UN CORDERO AL QUE TODOS QUIEREN ACARICIAR. Sonia Ramón

Te ducharás con ese jabón de rosas comprado en París y dejarás que el agua tibia recorra tu carne blanca. Esta será una de las noches más importantes de tu vida. Beth vendrá con el vestido marfil que mirarás con detenimiento; sí, no parece más que el traje bonito y claro con escote pronunciado y falda plisada que usarás en una filmación; y sin embargo, es mucho más que una prenda. Adoras esta temporada, cuando el otoño te revela su cara más melancólica. Divorciarte de James fue una buena decisión, no deseas que nadie te maltrate de nuevo o te diga qué debes o no hacer. Joe no estará en casa al terminar de vestirte, pero llegará justo a tiempo para salir rumbo a Lexington Avenue. Te avisarán que el automóvil espera por ti, y a toda prisa, te pondrás el abrigo negro de piel. Cuando estés a punto de salir de casa aparecerá Joe agitado, con la frente sudorosa, y con esa expresión facial de revólver que a veces toma posesión de él. Joe no es tan guapo, pero es alto, fuerte y te inspira seguridad. Adoras su forma impecable de batear, su manera animal de besarte y penetrarte; lo admites, Joe es un monstruo productor de orgasmos. Avanzarán a toda prisa por las avenidas y descubrirás que Manhattan te cautiva  más de lo que siempre habías supuesto. Las aceras grises, la gente cargando sus bolsas de compra, y las luces de los semáforos te llevarán a recordar la vida cuando eras tan sólo Norma Jeanne. “Tristes y dulces árboles que veo desde mi ventana, cuánto daría por ser uno de ustedes”, pensarás  con la cabeza apoyada en el vidrio del automóvil. Se detendrán en las puertas del teatro Trans-Lux, descenderás sonriente y saludarás a Billy. Los curiosos no tardarán en aparecer. El ruido será cada vez más perturbador, Joe torcerá la boca y de sus ojos saldrá fuego. “Querida, ahora ubícate sobre la rejilla, queremos que la falda de tu vestido vuele como un ave con el impulso del aire, eso, que se vea tu ropa interior, estás bellísima”, te dirá el Billy más animoso que podrás conocer. Los silbidos de los hombres serán cada vez más perturbadores, pero sabrás bien que es el precio de la fama. Cómo calmarlos si eres tú, eres la mujer más exótica y deseada de América, si eres un cordero al que todos quieren acariciar. Tantos mirones te incomodarán pero deberás seguir con la escena. Eso, sonríe, así, sé dulce, sé sensual, sé tú, todos te adoran. Joe echará un vistazo a la multitud con arrogancia, incluso gritará que por qué no se largan a sus respectivas casas. Qué soberbias se verán tus piernas en aquella escena, qué largas, y ni qué decir de tus pies con esos zapatos destalonados, objeto de deseo de los varones menos convencionales. “Ya tenemos la escena, has dado lo máximo de ti”, remata Bill. Tres horas de trabajo te dejarán exhausta. Joe, cada vez más rojo de ira, te pondrá el abrigo y te llevará de la mano hacia al automóvil que los ha esperado durante veinte minutos, luego mirará con desprecio tu vestido blanco marfil, te tomará la mano, pero en sus dedos húmedos podrás sentir toda su animadversión. “Maldita sea, no sé por qué tanta gente tiene que mirarte”, te dirá apretando los dientes. “Deberías escucharte, pareces un enfermo”, responderás.  Al llegar a casa te quitarás los zapatos y Joe te tomará del antebrazo, chillará que no perteneces a esa gente que te mira, sino a él; luego te empujará y caerás al suelo con el corazón a mil, correrás por el pasillo y te encerrarás en el cuarto de invitados. “Maldito vestido”, gritará Joe con los ojos inyectados de una furia animal que notaste al poco de conocerlo, pero que negaste con los primeros ramos de rosas. Llorarás pensando en la que fuiste, en la que podrías ser de seguir junto a él. Gimotearás concluyendo que el drama de la vida supera al del cine. Tu matrimonio lleva sólo unos meses, entonces ¿cómo podría ser después? “Qué extraños los humanos, algunas veces los miro y no me reconozco como parte de ellos”, susurrarás un segundo antes de quedarte dormida. Cuarenta y dos días más tarde, acabarás pidiéndole el divorcio a Joe alegando violencia psicológica y conflicto de carreras. Joe morirá a los ochenta y cuatro años a causa de cáncer de pulmón. Tu vestido blanco quedará bajo llave y cincuenta y siete años más tarde será subastado en más de cinco millones de dólares. Tú, en ocho años, serás hallada desnuda e inconsciente en el dormitorio de tu casa en California. Morirás de una supuesta sobredosis de barbitúricos en el hospital más cercano.

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Sonia Ramón es especialista en creación narrativa y trabaja como asesora literaria desde hace casi doce años. Nació en Bogotá y reside en la misma ciudad. Su novela  Negro, puro y amargo fue finalista en el Premio de Novela Elisa Mújica de Colombia en 2018.  Más en www.soniaramon.com.

Correo: sonia@soniaramon.com

Twitter: sole_rhojo

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