UN MAL NOMBRE Elena Ferrante Editorial Lumen. Barcelona 2013 Traducción de Celia Filipetto Isicato

Un mal nombre

 

 “ Las novelas de Elena Ferrante me han tenido atado al sillón, leyendo y celebrando unas páginas donde la emoción nunca es banal: el dolor y la alegría de sentirse vivos están ahí para que el lector los haga suyos y todo lo que se dice es necesario, sin que sobre ni falte un solo adjetivo.”

 

                                                                                                                                                                   Juan Marsé

 

Juan Marsé, escritor barcelonés de renombrado prestigio (Premio Cervantes 2008)  nos revela en este texto la clave del éxito de crítica y público de las novelas de Elena Ferrante. El autor de Últimas tardes con Teresa, me ayudó a entender la causa de mi adicción por las obras de un ser misterioso que publica con seudónimo.

Un mal nombre, es la segunda novela  de la tetralogía, Dos amigas, de la que forman parte las obras, La Amiga estupenda, Las deudas del cuerpo y La niña perdida.

No sabemos el nombre real ni el sexo que se esconde tras la autoria de Elena Ferrante y yo creo que es bastante probable que sea una mujer. Quizás me equivoque, pero mi intuición se niega a creer que un hombre sea capaz de relatar la historia de dos amigas construyendo una trama delicada e íntima que no rehúye la realidad cruel de la pobreza en un barrio marginal de Nápoles.

Si finalmente se descubre que el autor pertenece al sexo masculino, sería interesante analizar el papel que las mujeres han tenido en su biografía porque conoce  a la perfección los procesos emocionales de las hembras que residen en países dominados por la cultura occidental.

 Un mal nombre continúa con la historia de las dos amigas, Lila y Lenù cuya infancia está narrada en La amiga estupenda.

 El tema central de la novela  es  la contradictoria relación que las dos amigas tienen en la adolescencia. Lila  vivirá el matrimonio, la maternidad, el maltrato y el amor infiel en una sociedad que coarta la libertad de las mujeres, y Lenù conseguirá un titulo universitario además de publicar su primera novela en un entorno familiar y social que no reconoce la cultura.  A pesar de los desencuentros y la desafección que Lenù siente hacia Lila en algunas ocasiones, subsiste entre ambas una complicidad emocional que mantiene la amistad a lo largo de los años.Ni tan siquiera el hecho de que Lila mantenga una relación amorosa con Nino Sarratore, el chico que ama Lenù, supone una ruptura radical.

Mientras leía la obra evoqué algunos recuerdos de mi adolescencia y recuperé la figura de mi amiga de infancia, Aurorita. Aurora no se parece en absoluto a Lila pero igual que ella se casó muy joven, tuvo hijos y abandonó los estudios. Durante la infancia fuimos inseparables y después la vida nos situó en contextos distintos. Durante unos años le perdí la pista y el verano pasado la recuperé.

El encuentro con la Aurora adulta me confirmó que las amistades infantiles sellan una relación especial y que nuestro inconsciente recuerda los lazos afectivos  que establecimos con la persona.  En mi psique continuaba siendo mi amiga y el tiempo que había transcurrido sin vernos no era relevante porque en décimas de segundo me empezó a explicar su ruptura conyugal.

 Lila y Lenù tienen un código particular de comunicación que es ajeno al resto de personajes de la novela.  Lenù es la persona que narra la historia bajo la sombra de Lila. Cada uno de los personajes tiene una conexión directa o indirecta con Lila. Elena Ferrante construye en torno a las dos amigas  una telaraña de relaciones sociales y humanas que tiene como escenario los barrios más pobres de Nápoles. Los patrones culturales  y la lengua materna condicionan la vida de los personajes. El hecho de hablar en “dialecto” napolitano es un rasgo más de marginación. Lenù alcanza el privilegio de expresarse en “italiano” y lo utiliza para su ascenso social, pero utiliza  su lengua materna para comunicar sus emociones.Elena Ferrante manifiesta en las novelas y entrevistas su descontento con ciertos aspectos de la vida napolitana pero defiende sin embargo que:

             “ Tutto ciò che per me è stato durevolmente significativo ha Napoli per scenario e suona nel suo dialetto.”

(Todo aquello que ha sido significativo para mí tiene a Nápoles  como  escenario y suena en su dialecto)

Subscribo las palabras de Elena Ferrante porque mi escenario vital en la infancia era un barrio pobre, situado en el suburbio de una ciudad. Mi lengua materna estaba impregnada de modismos andaluces, palabras inexistentes en el Diccionario de la Real Academia y palabras traducidas literalmente del catalán al castellano. A veces sin querer utilizo en el lenguaje coloquial expresiones como “no cal engegar la estufa” que traducida al español normativo sería, “no es necesario encender la estufa”.  En la Universidad tuve que prescindir de algunos vocablos de mi lengua materna para no denotar mi origen, igual que hizo  Lenù cuando abandona Nápoles para ir a estudiar a Pisa. Al inicio de este texto, confesaba ser una adicta a las novelas de Elena Ferrante y una prueba de ello es que Nagari ya ha publicado las reseñas de La Amiga estupenda y Los días del abandono. Un Mal nombre será la tercera y es probable que no resista la tentación de reseñar la tetralogía al completo. Los lectores fieles de Elena Ferrante tienen la obligación de visitar Nápoles y disfrutar del caos y la belleza decadente de una ciudad especial.  Yo tuve la oportunidad de visitarla con un “caro amico”  y sentí los pasos  livianos  de las dos amigas en los trotinados adoquines del “quartieri spagnuolo”.

Ángels Martínez

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