Una manera nueva de contar lo que parecía ya estar revelado. Las penitentes, novela de Maira Landa. Arístides Vega Chapú

Las penitentes, novela de la cubana radicada desde hace muchos años en Puerto Rico, Maira Landa,  publicada por País invisible editores, corrió el gran riesgo, por su propósito de llamar la atención sobre ese oscuro y triste período del Holocausto, de que estuviese permeada, por encima de valores literarios, por el panfleto, el lugar común, la repetición de lo nefasto que se conoce y ha quedado testimoniado con creces sobre este período.

 

Es este el reto mayor de tal proyecto y a su vez la posibilidad que brinda a la autora de demostrar su potencial cuando se enfrenta a una obra donde no solo se mezclan ficción e historia, sino que toma como geografía para emplazarla nada menos que un período tan revisitado por autores, tanto de ficción como de investigación histórica.

 

Sale airosa Maira Landa, quien con Las Penitentes, demuestra ser una consolidada y rigurosa narradora con las armas necesarias para contar y hacer interesante para un amplio y diverso público de lectores, la historia que se propuso en esta su nueva novela. Para ello prueba su maestría en las dos vertientes que a mi manera de ver le eran esenciales para enfrentar este proyecto; un amplio y profundo conocimiento de la historia y el dominio de los diferentes recursos narrativos que le permitirían contar una historia que desde sus inicios junta hechos históricos con hechos de pura ficción, personajes históricos con personajes ficticios.

 

Maira Landa  lo logra haciendo creíble y disfrutable una historia que no descarta revelar las pasiones de sus protagonistas y se sostiene, sobre todo, en la emoción de sucesos que marcan definitivamente la vida de más de un personaje de los que aparecen en Las penitentes. Personajes que han sido construidos  con un riguroso trazado sicológico que los hace creíbles aún cuando muchos de ellos actúan desde situaciones extremas.

 

La manera en que se cuentan los hechos de esta novela tiene un trazado sencillo,  pese a que son historias complejas e inesperadas, desgarradoras y dolorosas. Su autora logra una narrativa diáfana, diálogos creíbles y ágiles, descripciones solo en los momentos en que estas aportan, logrando con todo ello que el lector se comprometa desde un principio y le cueste abandonar la lectura.

 

Andrea, una estable y exitosa profesional que vive sola en Roma, pues acaba de fallecer su esposo, recibe por debajo de la puerta de su apartamento un sobre con una carta de una persona que no conoce: Irma Muller, quien le asegura haber sido muy amiga de su mamá, le advierte que en el Geriátrico La Annunziata, en Buenos Aires,  hay una interna austriaca, muy mayor de edad,  nombrada Renata Schulze, que debe contarle sobre Klara, haciéndole saber que esto es muy importante para su vida.

 

¿Quién es la persona que la inquieta con esta advertencia, quién es esta interna austriaca a quien debe buscar en Buenos Aires y quién es Klara, la persona por quien debe averiguar? A partir de estas preguntas  comienza la trama de esta novela, que con jerarquización y una muy lograda dramaturgia irá revelándonos todos estos inquietantes secretos que responden a un pasado desconocido por la protagonista de esta historia.

 

La movilidad de los personajes por lugares como Roma, Buenos Aires, Florencia, San Gimignano, Italia; suma una riqueza más a esa soltura con que se puede leer Las penitentes, así también como las varias sub-tramas derivadas de la historia central,  logran ganar la atención de cualquier lector dispuesto a disfrutar de una historia que ha sido armada y manipulada con audacia  desde la realidad que está expuesta en los muchos testimonios y estudios que existen sobre ese funesto período.

 

Algo que me place destacar como ganancia de esta novela es que el argumento, que descansa en lo ocurrido durante el Holocausto y en sus consecuencias,  por tanto una novela cuya trama regresa constantemente a un período oscuro y cruel, lleno de sucesos muy desagradables y hasta desgarradores, logra convertirse, por la manera en que su autora la ha concebido, en una historia que se asimila con disfrute.

 

La descripción de paisajes; hermosos y diversos, de arquitecturas fascinantes y obras del arte universal, el testimonio de amistades leales y los varios gestos conmovedores de algunos de sus personajes como demostración de que aún la humanidad está en posibilidades de mostrar y ejercer una sensibilidad superior, aligeran el desgarramiento que provoca la historia contada por Maira Landa.

 

Su intención de hacer reflexionar a los lectores de lo irrepetible que debe ser el fascismo,  a través de la enumeración de todo lo que de negativo significó para la humanidad, va de la mano de una historia que aún cuando da lugar primordial a la crueldad de una experiencia humana tan nefasta, es disfrutable como novela que cautiva desde el inicio de la lectura y que atrapa con facilidad a cualquier lector dispuesto a que se le vayan revelando, con una perfecta dramaturgia donde se jerarquiza el suspenso, sucesos que tienen la fascinación de las historias bien contadas.

 

Si algo domina Maira Landa, escritora que ya nos había regalado Concierto para Leah, una novela anterior que descansó sobre este mismo período de la historia; es la manera en que se juntan ficción e historia, de tal modo que uno llega a cuestionarse hasta dónde son los límites de una y de otra.

 

Juega sin dudas la autora con ello y aprovecha la perfección narrativa sobre la que reposa esta mezcla de realidad con ficción para ganar al más atento de los lectores.

© All rights reserved  Arístides Vega Chapú

Arístides Vega Chapú (Santa Clara, 1962). Poeta y narrador. Ha publicado más de diez poemarios. Sus textos han aparecido en varias antologías de Cuba y el extranjero. En el año 2002 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén. Los poemas pertenecen a su más reciente libro El discreto encanto de los oficios ( Editorial Voces de Hoy, Miami, 2013). Reside en Santa Clara, Cuba.

aristides@cenit.cult.cu

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