EL ESPEJO QUE SOY ME DESHABITA (Instalación en un baño). Leslie Gabaldón. Galería Dot Fifty One.

“El espejo que soy me deshabita”

No hay antes ni después. ¿Lo que viví

lo estoy viviendo todavía?

¡Lo que viví! ¿Fui acaso? Todo fluye:

Lo que viví lo estoy muriendo

todavía…

Cuarto de Hotel / Libertad bajo palabra. Octavio Paz

Basado en un verso de Octavio Paz, Leslie Gabaldón mostró al público el pasado 20 de enero una propuesta inquisidora y sustantiva sobre el tinte de azogue que permite reflejar nuestro rostro: el espejo. Y lo hizo interviniendo no solo este objeto sino sus contiguos. Desde el estampado de la pared imitando a la tramas de un sinfín de baldosas descomponiéndose a medida que llegan al suelo, las posibles huellas tuyas inherentes en “oro” cuando en posición meditabunda defecas en la taza, hasta la balanza donde en vez de indicarnos nuestro peso, nos muestra versos del autor.

El espejo de Leslie, en verdad, “deshabita” tu yo. Lo intuye, pero es imposible percibir desde la objetividad tu figura. Al mirarte tiembla la imagen lo mismo que lo hace el propio espacio por el sentido litúrgico que adquieres al estar contigo mismo y encerrado en tu propia capilla. Solitario. Único. Concupiscente. Buscando el diálogo contigo mismo o el del favorable ritual de los objetos que te acompañan.

Paz es la búsqueda del ser. La experiencia en la niñez así lo demuestra. Sus peleas que él cita en la escuela, tanto las que vivió en Los Ángeles donde se exilió con su familia, como las que se encuentra a su llegada a México… así lo atestiguan. Una pelea no es más, al fin y al cabo, que la afirmación del yo : sea ésta desde el triunfo, o ante el propio fracaso frente los demás cuando se siente extranjero en ambas orillas. Posiblemente este último escarmiento de niño le influenció hacia una recogida en sí mismo, como también lo hiciera La Tierra Baldìa de Elliot, su afecto y comprensión del movimiento surrealista  o la poesía antiautoritaria -cuando acudió junto a Neruda, Pellicer y Alberti al congreso Antifascista de España-  durante el periodo en que este país se convirtiese en una  República democrática en 1930.

En su libro Libertad bajo palabra 1935-1957, recopilación y antología que engloba sus poemas, en el  apartado de Calamidades y Milagros aparece el soneto La caída  dedicado al poeta suicida veracruzano Jorge Cuesta que, en un ataque de paranoia, se castró sus genitales y se ahorcó.  Leslie toma de este poema el verso primero de la tercera estrofa.

LA CAÍDA

Octavio Paz

A la memoria de Jorge Cuesta

II

Prófugo de mi ser, que me despuebla
la antigua certidumbre de mí mismo,
busco mi sal, mi nombre, mi bautismo,
las aguas que lavaron mi tiniebla.

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,
niebla de mí, mentira y espejismo:
¿qué soy, sino la sima en que me abismo,
y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

El espejo que soy  me deshabita:
un caer en mí mismo inacabable
al horror del no ser me precipita.

Y nada queda sino el goce impío
de la razón cayendo en la inefable
y helada intimidad de su vacío.

Según Lacan El estadio del espejo aborda el periodo en el cual el niño se encuentra por vez primera capacitado para percibirse a sí mismo, o más exactamente, le permite observar su imagen corporal frente al espejo sin interrogantes. Etapa que según la teoría lacaniana, se desarrollaría el yo como instancia psíquica.

Hoy sin duda el yo -…mi yo- está en todas partes y al momento si fuera necesario. La tecnología permite que mi imago aparezca ante mí y ante todos. Y todos los que están en mí, también participen de mi yo junto a mi autoimagen si lo desean…A veces mi inglés me obliga al craso error del lapso. Y no hago distinción bajo mi pobre oralidad lingüística entre sellfish y selfie. Al fin y al cabo, solo es la cubierta calcárea lo que diferencia estos dos vocablos. Dos casas para un mismo ser: la cáscara y el espejo.

Y regresemos a otro concepto que une esta muestra de Leslie Gabaldón y que hasta el momento no permite ubicar su género plástico: la instalación.

Desde que descubrí personalmente este concepto bajo la experiencia propia del graffiti en los baños de mi niñez, siempre pensé que cualquier área pudiera representar otro significado distinto para la que ha sido instituida. Aquella estancia llena de mensajes sobre el pene diminuto del cura, la naturaleza ramera de la mamá del maestro, o una nueva lista de palabras para “asesinar” al director de estudios por abusador…me permitió entender que podría existir un nuevo espacio que sustituyera el aula oficial por un alter-ego desde el volumen.

En los años 70, en cambio, artistas como Bruce Nauman, Joseph Beuys, Dan Flavin. Nam June Paik, Javacheff Christo, Antoni Muntadas, Miralda o la propia Marina Abramovic más tarde… confirmarían que era posible intervenir el espacio público o privado con una intención concreta. Aquella nueva manera de entender y extender a Duchamp (R. Mutt) cuando puso The Fountain en el Museo de Nueva York en 1917… se convertía en un nuevo género a principios del último tercio del siglo XX.

El día de su inauguración, en el cual coincidimos con Fernando Calzadilla y Pietro Daprano, también curador de la exposiciónn en Dot Fifty One, confirmó su homenaje a los que la precedieron que de alguna otra  forma Leslie  concibe con un lenguaje propio en su haber. Posiblemente desde los recuerdos en solitario al haber ocupado este espacio donde, sí o sí, visitamos a diario todos y todas en distintas ciudades del mundo. ER

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