En 2002 publicó el relato de no ficción Managua seis: Diario de un recluso (Instituto de Estudios Modernistas). Sus relatos han sido seleccionados para las antologías: Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos (Candaya, 2013); Presencia Humana, número 1 (Aristas Martínez, 2013); Viaje One Way: Antología de narradores de Miami (Suburbano, 2014); y para la revista de creación Specimens (Septiembre, 2014). Colabora con las revistas literarias Nagari, Suburbano y Quimera, además de colaboraciones puntuales con Rocinante y Agitadoras. Acaba de finalizar su tesis sobre ciencia y literatura española en la Universidad de Miami. Malas noticias desde la isla es su segundo libro de ficción.

twitter: @cgamezzz

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