SOBRE LOS DÍAS DEL ABANDONO DE ELENA FERRANTE Y LAS FIDELIDADES DE DIANE BRAUSSER. EDICIONES SALAMANDRA

El mes de noviembre no ha sido fiel a la tradición otoñal en Barcelona. Un clima cálido alumbra los puestos en los que se asan castañas y boniatos. La  irrealidad se cuela por las rendijas del inconsciente.

Mi introducción metereológica les puede despistar, pero les aseguro que ha sido un factor clave en la génesis de esta reseña. ¿Quién se atreve a leer dos novelas que tratan  asuntos  tan espinosos como el de la fidelidad o el amor a dos mujeres en un tiempo como éste?

Mi respuesta es obvia: ninguna mujer mediterránea y con cierta madurez intelectual,  se enfrenta a este tema en una estación gélida que celebra festejos navideños protagonizados por parejas ñoñas y felices. Este pequeño estío que nos ha dado el mes  y el propio azar, me condujeron a dos novelas que tratan la fidelidad y el amor dual, desde el punto de vista de una mujer y un hombre respectivamente.

Leí en primer lugar, Los días del abandono, escrita por Elena Ferrante. La obra narra en primera persona lo que siente Olga, tras ser abandonada por su marido. A continuación, me sumergí en Las Fidelidades, obra novel de Diane Brasseur que analiza las vivencias cotidianas de un hombre que ama a dos mujeres. La lectura encadenada provocó cierta confusión mental: la ficción literaria se mezcló con mi vida privada. La irrupción imprevista de personajes “animados” en la trama de ambas novelas no tuvo un efecto nocivo; al revés, me ayudó a valorar el grado de verosimilitud que las dos autoras habían conseguido en la construcción de sus personajes.

Mientras leía, Los días del abandono,  me identifiqué con el dolor de Olga por sentirse engañada y traicionada por un hombre que la deja por una mujer más joven. La pérdida de autoestima, las comparaciones “odiosas” con la otra, y la falta de identidad personal, son sentimientos con los que una mujer educada desde el patrón de la monogamia puede entender fácilmente. El hecho de que Olga se convirtiera en mi alter ego en algunos capítulos… era inevitable. Aventuro que a muchas lectoras, les haya podido suceder lo mismo al vivir experiencias similares.  En cierto sentido,  podría decir que, la novela de Elena Ferrante, fue muy útil para exorcizar ciertos recuerdos personales y también me permitió constatar la excelencia literaria de  esta misteriosa autora  que guarda celosamente su sexo y su nombre real en el anonimato. En Nagari publiqué una reseña de La amiga estupenda escrita por  la misma escritora;  un relato maravilloso que inicia una trilogía a la que siguen: Un mal nombre y La niña perdida. Tres obras de obligada lectura que no pueden perderse.

Las primeras páginas de Las Fidelidades prometía una historia interesante que se quebró gracias a una perversa identificación que ensombreció mi lectura: establecí un paralelismo entre el protagonista masculino de la novela  y el hombre de carne y hueso que habita en mi vida. Les confieso que tuve que hacer un esfuerzo considerable  para sacrificar al ser humano real y centrarme en el personaje de ficción. Una vez recuperada la objetividad literaria, fui capaz de vislumbrar que el libro de Diane Brasseur, era una obra novel de lectura fácil y amena que no conseguía hacer creíble a los personajes femeninos. El protagonista narra el amor que siente por dos mujeres que ejercen  el rol  de la esposa y de la amante en el sentido más tradicional. El estereotipo  del señor casado que se enamora de una mujer joven y lozana es el punto de partida de una narración en la que el protagonista trata de describir lo que siente y también lo que sienten las mujeres  que ama. La construcción de los personajes femeninos es el punto flaco del libro porque carece de singularidad; ninguna de las dos, sale del patrón costumbrista que todos conocemos. Si pudiera entablar una conversación con Diane Brasseur, le preguntaría si… el personaje de la esposa y la amante, reflejan el estereotipo que, algunos hombres educados en culturas patriarcales, tienen sobre las mujeres. La valentía de la autora y la originalidad de su novela residen en la ausencia de juicios de valor moral.El protagonista alude al descontento que le provoca el hecho de engañar a las dos mujeres, pero también describe de manera natural, que no puede prescindir de ninguna.

Si disponen de tiempo y no están atravesando ninguna turbulencia sentimental les recomiendo la lectura de las dos novelas en el orden y estación climática que deseen. Si tienen pareja única, múltiple, o si practican la monogamia, el poliamor o las relaciones abiertas, les sugiero que provoquen una conversación sobre los temas aludidos en ambas novelas. Si lo hacen, comprobaran que los seres humanos afrontamos las relaciones amorosas desde procesos emocionales distintos y que, en muchas ocasiones, están mediatizados por la cultura, la educación recibida en la sociedad, o las propias experiencias vitales.

Abordar estos contenidos con los seres que amas, exige generosidad, respeto, y también un análisis limpio de nuestras emociones. Espero que mi hombre, acepte que sentir y razonar pueden ser procesos antagónicos. Si bien expreso mi desazón, por no tener la valentía suficiente para afrontar nuevas experiencias de este tipo en mi vida.

 

Ángels Martínez

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