TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN, Lionel Shriver, Editorial Anagrama.

Es la primera vez que leo una novela como si fuese un boxeador que resiste los golpes para no ser noqueado. Pero pensé “el azar no es más que un antídoto contra la vulgaridad de la vida cotidiana”. Una frase que vino a mi mente, mientras deslizaba las yemas de mis dedos por el lomo de aquellos libros. Una pasión morbosa que practicaba con el deseo concupiscente de que fuera a ser descubierta por alguien hojeando una bibliotecaria hitleriana.

El dedo índice se detuvo en la letra S, sobre un libro amarillo en el que pude leer “Lionel ShriverTenemos que hablar de Kevin”. Extraje el libro de la estantería y miré absorta  la fotografía en la portada de un niño con un arma simulando un disparo. En la tercera página, leí con emoción la cita que pone la autora de Emma Bombeck :“Un niño necesita más vuestro amor cuando menos lo merece”. Intuí que la obra sería un revulsivo contra su tediosa existencia como mujer…y no me equivoqué.

La escritora, Lionel Shriver narra una historia cruel relatada a través de la correspondencia que la protagonista, Eva Khatchadourian, mantiene con  su marido. Las cartas, escritas en primera persona, describen la vida doméstica y cotidiana de una señora liberal que se atreve a destrozar los valores intrínsecos de la sociedad americana: la familia, el patriotismo, la religión, la productividad, el sistema escolar…utilizando en todo momento un lenguaje corrosivo que adquiere un tono de comedia en la mayoría del relato.

Una farsa, en el fondo, en tono negro ya que Eva K. es la madre de un psicópata, Kevin, que utilizará el arco y las fechas como arma letal en sus correrías criminales. Un cupido satánico que practica el tiro al blanco, mientras mata a adolescentes y profesores en su instituto, además de ajusticiar a su padre y a su hermana con una frialdad absoluta.

La excelente traducción del libro, permite una lectura fluida y placentera si podemos sintonizar con el sarcasmo, la ironía cruel y las opiniones subversivas en torno a la visión idílica de la maternidad. Eva K., vivirá el embarazo, la lactancia, la paternidad y el cuidado de su hijo, como si fuera una agresión a sí misma que impide su libertad propia.

La relación materno-filial es conflictiva desde el instante preciso de la concepción. Pervirtiendo, de este modo, los roles clásicos: el maltratador será el niño y, la víctima, una madre desnaturalizada.

Pero..¿Por qué uno se enamora del personaje de  Eva K….  en lugar de condenarlo?. Pues bien, por la misma razón por lo que amas aquello que puede destrozar tu existencia. La autora consigue que te identifiques con la protagonista. ¿La razón? el sentimiento maternal más dulce que profesa por su hijo… es un odio que delata un amor extremo.

En el párrafo final de la novela, Eva K. se confiesa a su marido muerto de la siguiente manera:

  “Porque solo faltan tres días para que se cumplan dieciocho años de esa horrible lucha, puedo anunciar finalmente que me siento demasiado agotada, demasiado confusa y demasiado sola para seguir luchando, y que, aunque sólo sea por desesperación, e incluso por pereza, amo a mi hijo. Le quedan por cumplir cinco penosos años de cárcel, y no puedo pronosticar cómo será cuando salga. Pero, de momento, tengo dispuesta una habitación para él en mi práctico apartamento. La colcha es sencilla, En la estantería hay un ejemplar de Robin Hood. Y las sábanas están limpias.

 Siempre… tu amante esposa,

Eva “

 Ángels Martínez

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