NO HACE FALTA UN PATRONÍMICO PARA VIAJAR EN ASCENSOR. Vicente Forte Sillié

el fracaso es una unidad de peso, la culpa es una unidad de peso, hay tantas cosas en la vida llevándonos hacia abajo, haciéndonos peso en el ala, el fracaso te aplasta aunque estés subiendo, es un yunque invisible, un traje de plomo demasiado apretado, somos buzos en la profundidad de lo irreparable, he fracasado tantas veces y con tanta precisión que no hay Dios que pueda perdonar tanto, si Dios existe es porque me he dedicado a limpiar sus letrinas, es cierto que he sido un borracho irreparable pero prefiero ser un borracho que tener miedo, el alcohol es una forma de estoicismo, el alcohol es el miedo devorándose a sí mismo, quise decírtelo tantas veces, muchas veces traté pero no me salían las palabras, quise decir tantas veces tantas cosas, te amo, perdóname, me duele, quise decir, pero ser un borracho es un tipo de soledad, es hablar otro idioma, es tener un contexto demasiado promiscuo, no sé si me lo imaginé pero creo que alguna vez leí en algún lugar que los espejos deberían venir con subtítulos, estoy seguro que te hubiera gustado que los borrachos vinieran con subtítulos porque siempre hablamos un idioma distinto, quizás si hubieras entendido no te hubieras ido como te fuiste cuando te fuiste, esa noche llegué tarde, no recuerdo la hora porque la gente como yo no lleva el paso de las horas, solo sé que era tarde como siempre que llego a algún lugar y que de aquello hace alrededor de diez años, te habías ido, así a secas, te habías ido, no habían cortinas alzadas al viento, ni nota de despedida, ni flores muertas en el florero del comedor, fue el abandono menos literario que conozco, el perro vino agitando su cola, nunca supe cómo se llamaba el perro, al perro sin nombre no te lo llevaste, a él también lo abandonaste, ahí estaba, agitando la cola, mirándome en contrapicado, agitando la cola, mirándome, agitando la cola, mirándome, el problema de los perros es que son lo suficientemente bondadosos como para confiar en los hombres, sentí lastima, lo acaricié, le dije te quiero, el ascensor abre las puertas

me gusta el espejo del ascensor, tiene una pátina que le recubre en ciertas partes, mirarse en él siempre es un alivio porque ese espejo es como el alcohol, en el remanso de la bebida puede uno asomarse y el reflejo siempre es un poco más soportable, hay trozos de lo reflejado que no se ven, los espejos limpios son insoportables, son demasiado altaneros en su sinceridad, son crudos, implacables, veraces, el espejo del ascensor vino sin subtítulos, las puertas se abren, me percato que vengo de llegada, debo estar llegando tarde porque siempre es tarde cuando se ha fracasado, ya en la sala espero, el perro sin nombre no viene agitando la cola como hizo hace alrededor de diez años, espero, no viene, quiero llamarlo pero es un perro sin nombre, nunca le puse uno, fue él quien sin querer me lo puso a mí, gracias a él soy el borracho del perro sin nombre, ven digo con timidez, no viene, lo busco, está debajo de la mesa sobre un charco de orines, respira con dificultad, lo tomo, me muerde cuando lo toco, no me importa, lo pongo con cuidado en mi regazo, tiembla, está muriendo, lloro, le pido que no me abandone, le pido que no me abandone, le pido que no me abandone, se lo pido tres veces, este es mi peor fracaso, esta es mi peor letrina, el fracaso es el mercenario de la muerte, no me dejes le digo, te amo, perdóname, me duele

el ascensor nos lleva abajo, cuando se abran las puertas, el cadáver del perro sin nombre y yo seguiremos bajando, porque el fracaso es un mercenario que gana muy bien

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Vicente Forte SilliéVicente Forte Sillié.

Caracas, Venezuela, 1975. twitter @vforte

Obra Plásitca en vforte.tumblr.com

Blog Crónicas del Hígado Encebollado

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