OTOÑO EN TACONES. Autores . Félix Rizo y Mateo Espinoza. Director. Orlando Arias. Teatro Z.

 

OTONO EN TACONESTeatro Z. 8491 NW 17th st. #107 Doral, Fl 33126 . Desde el sábado 30 de julio.

Autores . Félix Rizo y Mateo Espinoza. Director. Orlando Arias. Elenco Salomé Muriel y Luis Acosta. Producción Gatonick

Otoño en tacones  es un homenaje a la vejez. Una manera de memorializar, lo que ya no se puede hacer e “insistes en hacerlo”. Un descubrimiento de ciertos secretos escondidos que al final son mostrados ante una nieta y posteriormente, en el segundo acto, frente a un público enternecido. De hecho son dos obras distintas sobre un mismo tema: el declive del ser humano en su etapa hacia el final. Pero con una mirada concreta de Orlando Arias: el humor y la compasión.

La primera obra hace referencia a la testadurez de un abuelito travestido que muestra a la nieta su frivolidad para vestirse de mujer. De hecho aparece en escena pretendiendo ser Madame Butterfly. Aunque al día siguiente, se le antojará ser Marylin Monroe; eso sí, con sus tacones rojos en ambos disfraces mientras su nieta lo voltea de arrumacos. La segunda obra aborda una “discusión bizantina” sobre la pertenencia o no de una maleta perdida y el dilema que crea en el tiempo interior de una pareja de nonagenarios “¿Vamos o llegamos?” …Al final descubriremos qué esconde Pedro en su equipaje a raíz de la pregunta que le hace María al ver su maleta. “Por cierto Pedro ¿qué talla usas?”.

Si bien tengo algunas observaciones a hacer a la dirección sobre el ritmo de la obra, todo y asumiendo que la lentitud y la ralentización son patrones a esta edad en los personajes, decir que la poética está en todo momento por parte de Orlando bajo la concepción de un teatro “felliniano” que, a pesar de la utilización de la palabra, está muy cerca del mimo o del cine mudo de Buster Keaton. Félix Rizo, en Otoño en tacones, saca un tema polémico pero real de ciertos seres humanos con respecto a su identidad y lo narra con sencillez y dulzura. Y con respecto a la segunda pieza de Mateo Espinoza, lo mismo: nos muestra un retrato caricaturesco de lo que es o puede ser que “ dos memorias perdidas” discutan en un escenario sin lógica aparente por apoderarse de algo que ya se pierde a cierta edad con algunas personas: la razón.

Luís Acosta consigue un trabajo digno en su caracterización bajo la máscara en ambas representaciones y Salomé Muriel en su papel de anciana, una caracterización original y bien trabajada junto a su esposo en una escenografía tan sencilla como un banco de jardín en una residencia para personas de la tercera edad.

Aplaudir a Iván Zavaleta por apostar y abrir una nueva sala (Teatro Z) en esta ciudad en busca de un teatro con aires y tintes de modalidad independiente. No cesen en seguir… el público amante del teatro se lo va a agradecer. ER

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