John Ashbery se fue y se queda. Luis Benítez

“Entre aquellos que escriben poesía, ninguno tiene mayor probabilidad que Ashbery en cuanto a sobrevir al riguroso dictamen del tiempo.”

Harold Bloom

 

 

La noticia llegó rápidamente, el mismo día del suceso: el pasado domingo 3 de septiembre, en su casa de Hudson, Nueva York, a los 90 años, había fallecido uno de los mayores poetas de la lengua inglesa, cuya influencia hace décadas atravesó las barreras idiomáticas. Abundantemente traducido al español, y ello con mayor o menor fortuna para el texto original, su trabajo mereció apologías y también generó rechazos, sumados a una cierta fama de incomprensible, cuando el mismo Ashbery nos dio una lección que ya nos impartieron antes: en poesía el tipo de comprensión de sentido que empleamos para la prosa no tiene territorio. Una obviedad, pero que siempre tiene que volver a ser recordada.

Para cierta crítica, que me animo a discutir, su línea continúa la de otro grande, Walt Whitman; sin embargo, este parece haber tenido una descendencia más similar al ancestro entre los beats (Gregory Corso, Allen Ginsberg, siguen las firmas), mientras que para otros comentaristas Ashbery en ocasiones resulta más cercano a la culta expresión de los derivados de Edgar Allan Poe, dotados de una “mayor oscuridad expresiva” (Allen Tate, por ejemplo). Discrepo también con  esta última postura: a mi criterio -también discutible, todos lo son- Ashbery posee un estilo tan singular, tan personal, que vamos a encontrar en él características que podemos adjudicarle en ciertos casos a la tradición whitmaniana y en otras instancias, emparentarlas con la línea de Poe, pero lo primordial será siempre la originalidad de este gran poeta estadounidense, factor que justamente es lo que lo ubicó en un sitial de muy difícil parangón. Nadie como él encontró la clave para combinar elementos de la cultura más elevada con otros provenientes de la cultura de masas y hacer de esa aparente incongruencia un cuerpo poético refinadísimo, que ingresó de lleno en el género cultivado en su país y se constituyó en fuente de referencia para autores de otras procedencias, particularmente a partir de 1975, cuando Ashbery dio a prensas su célebre colección de poemas englobada bajo el título general de Self-Portrait in a Convex Mirror (Autorretrato en un espejo convexo); nadie como Ashbery para mantener en claro la absoluta independencia del poeta y su libertad expresiva a rajatabla. Ninguno como él, incluso en lo que hace a sus colegas de la llamada Escuela de Nueva York (y hablamos aquí de autores de la talla de Frank O’Hara, James Schuyler, Kenward Elmslie, Kenneth Koch, Ted Berrigan, Barbara Guest, Alice Notley, Dick Gallup o Bernadette Mayer, entre otros) fue más allá de los postulados de esa misma escuela poética, conformando esa singularidad distintiva que luego -es inevitable: lo mismo sucedió con Jorge Luis Borges, Dylan Thomas o T.S. Eliot- muchos tratan de imitar, cuando queda en claro que ello es una tarea imposible.

Es probable que esa cualidad de ser marcadamente original e inimitable -como lo era Ezra Pound antes que Ashbery, otro ejemplo- sea la línea de agua más exacta que nos permita distinguir lo excelente de lo muy bueno y en ese caso, sin lugar a dudas, la encontramos bien estampada en la obra del poeta nacido en una granja de Rochester, Nueva York, el 28 de julio de 1927.

A lo largo de su dilatada existencia Ashbery recibió numerosos reconocimientos y los que siguen son algunos de los más importantes. En 1956 se le adjudicó el galardón a la Poesía Joven de Yale y posteriormente recibió en dos oportunidades la beca de la Ingram Merrill Fundation (1962 y 1972). En 1976, el  Premio Nacional del Círculo de Críticos Literarios, el Premio Nacional del Libro y el codiciado Pulitzer, así como en 1984 le otorgaron el Premio Lenore Marshall y el Bollingen. En 1995, la Medalla Robert Frost, mientras que en 2002 Francia lo hizo Caballero de la Legión de Honor. En 2008 Ashbery recibió el Premio Robert Creeley y el Premio América, un reconocimiento a toda su trayectoria; en 2011, el Premio Nacional del Libro y la Medalla de Honor por Contribución Distinguida a las Letras Estadounidenses, así como la Medalla Nacional de Humanidades. En 2017 le fue otorgada la Medalla de la Raymond Roussel Society.

 

 

Obra poética de John Ashbery

 

Turandot y otros poemas (1953)

Ríos y montañas (1966)

El sueño doble de la primavera (1970)

Autorretrato en un espejo convexo (1975)

Tres poemas (1977)

Tal como sabemos (1979)

Una ola (1984)

La borrasca de hielo (1987)

Organigrama (1991)

Hotel Lautréamont (1992)

Y las estrellas brillaban (1994)

Niñas en acción (1994)

¿Oyes, pájaro? 1995

​En alerta (1998)

Coloca tu nombre aquí (2000)

Como los paraguas siguen a la lluvia (2000)

Susurros chinos (2002)

Por dónde vagaré (2005)

Un país mundanal (2007)

 

© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay

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