WELCOME TO 41 BOULEVARD SAINT JACQUES/JULIO HERRERA ZAPATA: WORKS ON PAPER. Jesús Rosado

Julio Herrera Zapata

(Palabras del catálogo)

El tono convocatorio del título de esta muestra puede argumentarse de modo elocuente en aquella conocida frase con que Courbet, en carta escrita a su amigo Champfleury en enero de 1855, intentaba resumir el vuelo alegórico de su célebre pintura L’Atelier du peintre, la cual reproduce magistralmente una escena en su taller. Entre renglones entonces el pintor le enfatizaba a su amigo… es el mundo el que viene a hacerse pintar en mi casa… y con la aseveración dejaba claro para los biógrafos la conexión narcisista que se genera entre el artista y su estudio.

LitoEs en el 41 Boulevard Saint Jacques de París, donde el pensamiento visual de Julio Herrera Zapata (1932-2001) estableció el puente de transición entre la particular manera de percibir el entorno humano y la irrefrenable poética al reproducirla en imágenes. Allí, durante años, Julio fragua un itinerario estético permeable a las últimas tendencias de la época, pero sin renunciar a la concomitancia pertinaz con el legado histórico del arte. Su oficio en el refugio parisiense transcurrió sensible a las derivaciones expresionistas y pop-art que incidieron en el arte gráfico contestatario durante el mayo francés del 68, y a esa obsesión, muy a lo Degas, de incorporar la captura fotográfica como compañera inseparable en las estrategias de la pintura.

El hiperrealismo freudiano que caracteriza el tratamiento de la criatura humana en la obra de Zapata incorporó un nuevo enfoque: la sensación de descongelamiento de la imagen desde la inmovilidad. La crítica española María del Amor González lo atribuye a la influencia del cine, además de la fotografía, en el concepto ideográfico de Zapata. Lo cierto es que se trata de una manera singular de aplicar la fotografía como referencia documental a la hora de recrear las posibilidades del cuerpo humano a través del dibujo que viene a desdecir la pesadumbre de Delaroche cuando tuvo por primera vez una fotografía ante sus ojos. Abrumado por la fidelidad de la imagen, el pintor romántico nunca dejó de afirmar que con el nuevo recurso la pintura había muerto. Herrera Zapata demuestra lo contrario no dejándose asfixiar por el estatismo apresado desde el lente para dotar al ejercicio pictórico de una peculiar dinámica en la representación de la figura mientras persigue la multiplicidad de la expresión gestual o intenta reproducir simulacros de movimiento.

Lito A-29

Nacido en Madrid, el 12 de febrero de 1932, Julio es trasladado por sus padres a La Habana, con apenas siete años de edad. Allí viviría hasta 1953, en que junto a su primera esposa se traslada a New York donde estudió diseño gráfico en Parsons School of Design y Arquitectura y Filosofía en Columbia University.

En 1959, ilusionado por la revolución cubana, se radica nuevamente en La Habana y emprende su primera etapa como artista. Junto con el Doctor Manuel Rodríguez de la Cruz funda el Taller Nacional de Cerámica de Santiago de las Vegas y trabaja como diseñador gráfico. Después de tres años de trayectoria fecunda, donde ya se perfila no solo el dibujante- pintor competente, sino también un consumado ceramista y grabador, es incluido en el primer catálogo de Pintores cubanos, editado en 1962 por el Ministerio de Cultura.

Lito C-39En 1965 viajó a Francia, junto con su segunda esposa, invitado a participar en la Bienal de París de ese año. Escéptico ante el rumbo tomado por lo que hasta entonces había considerado un proyecto social progresista y atribulado por la intervención del gobierno de Castro en la gestión artística, decide radicarse en París definitivamente. Desde entonces su nombre y su obra, como la de otros tantos artistas que decidieron residir en el extranjero, fueron borrados de los archivos del arte en Cuba.

A partir de su residencia en Paris, desde su modesto atelier en Boulevard Saint Jacques, creó piezas que serían exhibidas en numerosas exposiciones personales y colectivas. En 1968 recibió el Primer Premio de la Bienal de Lignano, Italia, con su monumental óleo sobre tela titulado Science au service de l’Homme. Su virtuosismo en las proporciones y el dominio del color se manifestaron con fluidez en esos lienzos de grandes superficies, aunque su consagración como pintor estriba en la Lito A-35capacidad de atrapar mediante la pintura al pastel los volúmenes, la iluminación y las texturas del cuerpo humano. El dominio de esta última técnica le mereció múltiples reconocimientos de la crítica especializada y lo llevó a ser miembro en calidad de Maestro de la prestigiosa Sociedad de Pastelistas Franceses, desde los años 70 del siglo pasado. Sin embargo, en sus dibujos y en las destrezas como grabador es donde se aprecia cabalmente el desempeño riguroso de su pulso ante la figura humana asumida como tarea. Son ejercicios donde la intrincada emocionalidad de Julio se expresa visceral y desde la cual se erigen las terminaciones más sofisticadas de su iconografía.

Estas facetas de Herrera Zapata reseñadas apretadamente, son algunas de las aposentadas en el segundo útero materno que fue su estudio parisino. Un espacio de íntimas epifanías donde convivió con la parafernalia imprescindible a la imaginación y en el cual gravitaba la mística y la filosofía que incorporó durante el paso intenso por la vida. Lo que ahora se intenta compartir sobre los muros es el modo en que, allí en el 41 Boulevard Saint Jacques, las luces y formas provenientes del mundo tenían que pasar por Julio en su travesía hasta el soporte de papel…Esas formas del mundo que, según Courbet, no les queda otra opción que acudir a la morada del artista para hacerse pintar.

©Jesús Rosado West Miami, Marzo 2013

Jesús RosadoJesús Rosado (La Habana, 1957); historiador, crítico, curador y periodista cubano radicado en Miami desde 1996. Graduado de la facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana en 1981. Ha cursado varios posgrados sobre museología. Terminó estudios en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos como asistente de dirección de cine. Es cofundador del Museo Memorial El Hurón Azul (casa del pintor Carlos Enríquez), así como del Museo Máximo Gómez (Quinta de los Molinos), ubicados en La Habana. Fue especialista principal del Museo Ernest Hemingway y del Museo Nacional de Bellas Artes, ambos en Cuba. Es autor de varios textos para catálogos y monografías sobre artistas visuales. Colabora con publicaciones especializadas como ArtNexus, Arte al Día y ArtPulse. Sus trabajos aparecen también en Diario de Cuba,  Encuentro en la Red y Herencia Magazine.

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